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Opiniones

El cambio viene con over drive

Lic. Luis Ma. Ruiz Pou 

 

Para este año, el presidente Luis Abinader prometió que el cambio venía en overdrive: una velocidad superior, una marcha extra, una administración capaz de avanzar sin titubeos hacia un país más eficiente, más transparente y más moderno. Era una promesa ambiciosa, casi mecánica: el tren del Estado iba a correr como nunca.

Aparentemente, los cambios (over drive) del presidente Luis Abinader,  vienen por encima de lo normal, a toda capacidad. Esto indica que los cambios de la transmisión del tren administrativo, estárán funcionando de manera automática y sincronizada a plena capacidad para llegar al destino planificado sin ningún obstaculos en la vía.

El año pasado, el tren del progreso corría a marcha lenta y con dificultades, lo que  provocaba redución en las revoluciones del motor en carretera hacia el objetivo trazado, para lograr los cambios necesarios; y es que, el conductdor principal tenía unos auxiliares que, aparentemente eran novatos para conducir el tren del desarrollo, lo que impedía su avance.

Pero la realidad del primer mandato fue menos glamorosa. El tren del progreso avanzaba con la lentitud de una locomotora cansada, jadeante, que subía la cuesta del desarrollo con más ruido que impulso. Las revoluciones del motor caían, la transmisión se trababa y el viaje hacia las reformas prometidas, parecía más un simulacro que un desplazamiento real.

La causa no estaba en las vías ni en el combustible. Estaba en la cabina. El conductor principal estaba rodeado de auxiliares que parecían recién graduados de una escuela de conducción teórica: mucho entusiasmo, poca pericia. Cada decisión era un frenazo; cada improvisación, un descarrilamiento en miniatura. El tren no avanzaba porque quienes debían manejarlo no sabían leer el tablero. Y entonces llegó el segundo mandato.

Apenas iniciado el año, el presidente comenzó a sustituir a varios de esos auxiliares. Los cambios en el tren gubernamental —presentados como ajustes naturales— son, en realidad, una admisión silenciosa de que la primera tripulación no estaba preparada para conducir el tren del cambio. Si el overdrive no entró antes, no fue por falta de voluntad política, sino por falta de manos competentes. Ahora, con nuevos operadores en la cabina, el gobierno intenta recuperar la velocidad perdida.

El mensaje implícito es contundente: En los primeros días del año, el presidente Luis Abinader anunció una “nueva etapa” de su gestión. Para que el cambio avance, primero había que cambiar a quienes impedían que la locomotora avanzara. Realizó varios movimientos importantes en el tren gubernamental. Algunos cambios relevantes se encuentran: Jorge Subero Isa, Consultor Jurídico del Poder Ejecutivo; Antoliano Peralta Romero, Ministro de Justicia; Francisco Oliverio Espaillat Bencosme, Ministro de Agricultura; Gloria Reyes Gómez, ministra de la Mujer.

Es una ironía perfecta, casi poética: el cambio prometido dependía, al final, de cambiar a los que nunca entendieron cómo se cambia. Ahora que el presidente ha renovado a los sincrónicos de la transmisión, el tren del cambio tiene una nueva oportunidad de tomar velocidad. Pero este segundo intento deja una lección silenciosa: ningún proyecto de transformación avanza si quienes deben ejecutarlo no dominan la maquinaria del Estado. El gobierno, junto con su equipo de técnicos y administradores, saben que tienen la responsabilidad de dirigir los asuntos públicos y resolverlos.

El país observa con cautela. Porque si el overdrive finalmente funciona, quedará claro que el problema siempre estuvo en la tripulación. Y si no funciona, entonces la reflexión será inevitable: quizá el desafío no era solo cambiar a los operadores, sino revisar el mapa completo del viaje.

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