
Bayly en República Dominicana: con alforja literatura, y sin encargo imperial
El entonces joven Bayly desembarcó en 1985 en una República Dominicana
utilizada como “cabeza de playa” mediática para contener el avance del
comunismo en el Caribe y Centroamérica, mientras el Bayly de 2026 regresará
invitado a la Feria Internacional del Libro, con la alforja cargada de obras, ideas
y experiencias acumuladas durante más de cuatro décadas.
POR RAFAEL MÉNDEZ
El destacado periodista y escritor Jaime Bayly volverá a la República
Dominicana con motivo de la Feria Internacional del Libro Santo Domingo
2026, que se celebrará entre finales de septiembre y principios de octubre. Su
presencia adquiere una significación especial cuando se coloca frente al espejo
de aquella primera estadía de 1985, porque el viajero parece ser el mismo,
aunque la alforja, el escenario y el motivo declarado del viaje sean
diametralmente diferentes.
En 1985 llegó a Santo Domingo con apenas veinte años para
conducir un programa de política internacional que, según sus propios relatos,
era financiado por Estados Unidos y retransmitido hacia varios países de
Centroamérica, Colombia y Ecuador, mientras ahora anuncia su retorno
convertido en escritor consagrado, con una extensa obra narrativa y una alforja
declaradamente literaria, aunque acompañado inevitablemente por el equipaje
ideológico que ha definido su trayectoria pública.
El programa procuraba promover la visión occidental y presentar
favorablemente los valores democráticos y de libre mercado impulsados por
Estados Unidos, en contraposición a los proyectos comunistas y de izquierda,
mientras advertía sobre los supuestos “peligros” de la influencia soviética y
cubana en la región, y construía una imagen negativa de la Revolución cubana
y del Gobierno sandinista de Nicaragua.
1985: la poblada que alentó a la izquierda y advirtió a EU
La llegada de Jaime Bayly a Santo Domingo ocurrió cuando la República
Dominicana todavía no se recuperaba de la poblada de abril de 1984, una
protesta espontánea de alcance nacional provocada por el aumento de los
artículos de primera necesidad, la devaluación del peso y las medidas
económicas adoptadas por el Gobierno de Salvador Jorge Blanco tras su
acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.
Durante tres días, el levantamiento se extendió desde los barrios populares de
Santo Domingo hacia el resto del país, mientras la respuesta policial y militar
dejó más de un centenar de muertos, miles de heridos y detenidos, y una
sociedad estremecida, en tanto sectores de la izquierda interpretaron aquella
explosión social como demostración de un renovado potencial para las luchas
populares, y una coyuntura de revolución inminente o revolución lideradas por
las presentes generaciones.
Al mismo tiempo, la Revolución Sandinista gobernaba Nicaragua, las guerrillas
disputaban el poder en El Salvador y Guatemala, y la administración de Ronald
Reagan acababa de demostrar con la invasión de Granada que no permitiría el
surgimiento de “otra Cuba”, contexto en el que el programa conducido por
Bayly desde Santo Domingo encajaba dentro de la guerra de ideas y de
persecución, encarcelamiento y muertes para contener el avance comunista en
el Caribe y Centroamérica.
De pivote mediático a escritor consagrado
En el artículo “Jaime Bayly en RD: Pivote de EEUU para contener el avance
comunista en el Caribe y Centroamérica”, examinamos cómo la juventud, el
talento, el desenfado y la capacidad comunicacional de Bayly fueron
funcionales para una estrategia en la que los medios comenzaban a sustituir o
complementar los métodos tradicionales de intervención, y la República
Dominicana servía como plataforma de proyección regional.
Cuarenta y un años después, la alforja luce repleta de novelas, premios,
memorias, provocaciones y personajes, desde No se lo digas a nadie hasta Los
genios y Los golpistas, su obra más reciente, una recreación de los tres días de
abril de 2002 durante los cuales Hugo Chávez fue apartado del poder en
Venezuela, lo que demuestra que incluso cuando Bayly llega cargado de
literatura, la política continúa viajando entre sus páginas.
Al parecer, no sería esta su primera participación literaria en el país, porque los
registros de la Feria Internacional del Libro lo incluyen entre los escritores
invitados en la edición del año 2000, pero el contraste entre 1985 y 2026
conserva toda su fuerza, pues permite observar al joven comunicador
empleado en una operación mediática y al escritor que regresa con una obra
construida a lo largo de más de cuatro décadas.
El derechista que incomoda a la derecha
Sería incompleto presentar al Bayly actual únicamente desde el anticomunismo
militante que ha caracterizado su trayectoria, porque en la coyuntura política
reciente ha marcado diferencias con Donald Trump y con varios gobiernos y
figuras de la derecha y la ultraderecha latinoamericana, como Nayib Bukele,
Javier Milei, José Antonio Kast, Abelardo de la Espriella y el actual Gobierno de
Honduras. A la presidenta del Perú, Keiko Fujimori, la apoyó electoralmente,
aunque hoy afirma sentirse “humillado, vejado y maltratado”.
Esas diferencias coyunturales lo han llevado a declararse hombre de “izquierda
democrática, capitalista, liberal y progresista”, mientras reivindica determinadas
libertades individuales, cuestiona las deportaciones y la persecución de
inmigrantes, y defiende una educación pública de calidad y servicios de salud
al alcance de todos, expresiones que introducen matices en su discurso sin
borrar el anticomunismo que ha definido su trayectoria pública.
Por tanto, no se trata de presentar a un Bayly convertido al progresismo ni de
atribuirle una ruptura ideológica que él mismo no ha establecido, sino de
observar que su viejo alineamiento aparece ahora salpicado de diferencias con
las nuevas derechas fortalecidas y articuladas alrededor de Donald Trump.
La Feria Internacional del Libro recibirá al Jaime Bayly novelista, pero no podrá
ignorar al polemista que llegará con él a Santo Domingo, con la alforja
declaradamente llena de literatura y, se supone, vacía de encomiendas
imperiales, aunque nadie debería esperar ni, mucho menos, reclamar que al
entrar al recinto ferial el escritor deje en la puerta al comunicador provocador, al
liberal iconoclasta y al implacable adversario de la izquierda latinoamericana y
mundial.



