
Bolton: Tu misma medicina
John Bolton, ex asesor de seguridad nacional durante el primer mandato de Donald Trump, se ha convertido en el último blanco de una justicia que, según él mismo, ha sido convertida en arma política. El mismo hombre que exigió 176 años de prisión para Julián Assange por divulgar documentos clasificados, enfrenta hoy 18 cargos criminales por retención y transmisión de información confidencial. 10 años por cada cargo.
La ironía no es menor. Bolton, quien acusó a Assange de poner en peligro vidas humanas y violar la Ley de Espionaje, ahora es imputado por compartir más de mil páginas de notas personales con información de alto secreto. Según la fiscalía, utilizó correos personales para enviar datos sensibles a familiares, y almacenar documentos en su domicilio, exponiéndose incluso a hackers vinculados a actores extranjeros.
Debilitar el sistema legal internacional
Los documentos publicados por WikiLeaks revelaron que John Bolton, en su rol como asesor de seguridad nacional, fue uno de los principales arquitectos de la guerra contra Irak. Con experiencia en las administraciones de George W. Bush y más tarde en la de Donald Trump. Bolton promovió activamente el debilitamiento del sistema legal internacional. Su objetivo: impedir que Estados Unidos quedara bajo la jurisdicción de la Corte Penal Internacional, evitando así cualquier posibilidad de ser procesado por crímenes derivados de la invasión a Irak.
¿Justicia o vendetta?
Bolton no es el único crítico de Trump que ha sido imputado en las últimas semanas. El exdirector del FBI James Comey y la fiscal general de Nueva York, Letitia James, también enfrentan cargos federales. La coincidencia ha levantado sospechas sobre un patrón de persecución política. Bolton lo dijo sin rodeos: “Muéstrame al hombre y yo te mostraré el crimen”, citando al jefe de la policía secreta de Stalin.
Muchos de sus seguidores lo han criticado. Las mayores preocupaciones están asociadas a las acciones del gobierno que, para muchos, muestran una destrucción deliberada de la democracia estadounidense. Estos temores no son exclusivos de las élites políticas, sino que los comparten ciudadanos de todo el país. ¡Ahí están las protestas!
Trump, por su parte, se limitó a decir que Bolton “es una mala persona”. La frase, más que una opinión, parece un veredicto. En su red Truth Social, el expresidente ha instado a “actuar contra sus enemigos políticos”, reforzando la percepción de que la justicia se ha convertido en campo de batalla.
El espejo de Assange
La paradoja es brutal. Bolton, también acusado de espionaje, fue el arquitecto de la narrativa contra Assange, ahora enfrenta la misma ley que invocó para condenarlo. ¿Es culpable? Eso lo decidirá el tribunal. Pero el caso ya ha revelado algo más profundo: cómo el poder puede girar sobre sí mismo, y cómo quienes diseñan las armas del Estado, a veces, terminan probando su filo.
Trump, dijo que John Bolton es una mala persona, por lo que, le está aplicando lo que suele llamarse: “efecto amedrentador”: Hacer que, expresar disconformidad sea demasiado difícil… o demasiado peligroso. En una ironía que roza lo poético, Bolton está probando la misma medicina que recetó a Julián Assange.
Lic. Luis Ma. Ruiz Pou



