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Haití, en manos de una oligarquía abusadora

Cuando se lee lo que escriben los propios haitianos se conoce que allí, hay una oligarquía que pretende transformar su dominio económico en poder político absoluto.

Y se concluye, en palabras de esos mismos haitianos en que esos “oligarcas” se empeñan en apoderarse de los mecanismos de transición. Entonces, hay que coincidir, asimismo, en que allí existe un Consejo Presidencial de Transición (CPT) obligado bajo juramento a cumplir con una meta ya definida.

En todo el mundo y en todo lugar en que se cuela la preocupante realidad haitiana, para discusión justificada, y como divertimento, se concluye en que Haití, simplemente, continúa sumergido en una disyuntiva sin directriz.

Una indefinición que le impide identificar un futuro que no podrá salir del lamento y de la búsqueda del soporte imaginario. Y es que, ahí, parece estar la causa de su perdición a través del tiempo.

En Haití, por ejemplo, hay un señor de nombre Alix Didier Fils-Aimé que se hace llamar y así es aceptado, por propios y extraños, como un primer ministro provisional. Ese señor se pasea por Washington, sin que nadie lo autorice, y sin la obligación de rendir informe de sus objetivos de viaje.

En Puerto Príncipe quedan los críticos de la provisionalidad. Abrumados por un cerco de acusaciones de corrupción administrativa, mientras ya avanzó más de la mitad del tiempo que se les dio para organizar las actividades institucionales mediante las que ellos mismo dicen, deberán concluir con unos comicios generales, antes de que finalice el 2026.

Así, Haití vive su proceso de naufragio, sin gobernabilidad real, ahogado en su insuficiencia y la inutilidad de los organismos internacionales y sus propias incoherencias.

Alix Didier Fils-Aimé se considera a sí mismo, un primer ministro, cabeza de un difuso Consejo Presidencial de Transición (CPT) que no logra liderar a nadie. Ese Consejo CPT, y que se hace llamar “el gobierno haitiano”, se ha dado un compromiso fútil por insuficiencia de fuerzas, de substituir la Constitución de 1987 mediante un referéndum. En Haití nadie está pensando en eso, a excepción de dos o tres en esa entelequia burocrática o simulacro de gobierno que llaman ellos mismo, el CPT. Ahora, los norteamericanos y sus representantes en Haití, dicen que, allí, hay una oligarquía que debe ser responsable. Y en eso están.

Ahora, el creído primer ministro haitiano Alix Didier Fils-Aimé viaja a Washington y se reúne con el vicesecretario de Estado Christopher Landau, para dialogar sobre los esfuerzos en curso dirigidos al restablecimiento de la seguridad y la promoción de la estabilidad política en Haití, contenidos en un decreto del referéndum, del Consejo Presidencial de Transición (CPT), del 3 de julio del 2025, en el que nadie cree que vaya a ser realidad.

Como parte de los espejismos que se viven en Puerto Príncipe, ya un Consejo Electoral Provisional (CEP) ha dicho, en nombre del Consejo Presidencial, que ha puesto en marcha una maquinaria electoral en todo Haití, para la organización del referéndum sobre la Constitución de 1987, la que por sí misma, establece las directrices estrictas que rigen para cualquier intento de revisión. Pero en las que nadie están pensando en ese Consejo Presidencial.

Se recuerda que ya el asesinado presidente haitiano Jovenel Moïse estaba sumergido en el propósito de reformar esa Constitución de 1987, adoptada después de la desaparición de la dictadura de Jean Claude Duvalier.

Lo único que se vive en Haití, hoy es la incertidumbre por la ausencia de una autoridad que se haga valedera y legítima, en un país sumido en la violencia cotidiana de los grupos armados, ante la cual las fuerzas públicas no ofrecen una resistencia real en medio de un propalado terror social general, aunque sólo se cita el área metropolitana, y las regiones de Artibonite y la Meseta Central.

Todo esto está ocurriendo, como se dijo, mientras Alix Didier Fils-Aimé, viajero hacia Washington, enfrenta serias acusaciones relacionadas con su gestión, por las que le piden explicaciones urgentes por decisiones importantes tomadas de forma secreta e inconsulta, incluida la producción de pasaportes haitianos, y  un contrato de 8 millones de dólares para reemplazar un sistema obsoleto., pero que  su administración busca adjudicar el contrato a otra empresa que cobraría 43 millones de dólares por los mismos servicios.

Todo ello es lo que obligó al encargado de negocios de Estados Unidos en Haití, Henry T. Wooster a clamar, hace unos días, por la responsabilidad de las élites haitianas frente al caos y la anarquía, llamando a la transformación social y política de esas élites, durante la celebración del 249 aniversario de la independencia estadounidense, celebrada el jueves 3 de julio en Puerto Príncipe.

Fue un discurso dirigido al Primer Ministro, al Presidente del Consejo Presidencial de Transición, a varios miembros del gobierno haitiano, y diplomáticos e invitados.

Wooster invitó a las élites haitianas a reflexionar sobre su propio papel en la construcción de esa nación y la necesaria valentía ante sus élites y su responsabilidad histórica y moral.

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