
Violencia que deja huella: la línea entre corregir y recurrir a la violencia
Aunque solo el 12.1 % de las personas cuidadoras considera necesario el castigo físico para criar o educar, el 54.9 % de los niños y niñas de 1 a 14 años experimentó algún método violento de disciplina, según la ENHOGAR-MICS 2025.
Santo Domingo, República Dominicana, lunes 28 de septiembre de 2026.-En el marco del Día Nacional de los Derechos de la Niñez, que se conmemora cada 29 de septiembre en República Dominicana, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) llama la atención sobre los resultados de la ENHOGAR-MICS 2025, que muestran la persistencia de prácticas de disciplina violenta en los hogares, pese a que una proporción mucho menor de personas cuidadoras considera que el castigo físico es necesario para criar o educar.
De acuerdo con citada encuesta, desarrollada por la Oficina Nacional de Estadística (ONE) con apoyo de UNICEF, el 12.1 % de las madres, padres o personas cuidadoras de niños y niñas de 1 a 14 años considera que el castigo físico es necesario para criarlos o educarlos. Esto equivale aproximadamente a una de cada ocho personas cuidadoras.
Sin embargo, el 54.9 % de los niños y niñas de 1 a 14 años experimentó algún método violento de disciplina durante el mes anterior a la entrevista. La proporción alcanza su nivel más alto entre los niños y niñas de 3 a 4 años, con 61.4 %, mientras que entre quienes tienen de 1 a 2 años es de 45.9 %, de 5 a 9 años es de 57.9 % y de 10 a 14 años, de 52.4 %.
Los datos también muestran que 37.9 % de los niños y niñas de 1 a 14 años experimentó algún tipo de castigo físico y 43.0 % experimentó agresión psicológica. El castigo físico severo alcanzó el 2.5 %. En contraste, el 31.2 % experimentó únicamente métodos de disciplina no violenta.
La diferencia entre las actitudes declaradas por las personas cuidadoras y las prácticas reportadas constituye un elemento relevante para comprender la persistencia de la disciplina violenta. UNICEF señala que las prácticas violentas de disciplina pueden estar relacionadas con normas sociales, experiencias de crianza y la falta de familiaridad con alternativas no violentas para establecer límites y orientar el comportamiento infantil.
Asimismo, la evidencia internacional recopilada por UNICEF indica, además, que la disciplina violenta es ineficaz y puede producir consecuencias negativas que van desde efectos inmediatos hasta impactos a largo plazo en el bienestar y desarrollo de la niñez.
Para Carlos Carrera, representante de UNICEF en República Dominicana, el desafío está en transformar la manera en que se entiende la autoridad y la disciplina dentro de las familias.
“Todavía existe una idea profundamente arraigada de que para que un niño respete hay que hacerlo sentir miedo. El reto es demostrar, desde la familia, la escuela y la comunidad, que poner límites y ejercer autoridad no significa recurrir a la violencia”.
Cuando la violencia se confunde con corrección
En muchos contextos familiares, prácticas como pegar, gritar, amenazar o humillar pueden ser percibidas como formas de corregir una conducta. Sin embargo, la disciplina violenta vulnera el derecho de la niñez y la adolescencia a crecer protegidos frente a toda forma de violencia.
Los datos de la ENHOGAR-MICS 2025 permiten observar que el fenómeno no se limita al castigo físico. La disciplina violenta incluye tanto métodos de castigo físico como formas de agresión psicológica, y ambas pueden presentarse de manera combinada.
Para comprender por qué estas prácticas persisten, UNICEF ha desarrollado en República Dominicana una investigación sobre los determinantes asociados al castigo físico y la violencia psicológica, con el propósito de profundizar en las creencias, experiencias de crianza, condiciones de vida y normas sociales que pueden contribuir a mantener estas prácticas en los hogares.
Creencias heredadas como “a mí me criaron así” o “la letra con sangre entra” pueden contribuir a normalizar el castigo físico como una forma de corrección. Comprender estas dinámicas es fundamental para diseñar estrategias que, además de promover el rechazo a la violencia, proporcionen a madres, padres y personas cuidadoras herramientas concretas para establecer límites, acompañar el desarrollo infantil, fomentar la empatía y resolver conflictos sin recurrir a la agresión.
Estas cifras de la ENHOGAR-MICS 2025 ponen de relieve la necesidad de seguir fortaleciendo las capacidades de las familias y las comunidades para promover formas de disciplina no violentas. Garantizar los derechos de niños y niñas implica también promover entornos familiares seguros y protectores, donde establecer límites sea compatible con el respeto, el diálogo y el buen trato: criar sin violencia no significa ausencia de límites. Significa educar y acompañar a la niñez y la adolescencia sin recurrir al miedo, al dolor físico o a la humillación.



