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Opiniones

Nos enviaron a América Latina un nuevo mesías

“La doble moral es una incongruencia ética en la que se aplican principios distintos a situaciones similares, según convenga el poder, la afinidad o el interés particular” (Kant). 

Lic. Luis Ma. Ruiz Pou-

Juan el Bautista fue el evangelista que predicaba el arrepentimiento de los pecados; el precursor enviado a esta tierra para preparar el camino. Hoy, un nuevo «Juan el Bautista» anuncia que ha llegado un mesías a Latinoamérica, pero este viene a bautizar como enemigos a todos los que estén contra nuestros deseos, decretando que no sirven para nada. El bautismo que trae este mesías es una verdadera confusión y venganzas, porque derrama el Espíritu Santo como un fuego que destruye en lugar de purificar.

Este mesías pretende cumplir con aquel anuncio del profeta Ezequiel: «Los purificaré de toda inmundicia y de toda basura, y les daré un corazón nuevo… Infundiré mi Espíritu en ustedes y haré que caminen por los senderos que yo les indique». Esto significaría que la manifestación de su poder se realiza sobre cada habitante de la región. El mesías enviado, por la fuerza, Por su forma dictatoria, ordena que todos cumplan su voluntad. Sabe que una misión atractiva no es suficiente; necesita la acción secreta del poder en el interior de su pueblo para someter a las personas a la obediencia.

 

Características principales del contraste

El Bautista original era un hombre justo y santo, de personalidad fuerte, que predicaba el arrepentimiento con autoridad. En cambio, este nuevo mesías enviado a Latinoamérica, aunque también tiene una personalidad fuerte, la manifiesta a través del egoísmo y el personalismo. Predica la división social y jamás muestra arrepentimiento por sus violaciones a las leyes y a la Constitución, escudándose en el poder que posee. Es vanidoso y orgulloso.

Juan el Bautista fue valiente, atrevido y frontal; no se andaba con rodeos y reprendió a los religiosos y políticos de su época mientras recorría la región del Jordán. A diferencia de Él, este nuevo profeta camina por las provincias fomentando la perversión, la violación de las reglas morales y la corrupción entre sus allegados, buscando únicamente acumular más riquezas.Les pide a sus fiels seguidores que pronuncie la palabra: Señor Mesías que tus deseoas se hágan tu voluntad en la zona latinoamericana.

Un verdadero profeta es un intermediario entre la humanidad y la divinidad, alguien que comunica revelaciones legítimas en nombre de un bien superior. Este nuevo profeta, en cambio, se comunica con su pueblo a base de mentiras y fabulaciones. Invoca los nombres de sus antecesores cada vez que se siente entrampado por sus errores y a medida que se profundiza el caos político y económico, exclama: ¡Esto es culpa de mi predecesor!

Así, el fuego de este nuevo mesías no viene a iluminar, sino a consumir. No es un salvador del pueblo, sino un arquitecto del caos que, atrapado en sus propias mentiras, prefiere reinar en las cenizas antes que confesar que su prometida tierra prometida no es más que un espejismo de su propia ambición.

Al final, la historia se repite como una farsa. Mientras los verdaderos profetas entregaban su vida por la verdad, este falso mesías sacrifica la verdad y la Constitución para salvar su vida y sus riquezas. América Latina ya conoce este guion: un pueblo que idolatra a los hombres que se creen dioses, está condenado a ser gobernado por demonios.

La gran tragedia de este nuevo mito no es el falso profeta que miente, sino el pueblo que elige creerle. El fuego que derrama no es el del Espíritu, sino de venganza y resentimientos. Y mientras la región siga esperando que un hombre la salve de sus propios pecados, seguirá encadenada al círculo vicioso de culpar al pasado por el infierno que tolera en el presente.

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