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18 de febrero de 1855: España reconoce independencia dominicana

Lucy Arraya
El 18 de febrero de 1855, República Dominicana es reconocida como Estado independiente y
soberano por el Reino de España, mediante la firma del Tratado de Reconocimiento, Paz,
Amistad, Comercio, Navegación y Extradición entre ambos Estados. En representación del país
firmó Rafael María Baralt Pérez (1810-1860), reconocido filósofo, historiador, periodista y
filólogo, quien nació en la tierra de Simón Bolívar, pero era hijo de la dominicana Ana Francisca
Pérez. Baralt hizo todas las gestiones y negociaciones en Madrid que le había recomendado el
patricio Matías Ramón Mella, en ocasión de su misión a España en 1853, para lograr dicho
reconocimiento.
La concertación del referido tratado se debió por un lado a los intereses de España en el Caribe,
que habían cambiado como consecuencia de la presencia estadounidense en la región y en el
país, y a las continuas amenazas de las invasiones haitianas. El mismo constituyó el sexto
tratado de reconocimiento que el Estado dominicano firmaba desde su surgimiento, significando
dicha firma un paso de avance en la tan anhelada búsqueda de reconocimiento que caracterizó la
historia de la Primera República. Para España, representó una consolidación de su presencia en la
región caribeña, donde solo le quedaba a Cuba y Puerto Rico. Cabe señalar, que desde el 9 de
febrero de 1822, los fuertes lazos de España con esta parte de la isla, estuvieron distantes y
gélidos, por lo que la firma del tratado dominico-español permitió una oportunidad para reanudar
los vínculos con su excolonia y fortalecer su hegemonía frente a las potencias rivales.
En materia de geopolítica, el tratado fue tan importante para España, que luego de la ratificación,
la Corona española procedió a enviar sendas notas diplomáticas de notificación de la Real Orden
Circular, mediante la cual el señor ministro de Estado comunicaba a las legaciones y consulados
de España, la entrada en vigor del Tratado de reconocimiento. Según las informaciones
disponibles en el Archivo Histórico Nacional de Madrid, fue el más circulado, lo cual refleja la
dimensión de la política exterior española a nivel mundial y el mecanismo de comunicación que
tenía España con sus representaciones en el exterior y excolonias.
Valga resaltar, que en cuanto al instrumento internacional suscrito, España había adoptado desde
inicios del siglo XIX, cuando comenzó el proceso de emancipación de los pueblos de América,
unos formatos en la redacción y negociación de los tratados de reconocimientos en ánimo de
mantener la cultura, religión e idioma español. De acuerdo con Almudena Delgado Larios
(2009), esos tratados seguían un estilo, forma y temas similares con los nuevos nacientes
naciones, estableciendo temas relacionados a: reconocimiento, nacionalidad, súbditos españoles,
asuntos religiosos, militares, de comercio y navegación, entre otros.
Sin embargo, y como sostuvo José Gabriel García (1968), el tratado firmado con República
Dominicana tuvo sus diferencias, pues, fue el más extenso, contenía 47 artículos y la negociación
se llevó a cabo en solo 44 días. Asimismo, fue ratificado por el Gobierno de Pedro Santana y
Familias el 9 de mayo y el 2 de agosto por la Reina Isabel II, efectuándose el canje de
ratificaciones el 19 de agosto de ese mismo año.

La puesta en ejecución del Tratado Dominico-Español, conllevó la designación de representantes
diplomáticos, por lo que el plenipotenciario dominicano en Madrid, Rafael María Baralt,
recomendó a su conocido amigo y compañero de la Real Academia Española (RAE), Antonio
María Segovia e Izquierdo (1808-1874), quien fue nombrado como Cónsul General y Encargado
de negocios en Santo Domingo el 21 de julio de 1855, con el sueldo de 60.000 reales. Llegó al
país el el 27 de diciembre de 1855, luego de un viaje largo y penoso como él mismo relata en el
informe diplomático de su llegada. Su misión principal en ese momento era el de comunicar al
Gobierno dominicano el reconocimiento de la independencia de República Dominicana por parte
de la corona de España, y de hacer entrega del Tratado Dominico-Español debidamente
ratificado. Asimismo, tenía por instrucciones, condecorar al presidente Pedro Santana Familias
con la Orden Gran Cruz Isabel la Católica.
A pesar del espíritu del tratado y de las bondades que representó para ambos Estados en sus
relaciones bilaterales, la implementación del mismo trajo consigo malas interpretaciones y
malestares políticos a nivel nacional e internacional, pues, las acciones del cónsul Segovia
Izquierdo en el país, a partir del tratado en cuestión, fueron como se ha señala en la historiografía
dominicana: intensas e intervencionistas, y en un breve tiempo de su gestión en Santo Domingo,
marcó un periodo de la historia dominicana.

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