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Opiniones

Pares y nones para la circulación vial

Lic. Luis Ma. Ruiz Pou

Cada día, al salir a las calles de Santo Domingo, el ciudadano se enfrenta a una ruleta rusa disfrazada de tránsito. Los semáforos parecen campos de batalla, las esquinas se convierten en tableros de azar donde la vida se juega a pares o nones. El caos vehicular, necesita de seguridad, para buscar reducir incidentes viales y proteger a la población para reforzar el control vehicular. El cqaos vehicular, es una enfermedad crónica que corroe la convivencia, la economía y la seguridad de la nación.

La Ley 63-17, promulgada el 24 de febrero de 2017, nació con la promesa de regular la movilidad, el transporte terrestre y la seguridad vial, colocando al INTRANT como órgano rector. Sin embargo, la letra de la ley se ha quedado atrapada en el papel, mientras la realidad se desborda en las calles. La educación vial, concebida como herramienta indispensable para discernir entre buenas y malas prácticas, sigue siendo un proyecto pendiente. Y sin educación, la ley se convierte en un código mudo, incapaz de frenar la temeridad de quienes conducen como si la vía pública fuera propiedad privada.

El tránsito, más que un servicio, se ha transformado en un obstáculo para la ciudadanía. La sobrepoblación de vehículos de motor, sumada a la falta de civismo, ha convertido cada kilómetro cuadrado de la isla en un embudo de metal. El parque vehicular crece sin freno, y con él, el costo de la vida: horas perdidas, combustible malgastado, estrés acumulado y peatones condenados a esquivar aceras invadidas. La movilidad, que debería ser un derecho, se ha vuelto un privilegio reservado para quienes logran sobrevivir al desorden.

El Listín Diario, en su editorial del 18 de enero, recogió la propuesta de que los conductores viajen acompañados para optimizar el uso de combustible y reducir la congestión. Milton Morrison, director del INTRANT, la consideró correcta; William Pérez Figuereo, presidente de la CNTU, la apoyó. Sin embargo, la realidad es menos dócil que la teoría: no todos los destinos coinciden, no todas las rutas se cruzan. Pretender que el acompañamiento espontáneo resuelva el caos es como pedirle a la suerte que organice el tránsito.

La CNTU, más que promover fórmulas idealistas, debería empezar por exigir a sus miembros que abandonen la conducción temeraria. Las guaguas voladoras, con sus giros de pastelito y su carrera por robar pasajeros, son una amenaza diaria que convierte la vía en un escenario de riesgo permanente. A esos infractores no basta con multarlos: deben ser enviados a la Escuela de Educación Vial, porque la sanción sin formación es castigo estéril.

México, a través de programas como el de «Hoy No Circula» y nuevas regulaciones viales, busca reducir el tráfico y la contaminación mediante la restricción vehicular por terminación de placa, reforzada con multas y el retiro temporal de placas, además de implementar mejoras en infraestructura y tecnología de semáforos inteligentes para optimizar flujos y fomentar la seguridad vial y el transporte limpio, como se ve en iniciativas estatales recientes.

La verdadera solución exige disciplina colectiva. La circulación por pares y nones, es una medida simple, pero de impacto inmediato. Vehículos con placas terminadas en números pares circulan ciertos días; los de números impares, otros. Se exceptúan ambulancias, bomberos, vehículos oficiales y diplomáticos. El resultado es contundente: reducción del tráfico en un 50%, mejora de la movilidad, ahorro de combustible y, sobre todo, protección del peatón. No es magia, es matemática aplicada a la convivencia.

Reducir el tráfico en un 50% no es un sueño, es una decisión. Apostar por la ley no es capricho, es supervivencia. El azar de las placas puede devolvernos el orden perdido. La disyuntiva está planteada: ¿seguiremos apostando al caos o nos atreveremos a jugar, por fin, a favor de la convivencia?

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