- Publicidad -
OpinionesTecnologíaVoces Nacionales e Internacionales

Sociedad digital, entorno laboral y visión del liderazgo comprometido

Por Cándido Mercedes
“La inteligencia artificial no es un problema, sino una oportunidad para reinventarnos a nosotros
mismos”. (Ray Kurzweil).
En su interesante obra Las edades de la Globalización, Jeffrey D. Sachs nos habla de
siete edades desde hace más de 70,000 años, cada una con sus características: energía,
información, agricultura, industria, transporte, ejército y gobernanza. Al llegar a hoy,
nos resalta la actual etapa: digital, conectividad, computación, inteligencia artificial. La
energía será solar y eólica, la información será a través de los medios de internet,
inteligencia artificial, la agricultura será de precisión, las industrias redes digitales, el
transporte es espacio virtual, el ejército se verificará con la guerra cibernética y la
gobernanza. ¿Estado de derecho mundial?
Al situarnos en la Era Digital nos encontramos, como parte de la revolución más
disruptiva acontecida en la humanidad, que los cambios son extraordinarios, a una
velocidad cuasi indescriptible, trayendo consigo, por lo menos en esta etapa de
transición, grandes desafíos, inestabilidad, volatilidad e incertidumbre. Al tiempo que
coinciden la vastedad de la Era Digital con la irrupción emergente de otras potencias y,
con ello, una nueva fase: de un mundo unipolar a un mundo multipolar, donde
geopolítica, geoeconomía y geoestrategia se entrelazan en la búsqueda audaz de un
nuevo consenso mundial.
La Era Digital, la sociedad digital y con ella el mundo de la red algorítmica, conduce a
repensarlo todo, a buscar mecanismos de organización social, de relaciones e
interacciones sociales distintas a como veníamos asistiendo hasta muy a finales del
Siglo XX. El Siglo XXI ha significado la verdadera condensación de la historia. El
trabajo, su trajinar y su entorno, en tanto fenómeno social, constituye un epicentro de
los grandes cambios.
En la Sociedad Digital el entorno laboral, y el trabajo mismo, se transforma cuasi cual si
fuera un drama. Hay mutaciones en los procesos, en los procedimientos, en las
descripciones y especificaciones de puestos, en las estructuras organizacionales, en las
dinámicas de las relaciones, en las formas de agregar valor, en los perfiles, en los
conocimientos y capacidades. Una gran parte del trabajo repetitivo, estandarizado,
quedará sepultado como parte de la destrucción creativa, tan veloz en la sociedad
digital. Como nos dice Abhijita Naskar “La única manera de asegurarse de no perder el
trabajo con la llegada de la IA es hacer algo que la IA no puede hacer y lo único que la
inteligencia artificial no puede hacer, pero un humano sí, es ser original”.
La sociedad digital lo transmuta todo y en muy poco lapso de tiempo. Configura y
desconfigura la realidad real con la realidad virtual. Por lo tanto, en el mundo cambian
las normas regulatorias del trabajo a nivel de estado y societales, pues al cambiar la
manera y las formas de hacer las cosas, cambia la cultura del trabajo y los distintos roles
del ser humano.
La inteligencia artificial, como parte de la sociedad digital, está redefiniendo el
conocimiento y por ende al mundo y, en consecuencia, a sus elites. El tecnofeudalismo
o neofeudalismo tecnológico, categoría elaborada por Yanis Varoufakis y Cedril

