
La Paloma: Una Tonada Campesina que nace con el Fruto de la Cosecha
POR JUAN CRUZ TRIFFOLIO
Sociólogo – Comunicador Dominicano
Triffolio@gmail.com
Uno de los ceremoniales más hermosos con que todavía cuenta el campo dominicano, aunque no con tanta acentuación como en décadas atrás, lo representa el canto de trabajo conocido como La Paloma.
Se trata de un canto en grupos, sustentado en coros, que vocalizan los recolectores de café, en muchas de nuestras lomas, mientras realizan su labor agrícola.
Son tonadas de contenido tan diverso como la vida misma de los pobladores del área rural dominicana, que tiene como base literal la composición picaresca y popular por excelencia reconocida como La Décima.
De una manera simple pero precisa y categórica, los hombres y mujeres del campo de la República Dominicana afirman que “toda décima que se canta, en grupo, al momento de recoger los granos en los cafetales, es una Paloma”.
En este tipo de junta o convite participan personas de ambos sexos y de diferentes edades, entre las cuales se observan algunas que, de manera espontánea y en tiempos diferentes, van asumiendo la voz de mando o guía del conjunto mientras los demás participantes empiezan a responder a coro, asumiendo un volumen bastante acentuado.
En la misma medida en que la voz de mando o guía es asumida por una persona diferente, generalmente, cambia la temática del canto conforme a sus sentimientos, vivencias y expectativas, imprimiendo una riqueza de contenido extraordinaria a La Paloma.
Resulta curioso destacar que el canto de La Paloma es una de las pocas manifestaciones artísticas campesinas, por no asegurar la única, en donde no aparece como elemento acompañante algún recurso que haga las veces de un instrumento musical o algo semejante.
Con el discurrir del tiempo y en la medida en que penetraron nuevas técnicas e instrumentos de producción al área rural del país, el canto de La paloma, tal como ha sucedido con otras manifestaciones folclóricas campesinas, ha ido paulatinamente desapareciendo, teniendo mucho que ver en esta transformación la presencia del radio de baterías, el cual hizo que muchos de nuestros campesinos echaran a un lado las tonadas y por tanto, pasaran a ser entes receptivos de los mensajes que proyectan las bachatas y los merengues conocidos como “de tierra adentro” difundidos por los programas radiales.



