
¿Seguir al líder con autismo político o a la ley?
Por: Luis Ma. Ruiz Pou
En la historia política contemporánea, el dilema entre obedecer a un líder carismático y someterse al imperio de la ley ha marcado el destino de naciones enteras. La figura del gobernante que exige fidelidad absoluta, incluso por encima de las normas jurídicas, se repite como un patrón que erosiona la institucionalidad y convierte la democracia en rehén de voluntades personales.
El concepto de “autismo político” —una metáfora que describe la desconexión de ciertos líderes con la realidad social— resulta útil para entender este fenómeno. No se trata de una condición clínica, sino de una actitud de aislamiento: incapacidad de escuchar, de empatizar, de reconocer límites. El líder se encierra en su propio relato, exige obediencia ciega y desprecia la institucionalidad, como si el Estado fuese una extensión de su ego.
Estas caractéricitacas, puede se aplicada al presidente de Estados Unidos, Donald J, Trump. Por su compartamiento errático en la conducción de la política impuesta por Washintong. de que sus funcionarios deben de ejecutara al pie de la letra sus ordenes; sin importar si se vioalan leyes, reglamentos o la propia constitución. El que no la cumple, lo tilda de cobarde o le espide por su plataforma “Truth Social”.Es una persona percibe el mundo a su manera. Le gusta relacionarse socialmente.
Mientras Trump proyecta una imagen de fortaleza, logradas sin consiutar a sus asesores, actuando sin autorización del congreso; encuestas y analistas señalan que gran parte de la población estadounidense (más del 60%) percibe su comportamiento como «errático», intensificado por sus decisiones en política exterior.
Analistas como Steven Levitsky de Harvard describen sus acciones como el «mayor asalto a las instituciones democráticas» en la historia moderna de EE.UU. Otros han interpretado la realidad política, en el segundo mandato de Donald Trump, es percibida drásticamente opuestas, mostrando una brecha significativa entre su narrativa y la de sus críticos.
Queda demostrado, que la crisis del Golfo Pérsico, iniciada por EUA, el 28 de febrero, que provocó el cierre por parte de Irán en su zona de influencia del Estrecho de Ormuz y el bloqueo de EUA, impiendo la continucaión de los barcos que atravezaron el estreco, ya no se trata de pólitica, es de orgullo entre las partes.
Cuando la política se convierte en un ejercicio de culto a la personalidad, las instituciones dejan de ser contrapeso y se transforman en instrumentos de propaganda. Los funcionarios son elegidos no por su capacidad, sino por su lealtad; las decisiones se toman no por su legalidad, sino por su conveniencia. El resultado es un gobierno que opera en paralelo a la Constitución, imponiendo órdenes que pueden vulnerar derechos y socavar la convivencia democrática.
La pregunta de fondo es inevitable: ¿seguimos al líder o seguimos a la ley? La primera opción conduce al riesgo de arbitrariedad, a la concentración del poder y a la fragilidad institucional. La segunda, aunque más lenta y menos espectacular, garantiza que las reglas de juego no dependan de caprichos individuales, sino de principios compartidos que protegen a todos.
Cada vez que una sociedad decide rendirse ante el “autismo político” de un líder, renuncia a la brújula de la legalidad y se expone al naufragio institucional. La democracia no se sostiene en la obediencia personal, sino en el respeto a las normas. Y cuando estas se convierten en papel mojado, el ciudadano se convierte en víctima y el Estado en botín.



