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JULITO FULCAR ENCARNACIÓN

Por: Félix J. Cristiá Martínez
Director Ejecutivo
Iniciativa Civil de Cooperación para la Innovación y el Desarrollo (ICCID)

En esta ocasión asumo con gran orgullo y como un privilegio reconocer la trayectoria de un
gran ser humano que ha dedicado toda su vida a cuatro estandartes que son a la vez
factores de desarrollo económico social y comunitario, de progreso social y reivindicación de
los derechos de aquellos que luchan por una mejor sociedad y calidad de vida.
Esos estandartes son sin duda alguna (1) el magisterio que es una vocación que contrajo por
el futuro de las nuevas generaciones de la República Dominicana, (2) el cooperativismo que
da significado a la democracia y la justicia social, (3) la sociedad civil que es base de la
cohesión social y de alianzas estratégicas para avanzar por el camino hacia el buen vivir y el
bienestar popular, y (4) el servicio público desde donde ha podido colaborar a un orden
público equitativo e igualitario.
Me refiero a Julito Fulcar Encarnación, a quien conocí hace más de tres décadas en las lides
cooperativistas, en el gremio magisterial y en su involucramiento comunitario. Nos tocó
compartir anhelos por la justicia y la democracia económica desde nuestras posiciones
cooperativistas y de la sociedad civil.
Siempre fiel a su organización de base la Cooperativa Nacional de Servicios Múltiples de los
Maestros de la República Dominicana (COOPNAMA), ocupó posiciones dirigenciales, incluso
su presidencia. Su acción certera fue determinante para que dicha organización para la
superación económica y financiera de los maestros, se transformara al cabo de los tiempos
en la potente organización de servicio que es hoy día.
Para compartir su esfuerzo y experiencias, asumió la presidencia de una institución de
integración, en aquel entonces débil y con escasa incidencia nacional, que se convirtió en
una organización de gran conciencia social e instrumento para la promoción del desarrollo
del país, como es el Consejo Nacional de Cooperativas (Conacoop), reconocida hoy como un
gran instrumento al servicio de la cohesión social en el campo de la economía social y
solidaria.
En la Confederación de Cooperativas del Caribe y Centroamérica (CCC-CA) asumió su
presidencia por unanimidad en dos periodos y timoneó uno de sus mejores momentos
gracias a su visión y compromiso, siendo una de sus fases el desarrollo del pensamiento
crítico y, con nuestro apoyo personal e institucional desde la Dirección Ejecutiva,
promoviendo múltiples proyectos de cooperación externa para beneficio directo de
cooperativas de base, especialmente de producción, servicios y autogestionarias. Para la
cooperación externa es fundamental la confianza en la buena conducción, honestidad y
resultados, por lo que el éxito fue evidente, recordándose aún los proyectos ejecutados y la
camaradería lograda.

El respeto que le ganó su trabajo lo llevó a ser elegido Presidente de la Sociedad Civil de la
República Dominicana dentro del Consejo Consultivo del Sistema de la Integración
Centroamericana (SICA), del que formé parte, siendo posible una amplia colaboración.

 

Me embargó una emoción especial por su elección como diputado al Congreso de la
República Dominicana y luego como senador, a sabiendas que desde esa trinchera
continuaría su esfuerzo por las grandes mayorías. No nos defraudó.
Su libro Mi pensamiento cooperativista denota su interés de maestro, de compartir
conocimiento y de apoyar la investigación, temas que han venido a muy de menos en este
mundo digital en el que algunos piensan que todo está dicho y escrito. Su experiencia nunca
la guardó para sí, sino que la usó para orientar el liderazgo de un movimiento social
transformador como es el cooperativismo, basado en el potencial humano, la educación y
sus principios y valores.
Como testigo de una generación de luchadores sociales mediante el modelo cooperativo, su
visión de líder ha servido de formación a quienes puedan seguir su ejemplo de ser humano
que apostó a la construcción de una sociedad justa y solidaria, por vía de este poderoso
instrumento de pasado, presente y futuro que plantea sin dudas la posibilidad y capacidad de
transformación económica y social a través de la participación y la democracia.
Siempre proyecta aliento y optimismo, convencido que esa gran cantera de miembros que
existe en las cooperativas es una fuerza que bien dirigida por un pensamiento crítico y
prospectivo genera democracia económica, calidad de vida y buen vivir para millones de
personas y sus comunidades.
Su visión es que, a través de la cooperación, el productor y el consumidor generen la riqueza
para su redistribución entre las mismas personas para el bienestar individual y colectivo. Muy
acertada su apreciación en determinado momento de que “el cooperativismo es la forma de
cooperación ordenada de fines concretos”, entendiéndolos en una “concepción filosófica,
valores y principios… que convierte a sus miembros en propulsores de su propio destino”.
Así asumió y difundió el conocimiento sensible sobre la percepción, vital para quienes
realizan acción socio-económica en las comunidades, en cercanía con la gente y por el
desarrollo sostenible. Resulta central en dicha percepción el concepto de asociación de
personas y no de capitales, médula del quehacer cooperativista, la diferencia fundamental
con las empresas lucrativas, entidades benéficas e instituciones públicas. Al asumir la
solidaridad y la ayuda mutua como elementos vitales de su acción, lo hace en forma
dinámica, ajustándose muy bien a los pragmatismos del presente.
El cambio permanente nos obliga a ajustar pensamientos, raciocinios y conductas para no
quedar desfasados, con el riesgo de vivir en el pasado. Por eso Julito llama la atención a
resistir la tentación individualista excusada en una falsa agilidad que se convierta en una
trampa para el futuro.
El éxito en ocasiones hace que se allegue la envidia, y aún algunos que se han beneficiado
de una noble y transparente gestión, no perdonen y pretendan olvidar lo trabajado y logrado.

Eso especialmente cuando afloran intereses mezquinos y politiqueros que, por otro lado, no
tienen eco porque, como dijo Don Quijote: “ladran los perros, Sancho, ladran porque
avanzamos”.

 

Seguiremos avanzando por sendas de justicia y de progreso, con la economía social y la
democracia económica por banderas, con el convencimiento que Julito Fulcar Encarnación
cuenta con el apoyo firme y decidido de su pueblo y de todo el movimiento cooperativo, tanto
local, como nacional, regional e internacional. A pesar que le duela a los hipócritas.
Ahí nos veremos y encontraremos, en las trincheras de la sociedad civil y del cooperativismo,
luchando juntos por las justas causas y promoviendo la solidaridad y la decencia.

Junio de 2026

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