Durand, es la construcción teórica de la nueva era tecnológica, del capitalismo
informático, del capitalismo digital. Resalta que, de las diez personas más ricas del
mundo, nueve están asociados a la alta tecnología. ¡Estamos en presencia de la
Generación de la IA que no es más que la síntesis de las Generaciones Z y de Cristal!
Toda disrupción tecnológica trae consigo problemas y oportunidades. Ganadores y
perdedores. Las nuevas creencias, innovaciones, llevan en su seno cambio de
paradigmas. Agentes de la historia y los nuevos (viejos) de la prehistoria. Es lo que
hemos visto a lo largo de los últimos 70,000 años, desde la Era Paleolítica. En un país
como el nuestro, la discusión alrededor de la modificación del Código de Trabajo es
penosa. El futuro de la empleabilidad no debería descansar en el solo soporte de la
cesantía de 1992, cuando ya tenemos hace 25 años la Ley de Seguridad Social y la Ley
de Estrategia Nacional de Desarrollo, que establece en su Artículo 31, numeral 2, el
SEGURO DE DESEMPLEO y donde se enfatiza que los derechos adquiridos no se
pierden.
En una sociedad donde gran parte del trabajo es repetitivo y estandarizado, con poco
valor agregado, significa que el desplazamiento será más significativo, con la
sistematización y permanencia de la IA, que vino para quedarse. El Estado con los más
lúcidos y con más visión de futuro de los empresarios, deberían bosquejar y diseñar para
los próximos cinco años el capital humano que ya es presente y es futuro. Si miramos el
futuro en los próximos diez años y nos quedamos en la nostalgia de los hombres que
marcaron nuestra historia laboral en los años 90 del siglo pasado, quedaremos frente a
enormes tensiones sociales, pues existirán grandes conglomerados de seres humanos
desplazados, sin nichos, sin la posibilidad de la asunción de los nuevos desafíos de la
empleabilidad y las nuevas necesidades de competencia tecnológica y al mismo tiempo,
con un estado débil en la regulación y el control y la visión del país.
Todo esto sin una elite política con horizonte real de la calidad de los actores políticos.
El panorama laboral está cambiando en el mundo y todavía, como concretización, no
nos alineamos a esas transformaciones. Los cambios reactivos suelen ser más costosos y
menos eficiente y, generalmente, más excluyentes. El panorama laboral, con sus
grandes cambios y la pesadez “gimoteada” de las nuevas normas laborales, acogotarán
las nuevas necesidades que se impondrán. Crisis, tensiones sociales, porque la IA, tal y
como expresan en su libro La Era de la IA, Kissinger, Eric Schmidt y Daniel
Hottenlocher “Gracias a la IA, se abren ante nosotros nuevos horizontes. Antes, los
límites de nuestras mentes restringidas nuestra capacidad para agregar y analizar datos,
filtrar y procesar noticias y conversaciones, e interactivo socialmente en el ámbito
digital…”.
El desafío, desde ya, es como apropiarnos cada vez más de la tecnología, al tiempo que
desarrollamos las habilidades blandas: gestión de conflictos, resiliencia, empatía,
pensamiento crítico, curiosidad, hacer las tareas, la inteligencia emocional, la
inteligencia social, la perseverancia, la adaptabilidad, crear un liderazgo inspirador,
conjuntamente con el trabajo en equipo y el manejo de la diferencia y la tolerancia.
Daniel Goleman, en colaboración con expertos, nos habla de las doce competencias de
la Inteligencia Emocional y nos dice “La competencia de umbral, el efecto suelo y las
competencias distintivas”.

Nos dice Adela Cortina en su libro ¿Ética o ideología de la inteligencia artificial?, “El
primer deber de una ética de la ciencia es no engañar”. Víctor Martínez Monge y María
Álvarez en su libro Inteligencia Artificial y Talento nos señalan “Sin duda, la IA está
transformando la manera en que trabajamos, pero también las habilidades que serán
necesarias en ese nuevo futuro. El gran reto no es solo la adopción tecnológica, sino la
adaptación del talento humano a este nuevo paradigma. Porque el impacto de la IA en el
talento no para únicamente por la automatización del trabajo, sino que también influye
en como aprendemos, pensamos y nos sentimos en el entorno laboral”.
Todo esto implica la emergencia de un nuevo liderazgo, con visión y compromiso
cierto. El compromiso es el puente, el vínculo que se tiene desde las honduras más
profundas de las pasiones, de las emociones, con hacer que las cosas sucedan. No con el
mero discurso y el diletantismo del conocimiento per se, sino de las competencias, que
es saber hacer. Es el talento, que implica comportamiento reflejado en la realidad. El
compromiso con visión de futuro, aglutina a la sociedad hacia el logro de los cambios
planeados.
Define líneas y campo de acción como articulador de un futuro creado. El líder
prorratea los tiempos, esboza los problemas y presenta soluciones más allá de los
intereses creados. Es un profundo generador de la esperanza. Penetra en los poros de la
parte más consciente de la sociedad, para dejar atrás el pasado añoso y el presente
difuminado en el clima social negativo. El líder con visión de futuro permea todos los
intersticios regulares de la sociedad para moverla. Le inquieta el inmovilismo y
desprecia el YO, como demiurgo de un ego que no crea historia. No actúa con
retaliación ni resentimiento porque sus decisiones no tienen el rostro de lo individual, de
lo personal.
No es un ser humano estruendoso, no es un “guapo”, solo la ética de lo correcto lo
levanta y le sublimiza el carácter para poner a cada quien su lugar. Su valor y valentía se
cimenta en el empujar el carro de la historia con amor y entusiasmo. Si que desprecia la
simulación, el cinismo y la hipocresía social. Liderazgo con visión de futuro es
singularmente compromiso, que es permanente y dinámico para transformar todo lo que
haya que transformar, más allá de los intereses perversos que nos trituran como país.
En nuestro país necesitamos más actores políticos que trabajen para la política y no
vivir de la política. Que la política no sea visualizada como una profesión, sino como un
plus de sensibilidad para coadyuvar con los senderos plenos de la sociedad. Los líderes
con visión son como dijo una vez Robyn Benincasa “Tu no inspiras a tus equipos
mostrándoles lo grandioso que eres. Tú los inspiras enseñándoles lo grandioso que son
ellos”.
Estamos buscando líderes con competencias distintivas más allá de la competencia del
umbral, aquellas que obtienen siempre un desempeño diferenciador, que escalan en
grado mayor, más allá de las expectativas y el contexto creado. Necesitamos líderes más
neuronas espejo.

Visited 1 times, 1 visit(s) today
- Publicidad -

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Mira también
Cerrar
Botón volver arriba

Estas usando un bloqueador de anuncios!

Desactiva tu bloqueador de anuncios para poder leer nuestras informaciones. Gracias de antemano!