
Por Narciso Isa Conde
El enorme crecimiento de las bancas de apuestas, loterías y juegos
de azar en la República Dominicana constituye un fenómeno
socioeconómico y de salud pública de extraordinaria gravedad.
El territorio nacional, urbano y rural está inundado de bancas de
lotería (tanto legalizadas como ilegales) y de miles de puntos de
apuestas deportivas y rifas. Más que escuelas, que hospitales y
centros de diversión sana.
Mal contados, solo las bancas y las redes apuestas mueven unos
144,000 millones de pesos por año, operando las 24 horas, cuatro
sorteos por día. Esto no incluye los casinos donde se dan palabras
mayores.
A las tradicionales bancas físicas y casinos regulados, se suman
numerosas plataformas de apuestas en línea, conectadas a los
llamados teléfonos inteligentes de la población, con especial
incidencia en los jóvenes.
La gran facilidad de acceso a las apuestas, sumada a la
desesperación económica de trabajadores/as empobrecidos/as y
sectores con muchas precariedades, seducidos por una publicidad
abrumante y engañosa, buscan una vía rápida de ingresos ilusorios,
y se acelera dramáticamente la dependencia y el entrampamiento
de esos seres humanos y de sus familias.
A todo esto se agregan los Casinos en hoteles lujosos,
frecuentados por multimillonarios y sectores medios de altísimos
ingresos, en busca de escenarios elitistas y de multiplicación fácil
de fortunas.
Más de 200,000 personas de este país se encuentran atrapadas
en distintos grados de ludopatía o adicción severa al juego.
La adicción al juego es una enfermedad asumida y promovida por
gobiernos, Estado y partidos… por el sistema capitalista (como
medio de acumulación de capital y riquezas), por el régimen
institucional y electoral y por los grandes medios de comunicación
que promueven profusamente las empresas de apuestas.
Los juegos de azar impactan el cerebro de igual manera que las
drogas o el alcohol, determinando una auténtica dependencia.
La adicción deteriora de forma crítica las relaciones interpersonales,
familiares y de trabajo.
Pero lo más grave de todo es que los negociantes y empresarios de
los juegos de azar, los dueños de casinos, bancas de apuestas,
bancas deportivas, máquinas traga-monedas, lotos y redes de
riferos, son componentes relevantes de la clase gobernante-
dominante y del lumpen capitalismo dominicano.
Tienen importantes cuotas de poder en los partidos tradicionales, en
el Congreso, las Alcaldías, los Distritos Municipales, Consejos de
Desarrollo Provinciales, Fuerzas Armadas, Policía, órganos de
inteligencia, asociaciones empresariales, medios de comunicación y
redes sociales, e influyen significativamente en decisiones de
Estado.
Forman parte del poder temporal y del poder permanente y tienen
junto a la narco-burguesía una alta responsabilidad en la
degradación material y mental de nuestra sociedad, en y el
deterioro de la salud, las relaciones de pareja y la vida familiar.
Una prosperidad que incluye la expansión de esos dos sectores
(juego y droga), y otros parecidos, deviene en perversa.



