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Ni retrotopía ni distopía: evolución humana del futuro civilizatorio

Por Cándido Mercedes
“No es solo la crisis de la democracia que se está produciendo en todo el mundo, no es solo la crisis
del Estado hiperburocratizado y parasitado por los lobbies, no es solo la crisis de una sociedad
dominada por el poder omnipresente del afán de lucro, no es solo una crisis de civilización, no es
solo una crisis del humanismo, también es una crisis más radical y más oculta: Una crisis del
pensamiento”. (Edgar Morin: Despertemos).
En su libro “Las edades de la globalización”, Jeffrey D. Sachs nos ilustra sobre el
paisaje histórico de las civilizaciones. Siete grandes etapas del desarrollo y evolución de
la humanidad como cantera del futuro. Evolución humana con zigzagueo, tropiezo,
deterioro y un devaneo ahistórico de retroceso. Constitución de que el devenir
incontenible de los signos de la libertad de la humanidad no ha sido lineal.
Hoy nos encontramos en el Siglo XXI, era digital, caracterizada por la conectividad, la
computación y la inteligencia artificial. Una verdadera disrupción cuasi iconoclástica,
en medio de una velocidad de los cambios que ruptura paradigmas de manera
sistemática y permanente. La irrupción de las transformaciones, de las mutaciones, nos
deja tan perplejos que comenzamos a “mirar” el futuro cargado sin horizonte, sin
dominio humano, sin una clara perspectiva hacia dónde vamos y dónde nos
instalaremos.
El cambio de época y la época de cambio han traído como corolario una policrisis que la
humanidad nunca había asistido, ni en contenido ni en calado ni tan enorme vastedad.
La poca referencia del momento histórico hace que – en la ausencia de un liderazgo a
tono a la complejidad, que oriente, guie y paute – produzca desazón, desconcierto y
mirada con ceguera, a menudo tonelada y en gran medida sesgada, con relatos inertes
generalizados que apelan a la parte primitiva de la génesis humana.
Nos encontramos frente a la filosofía del desánimo, que busca un pasado sin historia,
idealizado, que no existe, que no existió y que científicamente no lo puede recrear, sino
en la ficción, en una imaginación fértil que a menudo recrea el engaño de una existencia
ficticia. La retrotopía, al decir del creador de la categoría, Zygmunt Bauman, en su libro
Retrotopía, es “Mecanismo de defensa que consiste esencialmente en la esperanza de
reconstruir ese hogar ideal que subyace a la esencia misma de muchas y poderosas
ideologías actuales y que nos tienta a que recurramos al pensamiento crítico para
entregarnos a la vinculación emocional”.
Citando a Svelana Boyan, Bauman nos señala “El peligro de la nostalgia radica en que
tiende a confundir el hogar real y el imaginario… concretamente, en cierta nostalgia
“restaurativa”, que es precisamente una característica de los recursos nacionales y
nacionalistas en todo el mundo, empeñados en fabricar mitos antimodernos de la
historia a través de la vuelta a los símbolos y la mitología nacionales y a veces también,
de la reutilización de teorías de la conspiración”.
Zygmunt Bauman llama a la retrotopía “La negación de la negación de la utopía, de
Tomas Moro, que es lugar del futuro”. Retrotopía es, por decirlo desde la pedagogía

