- Publicidad -
Opiniones

¿Es Donald Trump una especie de Leviatán?

Lic. Luis Ma. Ruiz Pou

El Leviatán es una figura simbólica y mítica cuyo significado varía según el contexto bíblico, cultural, filosófico y político. En general, representa el caos, el mal, el poder descomunal o la autoridad absoluta. Puede simbolizar la fuerza caótica de la naturaleza, enemigos formidables del pueblo de Dios o, en la lectura de Thomas Hobbes, el poder absoluto del Estado, necesario —según él— para mantener el orden.

Diversos analistas sostienen que el presidente de Estados Unidos, Donald J. Trump, por el carácter desmedido de algunas de sus actuaciones, está proyectando la imagen de un Leviatán moderno. Desde el inicio de su segundo mandato, manifestó públicamente la idea de que Canadá debería convertirse en un estado más de la Unión, así como que el Canal de Panamá tendría que volver a estar bajo administración estadounidense. También expresó su interés en comprar la isla de Groenlandia y amenazó a México con una intervención militar para combatir el narcotráfico, especialmente el tráfico de fentanilo.

Bajo acusaciones de narcotráfico y terrorismo, ordenó una intervención militar en Venezuela que culminó con la captura de Nicolás Maduro Moro, considerado por algunos como presidente de facto. Inmediatamente después, anunció que los bienes venezolanos quedarían bajo fideicomiso hasta que se normalizara la situación política y se produjera la salida total del madurismo. Las protestas internacionales no se hicieron esperar: desde América Latina hasta la mayoría de los países europeos se alzaron voces de rechazo.

Trump, actuando como si Estados Unidos fuera un Estado autoritario con un poder inmenso e incontrolable, ha sido señalado por críticos y juristas por vulnerar principios constitucionales y por desafiar el derecho internacional, que establece que “ningún Estado tiene derecho a intervenir, directa o indirectamente, en los asuntos internos o externos de otro pueblo o país”. Trump, ha asegurado que su país podría gobernar Venezuela y extraer petróleo.

Con su estilo de gobierno, afirman diversos observadores, ha sumido a Estados Unidos en una crisis sin precedentes: quiebra de empresas agrícolas, caída del turismo, aumento de la inflación y depreciación del dólar en los mercados internacionales, lo que ha generado desconfianza en su moneda. A esto se suma el distanciamiento de aliados tradicionales, agravado por sus reiteradas amenazas de adquirir “como sea” Groenlandia, territorio perteneciente a Dinamarca, miembro de la OTAN. Para muchos, estas acciones evocan prácticas de presión y unilateralismo asociadas históricamente a la Doctrina Monroe y a la llamada “política del garrote”.

Lo que está en juego no es la figura de un líder, sino el precedente que deja. Porque cada vez que un Estado poderoso cruza fronteras legales o políticas sin consecuencias, el mundo aprende que el Leviatán puede despertar. Y cuando despierta, no devora solo a sus adversarios: devora el orden que nos protege a todos.

Defender el derecho internacional y la institucionalidad democrática no es un ejercicio académico. Es un acto de supervivencia colectiva. Porque cuando el poder se desborda, cuando la ley se vuelve maleable y cuando la voluntad de uno pretende imponerse sobre la de todos, el Leviatán deja de ser metáfora y se convierte en práctica política.

La historia enseña que los monstruos políticos no nacen del caos: nacen de la tolerancia al caos. Y cuando la ciudadanía, las instituciones y la comunidad internacional aceptan que el poder se desborde, el Leviatán deja de ser metáfora y se convierte en destino. Ese destino es, la dolarización de Venezuela.

Visited 35 times, 1 visit(s) today
- Publicidad -

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Botón volver arriba

Estas usando un bloqueador de anuncios!

Desactiva tu bloqueador de anuncios para poder leer nuestras informaciones. Gracias de antemano!