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Opiniones

La Nueva Cruz de Mendoza y la memoria de quienes lucharon por la libertad

La renovación del monumento de la Cruz de Mendoza, en la intersección de la calle Mendoza con la carretera Mella, merece reconocimiento por devolver visibilidad a una memoria que Santo Domingo Este debe preservar. La obra inaugurada por el alcalde Dío Astacio convierte un lugar de tránsito cotidiano en una oportunidad para conocer nuestra historia y reflexionar sobre el valor de la libertad.

La cruz entre dos manos en posición de oración ofrece una imagen de profundo significado. Podemos ver en ella un homenaje a quienes sufrieron y murieron al desafiar la esclavitud, así como una invitación a las nuevas generaciones a comprender que los derechos de los que hoy disfrutan fueron conquistados mediante largos y dolorosos esfuerzos.

Para los jóvenes que buscan un propósito, este monumento puede ofrecer una pregunta: ¿cómo honrar, con nuestra manera de vivir, a quienes lucharon para que nadie tuviera que existir como propiedad de otro?

La respuesta puede comenzar con el estudio, el trabajo honrado, la solidaridad y la participación en las causas de la comunidad. Cuidar la propia vida y respetar la ajena también es una forma de honrar a quienes vieron negada su dignidad.

En 1812, durante el período conocido como España Boba, se produjo el movimiento de Mendoza y Mojarra. La historiadora Quisqueya Lora Hugi explica que sus participantes invocaron una libertad que creían reconocida por las Cortes y que aspiraban a vincularse con Haití. La Constitución de Cádiz, sin embargo, no abolió la esclavitud y mantuvo restricciones de ciudadanía para las personas de ascendencia africana. Las expectativas de libertad chocaron con la persistencia del orden esclavista.

La memoria local asocia la Cruz de Mendoza con Pedro de Seda, uno de los ejecutados por aquella rebelión. Recordarlo permite acercarnos a la experiencia de seres humanos a quienes se les negaba el derecho de decidir sobre su propia existencia. Sus aspiraciones deben comprenderse dentro de las circunstancias de 1812, sin confundirlas con el proyecto nacional que tomaría forma en 1844.

Al reconocerlos como mártires de la lucha contra la esclavitud, damos un lugar en nuestra memoria al sufrimiento que acompañó su reclamo de libertad. La historia de nuestra tierra debe incluir a quienes, aun sin alcanzar la victoria, se atrevieron a desafiar un sistema que los sometía.

Propongo interpretar la cruz como un signo del dolor que la comunidad decide recordar. Dentro de la tradición cristiana, evoca sufrimiento, sacrificio y esperanza. En este espacio público también puede recordarnos que ninguna condena ni relación de poder elimina el valor de una vida humana.

Las manos en oración pueden expresar el duelo de una ciudad por sus muertos y la gratitud de quienes hoy viven en libertad. Podemos ver en ellas unas manos que acogen y protegen la memoria: la comunidad recibe a quienes durante mucho tiempo tuvieron escasa presencia en los homenajes públicos.

Esta lectura simbólica no pretende sustituir la explicación del creador de la obra el experimentado escultor Javier Benitez. Busca contribuir a que el monumento tenga un significado cercano para quienes lo contemplan: recordar a las víctimas, reconocer su humanidad y asumir la responsabilidad de defender la dignidad de los demás.

Para el creyente, la imagen será una ocasión de elevar una plegaria. Para cualquier ciudadano, puede ser una invitación al recogimiento y al respeto. El homenaje pertenece a toda la comunidad, con independencia de sus convicciones religiosas.

Recordar este episodio también exige honestidad histórica. Las fuentes recogen acusaciones de las autoridades coloniales sobre planes de violencia contra la población blanca, referencias que deben estudiarse con rigor. El reconocimiento del derecho de las personas esclavizadas a ser libres debe acompañarse del rechazo de la violencia racial y del respeto a toda vida humana.

La iniciativa de la Alcaldía de Santo Domingo Este, encabezada por Dío Astacio, merece valoración porque recupera un espacio donde la ciudad puede encontrarse con su pasado. Su importancia crecerá si las familias, las escuelas y las organizaciones comunitarias lo convierten en un lugar de aprendizaje.

Una visita escolar puede ayudar a que un niño comprenda qué significaba ser esclavizado. Una explicación histórica puede permitir que un joven reconozca el aporte de las personas de ascendencia africana a nuestra sociedad. Una conversación frente al monumento puede despertar el compromiso de combatir la discriminación y cuidar los derechos que hemos alcanzado.

La Cruz de Mendoza nos recuerda que la libertad tiene una historia y un costo humano. Sus manos en oración pueden unir el recuerdo de quienes sufrieron con la responsabilidad de quienes hoy tenemos la posibilidad de elegir nuestro camino.

Honrar a los mártires de la libertad exige conservar sus nombres y vivir de una manera que respete la dignidad por la que lucharon.

*El autor es escritor, novelista, político y activista social por una Quisqueya Potenc
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