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Opiniones

Lula y Papa Francisco en las claves de la política sudamericana

Por Víctor Manuel Grimaldi Céspedes

El papa Francisco fue elegido el 13 de marzo de 2013 y, en julio de ese mismo año, viajó a Brasil para participar en la Jornada Mundial de la Juventud. Allí pronunció una exhortación que se convertiría en una de las expresiones más recordadas de su pontificado: «Hagan lío».

La dijo el 25 de julio, ante jóvenes argentinos reunidos en la catedral de San Sebastián de Río de Janeiro. Pedía una Iglesia que saliera a la calle, combatiera la comodidad y el encierro, y escuchara a los jóvenes y a los ancianos. Aquella invitación tenía un contenido religioso y social. Interpretarla como una consigna contra el gobierno brasileño desfiguraría el sentido de sus palabras.

Brasil, sin embargo, atravesaba una agitación que daba particular resonancia a cualquier llamado a la participación. Las protestas de junio de 2013 habían comenzado alrededor del precio del transporte público y se extendieron a demandas sobre servicios, corrupción y prioridades del gasto estatal. La presidenta Dilma Rousseff afrontaba un malestar heterogéneo, que no puede reducirse retrospectivamente a una sola organización ni a una única intención política.

Las grandes movilizaciones opositoras de 2015 y 2016, identificadas con los colores verde y amarillo de la bandera brasileña, pertenecen a una fase posterior. En ellas adquirieron fuerza las exigencias de destitución de Dilma y el rechazo al Partido de los Trabajadores. Conviene distinguir ambos momentos: la historia pierde capacidad explicativa cuando comprime procesos diferentes en una sola imagen.

Precisamente por eso, el que no entiende la política sudamericana está perdido. Quien la observa únicamente como una sucesión de elecciones, derrotas y cambios de gobierno se queda en la superficie. También cuentan las lealtades personales, la memoria de los movimientos populares, las disputas por la legitimidad y los vínculos que atraviesan las fronteras.

En aquellas disputas, la lucha contra la corrupción ocupó un lugar central. Se trata de una exigencia democrática indispensable. Pero su legitimidad depende de que quienes investigan y juzgan respeten las garantías que están obligados a defender. Cuando la justicia pierde imparcialidad, el daño alcanza tanto al acusado como a la confianza pública en las instituciones.

En ese punto aparece el debate sobre el lawfare: la utilización de procedimientos e instrumentos jurídicos para debilitar, excluir o destruir políticamente a un adversario. La expresión no debe funcionar como una absolución automática de cualquier gobernante investigado. Tampoco puede desecharse sin examinar las actuaciones concretas de fiscales y jueces. Su valor como explicación depende de las pruebas.

El caso de Lula permite discutirlo sobre bases más firmes que la simple simpatía partidaria. En marzo de 2021, la Segunda Sala del Supremo Tribunal Federal reconoció la parcialidad de Sergio Moro en el proceso del tríplex de Guarujá. La resolución anuló las decisiones del entonces juez en esa causa. La crítica a su actuación había dejado de ser únicamente una denuncia de los partidarios de Lula: tenía reconocimiento judicial.

Por otra vía, el Supremo confirmó en abril de 2021 la anulación de las condenas dictadas contra Lula en los procesos examinados, al considerar incompetente al juzgado de Curitiba. Son decisiones distintas, con fundamentos diferentes. La anulación por falta de competencia no equivale, por sí sola, a una absolución sobre el fondo; el reconocimiento de parcialidad sí afecta directamente a la legitimidad de la actuación del juez.

Estas precisiones resultan esenciales para entender la controversia. Defender el debido proceso no significa reclamar impunidad. Significa exigir que ninguna causa, por popular que resulte, autorice a sustituir la justicia por una batalla política librada desde el tribunal.

Francisco contemplaba esa realidad desde una posición singular. Era un papa argentino, formado en una sociedad de profundas confrontaciones políticas y desigualdades persistentes. Su sensibilidad hacia los pobres y los excluidos le permitía conectar con preocupaciones presentes en movimientos populares latinoamericanos. Esa cercanía no convertía automáticamente su magisterio en el programa de un partido, pero sus gestos tenían consecuencias públicas.

Un episodio significativo ocurrió el 3 de septiembre de 2016. Tres días antes, el Senado brasileño había destituido a Dilma Rousseff. En los jardines vaticanos, durante la bendición de una imagen de bronce de Nuestra Señora de Aparecida, Francisco pidió protección para «a todo Brasil» y «a todo el pueblo brasileño, en este momento triste».

El Papa extendió su oración a los pobres, los excluidos, los ancianos abandonados y quienes sufrían explotación. No mencionó expresamente a Dilma ni emitió en aquella intervención un juicio sobre el procedimiento de destitución. Sin embargo, sus palabras se pronunciaban en un contexto inmediato que les confería resonancia política. La tristeza por Brasil encontraba expresión en una ceremonia religiosa dedicada a su patrona.

Ese episodio ayuda a comprender una característica de la presencia pública de Francisco: la preocupación pastoral podía adquirir un significado político sin necesidad de formularse como adhesión partidaria. La elección de un momento, un interlocutor o una expresión tenía importancia en sociedades divididas.

La relación con Lula pertenece a ese mismo terreno. En una carta difundida en mayo de 2019, cuando el expresidente se encontraba encarcelado, Francisco le manifestó cercanía espiritual y lo alentó a conservar la confianza en Dios. Había también una dimensión personal de consuelo ante las pérdidas familiares que había sufrido. Reducir aquella carta a una maniobra política sería desconocer su contenido; ignorar su repercusión pública sería desconocer el contexto.