social, como la fijación a un pasado idealizado. Es la sobredimensión de la nostalgia del
pasado. Es como recostarse en un pasado para negar el futuro o por la pérdida de fe en
el futuro. La retrotopía es meramente el espacio de las emociones y sentimientos frente
a la pérdida en el presente.
Es la incapacidad hoy para entender la complejidad del mundo que nos caracteriza y el
grado de incertidumbre que nos acogota como humanidad. Quieren, mediante la
retrotopía, enderezar el presente, empero, no en una perspectiva conjugada de futuro,
sino en un cimiento del pasado idealizado. Es la negación de la historia como ciencia y
la negación de la evolución humana. Se pretende cristalizar negando los avances del
presente, excluyendo, marginando y, en alguna medida, en una clara sincronización con
la distopía, exagerando los problemas del presente para eclipsar el futuro. La retrotopía
y la distopía niegan la evolución humana y toda la dimensión civilizatoria que ha traído
consigo en todos los planos.
La retrotopía es el reflejo de la crisis de liderazgo en el concierto del mundo, desde hace
más de 15 a 20 años. Esa ausencia de visión que caracteriza a un laudable liderazgo,
muestra incapacidad de ver el futuro de una manera halagüeña, sin esperanza. Se
“refugia” así en el pasado. Para ello ha de “simular y engañar” buscando “argumentos y
justificaciones” que no tienen validez, confiabilidad ni pertinencia. Niegan la
posibilidad de pertenencia. Para la retrotopía no hay mañana, no hay futuro, no hay un
lugar, no hay utopía, destruyendo la esencia vital de la humanidad: la construcción
permanente, aun sea de manera efímera, en la desconstrucción.
¿Qué caracteriza a la retrotopía?
1) Una negación de la utopía del lugar del futuro, que es la base del progreso y de
la modernidad, en la concepción moriana.
2) Un asiento visceral en el pasado, negando a la historia como ciencia. Es como
un acomodo del pasado, para “regodearnos” en un presente que pretende
sumergirlo fuera de la realidad. Desde la neurociencia es una de la psicología del
autoengaño, de negar lo que inexorablemente vendrá.
3) En la praxis política se refleja en el auge del populismo, del ultra
conservadurismo y de un nacionalismo atroz, que se verifica en la negación de
derechos ya alcanzados. El racismo, la xenofobia, la homofobia, las
migraciones, etc. etc. constituyen sus banderas de lucha, creando un “enemigo”

que no es tal.
4) Nicolás Guillen, Poeta Nacional Cubano, nos enseñó en uno de sus poemas que
cualquier tiempo pasado fue peor. La retrotopía pretende “refugiarse” en el
pasado como su tiempo mejor. Es la crisis existencial, la retrotopía, entre la
certeza y la incertidumbre. Solo que niegan la posibilidad de la esperanza y
recrudecen el pesimismo.
Cuando vemos el libro Retrotopía de Zygmunt Bauman, nos encontramos que fue la
reflexión de la realidad, de una sociedad líquida, no como él quería que fuera, sino la
respuesta de un mundo sin liderazgo y ante la pérdida de todo lo que venían perdiendo
con el estado de bienestar. En América la pauperización de la clase media
norteamericana y el declive como potencia trajo el MAGA: Hacer grande a Estados
Unidos, como en el pasado. Una verdadera “visión” retrotópica. Mientras la utopía es el

lugar y territorio del futuro, como una construcción de progreso de la humanidad, la
retrotopía es el “refugio” en el pasado, la negación del futuro y la pérdida de fe.
La distopía es un concepto creado por John Stuart Mil. Es el lugar de un territorio
incierto del presente. Es la exageración de los hechos, acontecimientos del presente para
no ver el futuro. Es una “visión” del futuro en una construcción sesgada, ficticia del
futuro. Es el miedo a otro lugar incierto, a un territorio malo. Es una exacerbación de los
problemas del presente desde una óptica asombrosamente destructiva. El presente es
atroz y el futuro se hace indeseable. Se conecta con la concepción de la sociología del
deterioro
La formación de los comunicadores y periodistas, al desconocer la problemática de la
distopía, quedan entrampados en el ahondamiento, en la brecha que se da actualmente
entre el poder y la política. Verbigracia: Crítica sin piedad al aumento de RD$500.00
pesos y RD$1,000.00 pesos a los marbetes de las placas. Pero sucede que los marbetes
son anuales. RD$500.00 divididos en 12 meses nos dan RD$41.6 pesos mensuales.
RD$1,000.00 divididos entre 12 representan RD$83.3 pesos mensuales. ¿Qué significan
$41 y $83 pesos al mes para una clase media, media alta y alta en la escala de la
jerarquía de la estratificación social dominicana, que son los que tienen vehículos?
Es distopía, todo lo que ha tenido que ver con la problemática del arroz. Desde los
arroceros mismos con lo que han visibilizado al respecto, hasta una gran parte de la
oposición, sobre todo, sabedores de que hay un tratado de libre comercio, DR-Cafta,
que en 20 años entraba en vigencia. La cultura del lobo y la distopía se reencuentran y
buscamos culpables y no la recurrente cultura reactiva que nos caracteriza como
sociedad, como país, como nación.
Como nos diría Zygmunt Bauman en su libro Retrotopía, en la parte final del mismo
que lleva como epígrafe Mirando hacia adelante, “Los habitantes humanos de la tierra
nos encontramos (más que nunca antes en la historia) en una situación de verdadera
disyuntiva: o unimos nuestras manos, o nos unimos a la comitiva de nuestro propio
entierro en una misma y colosal fosa común”.

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