
El fenómeno político de David Collado
Por Milton Olivo
La confianza es uno de los bienes más valiosos de la vida pública. Se construye cuando la ciudadanía percibe que sus autoridades trabajan, cuidan los recursos y producen resultados. A mi juicio, esa relación entre gestión y confianza ayuda a comprender lo que representa David Collado en la política dominicana.
Su trayectoria por el Congreso Nacional, la Alcaldía del Distrito Nacional y el Ministerio de Turismo permite apreciar una continuidad: el interés por impulsar oportunidades económicas y la capacidad de organizar esfuerzos para llevar iniciativas a la práctica.
Como diputado, impulsó junto con Alberto Atallah el proyecto que dio origen a la Ley núm. 688-16 de Emprendimiento, orientada a fomentar la creación y formalización de empresas. Es una contribución que merece reconocimiento porque toca una necesidad fundamental del país: facilitar que las personas conviertan sus conocimientos, sus ideas y su voluntad de trabajar en actividades productivas.
Para quienes creemos en una República Dominicana con mayores oportunidades, apoyar el emprendimiento significa abrir caminos hacia la independencia económica. Una pequeña empresa puede transformar el destino de una familia y, al crecer, ofrecer oportunidades a otras.
En la Alcaldía del Distrito Nacional, su gestión destacó por la recuperación de parques y espacios públicos, la iluminación y las intervenciones en el drenaje pluvial. Estas actuaciones tienen un significado que trasciende la obra física. Un parque recuperado devuelve a las familias un lugar para convivir; un espacio cuidado transmite respeto por quienes lo utilizan. La ciudad influye en nuestra manera de vivir y en la relación que construimos con los demás.
También resulta valioso el acompañamiento del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo a su administración municipal mediante mecanismos de apoyo a las compras, las contrataciones y el fortalecimiento institucional. La transparencia cobra sentido cuando existen procedimientos para supervisar, verificar y rendir cuentas. Esos esfuerzos deben reconocerse y consolidarse como prácticas permanentes del servicio público.
Al frente del Ministerio de Turismo, Collado ha encabezado una etapa de importantes resultados. Según las cifras publicadas por ese ministerio, la República Dominicana recibió más de 11.6 millones de visitantes en 2025. Este desempeño permite valorar su capacidad de gestión, dentro de un esfuerzo compartido con el Gobierno del presidente Luis Abinader, los empresarios, los trabajadores y las comunidades vinculadas al sector.
El liderazgo también se demuestra al reunir voluntades. Coordinar instituciones, generar confianza y mantener objetivos comunes son capacidades necesarias para que una política pública produzca resultados sostenidos.
Desde mi visión de una Quisqueya Potencia, valoro especialmente la capacidad de convertir nuestras riquezas en oportunidades. El desafío es que el éxito turístico impulse también al agricultor, al emprendedor y a las comunidades, ampliando la producción nacional y el bienestar de las familias.
Cada visitante representa una oportunidad para que nuestros campos abastezcan más alimentos, nuestros talleres elaboren más productos y nuestros jóvenes encuentren espacios para desarrollar su talento. Fortalecer esos vínculos requiere facilitar el acceso de los productores nacionales al mercado turístico, elevar la calidad de su oferta y acompañarlos con capacitación y financiamiento.
La medida más profunda del desarrollo será cuánto bienestar llegue a los hogares dominicanos. Las cifras adquieren sentido humano cuando se traducen en empleos dignos, empresas sostenibles y comunidades con posibilidades de progresar.
Por eso considero que el fenómeno político de David Collado merece una reflexión que vaya más allá de la popularidad. Su trayectoria ofrece razones para reconocer el valor de la eficiencia, el emprendimiento y la cooperación en la gestión pública. También invita a elevar nuestras expectativas sobre lo que debemos exigir a quienes asumen responsabilidades de gobierno.
Reconocer una buena gestión contribuye a fortalecer una cultura ciudadana que valora el trabajo y los resultados. Esa es la perspectiva desde la cual expreso mi valoración: la de un dominicano convencido de que nuestro país posee el talento y los recursos para alcanzar mayores niveles de bienestar.
El liderazgo deja una huella duradera cuando convierte la confianza de la gente en oportunidades para su futuro.
El autor es escritor, novelista y activista social por una Quisqueya Potencia.



