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Opiniones

Convivencia pacífica antídoto para contrarrestar violencia social

Por Emilia Santos Frias

Cuando se vive observando y resguardando el respeto hacia sí mismo y a los demás, sin lugar a dudas se hace un enorme aporte a la vida en sociedad. Hay evidencia de compromiso con el orden y el bienestar generalizado. Algunos pensadores concuerdan con este enunciado, por ejemplo, Confucio, presentó clara demostración en la siguiente premisa: “si no se respeta lo sagrado, no se tiene nada en que fijar la conducta”.   Hacen énfasis en que, ante todo, debemos respetarnos a  nosotros mismos. Un gran abanderado de esta consigna fue  el más excelso matemático, Pitágoras de Samos.

Es que desde siempre, los líderes mundiales, en todos los órdenes, han coincidido en aseverar que la convivencia pacífica, que tiene como base el respeto, un valor y derecho fundamental, nos permite convivir de forma armónica con nuestros semejantes; sin conflictos; unidos para desarrollar acciones que sean de provecho generar y desarrollo holístico en los Estados. Proporciona garantía de libertades y fortalecimiento de la seguridad nacional. De sus espacios; valorar las diferencias; empatía; solidaridad; resolver situaciones mediante alianzas y diálogo efectivo. Al tiempo que se salvaguarda el entorno natural y los derechos medioambientales de la población.

Urge que la República Dominicana, una nación de gente buena, de sin igual y contagiosa alegría, laboriosa, decente, creativa, auténtica, piadosa, solidaria…, reflexione y vuelva a potenciar  sus raíces. Que retome esos valores de la dominicanidad, su esencia. Porque ciertamente, no somos un país de antivalores, ni violento. Pero varios flagelos descritos en estas líneas,  carcomen la vida en la sociedad actual. Diversos son sus factores, pero, lo que nos compromete hacer hincapié  es en crear alianza colectiva para su mitigación. “Trabajemos por y para la patria, que es trabajar para nuestros hijos y para nosotros mismos”, decía el padre fundador, Juan Pablo Duarte y Díez.

Múltiples son las manifestaciones diarias de violencia que se observan en nuestra sociedad, dentro y fuera de la familia, en los principales espacios simbólicos…,  y estas están resquebrajando la convivencia social, debido además, a la falta de tolerancia,  comunicación desde el amor…,  y esto asociado a otros delitos, ha creado fisuras a la paz, el sentido de unión, de pertenencia, y a la  confraternidad entre las personas.

Las noticias negativas referentes a hechos bochornosos cometidos por coterráneos, dan la vuelta al mundo.  Por ejemplo, los desgraciados feminicidios, acciones de corrupción, delitos socioeconómicos, autónomos y de carácter doloso, como el lavado de activos. Igualmente, otros vinculados al tráfico de drogas, que vulneran la salud pública y el bienestar general de la sociedad. Por lo que, políticas públicas actuales, concretas, estrictas, operativas y de desarrollo permanente, son más que necesarias. “Mientras no se escarmiente a los traidores como se debe, los buenos y verdaderos dominicanos serán víctimas de sus maquinaciones”.

No podemos permitir que quienes ejercen violencia de todo tipo, fomenten miedo, desconfianza en nuestras autoridades, mientras continúan cometiendo hechos nefastos. Su persecución y judicialización debe ser ágil y drástica, tal como lo son sus hechos. Entretanto, se refuerza la prevención,  y como nación, en este siglo de colosal avance tecnológico, aunque de inmenso abismo en las relaciones interpersonales, desde todos los espacios representativos se vigorizan valores; nuestra estampa, como: hospitalidad, espontaneidad, empatía, comunicación efectiva, alegría…, sin jamás perder ese que tanto nos costó, la resiliencia. “La sociedad tecnológica ha logrado multiplicar las ocasiones de placer, pero encuentra muy difícil engendrar la alegría”.

 Sé que con la resiliencia que siempre ha tenido el pueblo dominicano, alcanzaremos la paz. Asimismo, con fuerza y la esperanza de siempre, mitigaremos estas dificultades de salud pública, económicas y sociales, que tanto vulneran nuestra seguridad y defensa nacional. “El gobierno debe mostrarse justo y enérgico…, o no tendremos patria y por consiguiente ni libertad…”.

Es momento de hacer desaparecer distintos flagelos que estropean nuestro bien hacer, entre ellos crímenes de odio y la violencia machista que nos arrebata tantas vidas útiles: mujeres en todas las edades, niñas y adolescentes, casi siempre teniendo como verdugos a quienes deben estar para protegerlas. “Nunca me fue tan necesario como hoy el tener salud, corazón y juicio; hoy que hombres sin juicio y sin corazón conspiran contra la salud de la patria”.

Pese al cansancio social por la tan esperada solución a estos males, no perdemos la esperanza, y aunque no existe una acción mágica, emular a países hermanos en cuanto a bien hacer, podría ser otra puerta para retomar el bien ser. Somos una nación única en esencia, valores, costumbres…, y por eso, procuraremos en lo adelante, reflejar un excelente comportamiento que devele a una auténtica cultura…, siempre de espalda a toda predisposición a actuaciones malsanas, egocéntricas y materialistas. Vivir con libertades públicas garantizadas es nuestro derecho. iEs momento de actuar. ¡Eliminemos el protagonismo a la violencia!.

Hasta pronto.

La autora reside en Santo Domingo

Es educadora, periodista, abogada y locutora.

santosemili@gmail.com

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