Alberto Fernández actuó de manera más explícitamente política. El 4 de julio de 2019, durante su campaña presidencial, visitó a Lula en Curitiba. Todavía no disponía de la autoridad del Estado argentino. Se presentaba como dirigente que cuestionaba el proceso y defendía públicamente al expresidente brasileño.

En una entrevista de aquellos días, explicó que integraba, junto con el excanciller Celso Amorim, el Comité Internacional para la Libertad de Lula. También relató que había coordinado el año anterior un encuentro con Francisco para exponer las irregularidades que atribuían al proceso. Participaron Amorim y el exministro chileno Carlos Ominami.

Existía, por tanto, una acción internacional de solidaridad anterior al regreso del peronismo al gobierno. Las relaciones entre dirigentes, construidas durante años, seguían operando cuando uno de sus interlocutores había perdido la libertad. Allí se advierte una dimensión de la política que los calendarios electorales, por sí solos, no explican.

El 27 de octubre de 2019, Fernández ganó las elecciones argentinas, acompañado por Cristina Fernández de Kirchner como candidata a la vicepresidencia. El triunfo dio mayor peso a la voz de quien había visitado a Lula en prisión. Cuando el brasileño recuperó la libertad, el 8 de noviembre, Fernández todavía era presidente electo: asumiría el 10 de diciembre.

La excarcelación obedeció a una decisión judicial brasileña, posterior al cambio de criterio del Supremo sobre la ejecución de las penas antes de agotarse los recursos. No debe confundirse esa liberación de 2019 con las anulaciones y el reconocimiento de parcialidad de 2021. Fueron etapas diferentes de una trayectoria que modificó profundamente el escenario político.

Tampoco existe base documental suficiente para afirmar que Fernández y Francisco determinaron el voto de los jueces o concertaron la liberación. Su contribución comprobable estuvo en otro plano: la defensa política, la interlocución internacional y la cercanía moral. En mi interpretación, esos apoyos ayudaban a impedir que el encarcelamiento se transformara en aislamiento completo o desaparición política.

Una visita recuerda que un preso conserva interlocutores. Una carta puede devolverle presencia pública y dignidad personal frente a quienes lo consideran definitivamente acabado. Una victoria electoral en un país vecino puede dar mayor influencia a quienes lo respaldan. Ninguno de esos hechos sustituye una sentencia, pero todos forman parte del ambiente en que se desarrolla una lucha política.

En junio de 2023, Francisco recibió en el Vaticano a Lula, nuevamente presidente de Brasil. La imagen de aquel encuentro contrastaba con los años de prisión y controversia. El interlocutor al que había acompañado espiritualmente volvía a presentarse como jefe de Estado.

Esa trayectoria invita a desconfiar de los anuncios de muerte política definitiva. Los dirigentes pueden perder el gobierno, sufrir derrotas o quedar excluidos de una elección y conservar, sin embargo, vínculos sociales que permitan su regreso. La memoria de una experiencia de gobierno, la organización partidaria y las alianzas también cuentan.

Francisco, Lula y Alberto Fernández actuaron desde posiciones diferentes. Examinar sus relaciones exige reconocer esas diferencias y comprender sus puntos de encuentro. La solidaridad no prueba una conspiración; la ausencia de una intervención judicial demostrada tampoco vuelve irrelevante el respaldo político y moral.

Para entender Sudamérica hay que estudiar simultáneamente las instituciones, los conflictos sociales y las relaciones humanas que sostienen la acción pública. Hay que seguir las decisiones de los tribunales, pero también preguntar quién conserva reconocimiento, quién mantiene aliados y quién sigue representando una esperanza para sus electores.

El que no entiende esa dimensión de la política sudamericana está perdido.

Fuentes:

● Infobae, entrevista con Alberto Fernández, 4 de julio de 2019: https://www.infobae.com/politica/2019/07/04/alberto-fernandez-visita-a-lula-da-silva-en-la-carcel-busco-llamar-la-atencion-sobre-la-injusticia-que-implica-su-detencion/

● Agência Estado / Jornal do Comércio, 29 de mayo de 2019: https://www.jornaldocomercio.com/_conteudo/politica/2019/05/686387-em-carta-a-lula-papa-diz-que-ex-presidente-enfrenta-duras-provas.html

● Reuters, 8 de noviembre de 2019: https://www.reuters.com/article/us-brazil-corruption-court-lula/brazil-judge-orders-ex-president-lula-released-from-prison-idUSKBN1XI2A6/

● TRT World, victoria electoral de Fernández: https://www.trtworld.com/article/12730264

● Santa Sede, palabras de Francisco, 3 de septiembre de 2016: https://press.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2016/09/03/aparecida.html

● Senado de Brasil, destitución de Dilma Rousseff, 31 de agosto de 2016: https://www12.senado.leg.br/noticias/materias/2016/08/31/dilma-rousseff-perde-o-mandato-de-presidente-da-republica-mas-mantem-direitos-politicos

Fuentes adicionales:
https://www.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2013/july/documents/papa-francesco_20130725_gmg-argentini-rio.html
https://portal.stf.jus.br/noticias/verNoticiaDetalhe.asp?idConteudo=462854
https://portal.stf.jus.br/noticias/verNoticiaDetalhe.asp?idConteudo=464261
https://www.reuters.com/article/world/record-brazil-protests-put-rousseffs-future-in-doubt-idUSKCN0WF0J5/
https://www.vaticannews.va/es/papa/news/2023-06/papa-francisco-audiencia-presidente-brasil-lula-da-silva.html

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