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Opiniones

LOS SUICIDAS DEL FIN DEL MUNDO

Hay libros y escritores a los que uno llega y sabe de inmediato a qué atenerse en cuanto a su lectura, porque son escritores que merecen una muy especial atención en cuanto a lo que escriben y no solo es leerlo sino entrar en su mundo, en un universo en el cual ellos nos enseñan a pensar y a analizar las cosas. 

Por tanto, hay escritores a los que uno ella y sabe casi de inmediato que no será la última vez. Vamos ahora con un libro completamente distinto, uno de esos que no solo se leen, sino que se quedan resonando durante mucho tiempo. El siguiente libro del que quiero hablarte es: ‘’ Los suicidas del fin del mundo’’, de Leila Guerriero, escritora Argentina. Libro publicado originalmente en el 2005 y reeditado recientemente por Anagrama. Aunque es un libro el cual tiene ya casi veinte años, yo lo descubre ahora y he podido leer sus páginas, en esta edición más reciente, y ha sido, sin duda, la lectura que más me ha impactado de todas las que he leído últimamente. 

Por cuanto, a esto,  a que ‘’Los suicidas del fin del mundo’’, es la crónica fundacional de Leila Guerriero. Muchos lectores, como quien esto escribe, la conocieron después por otros libros, pero aquí ya está todo: en cuanto a su manera de mirar, su rigor, su sensibilidad, su negativa absoluta al sensacionalismo.  

El libro parte de un hecho real ocurrido en Las Heras, un pueblo petrolero de la Patagonia argentina. Resulta que entre 1997 y 1999 murieron doce jóvenes del lugar en circunstancias que conmocionaron a toda la comunidad. Lo que hace la escritora Leila Guerriero en Los suicidas del fin del mundo no es buscar una explicación única ni ofrecer respuestas fáciles. Lo que hace es viajar hasta allí, quedarse, caminar las mismas calles azotadas por el viento y escuchar. 

Y esa es la palabra clave: escuchar. Guerriero entrevista a madres, amigos, novias, vecinos, profesores. Reconstruye vidas una por una. No convierte a esas personas en estadísticas ni en símbolos de nada. Las devuelve a su complejidad. El resultado no es un reportaje frio ni una denuncia estridente, sino algo mucho más profundo: un retrato coral de una comunidad herida. 

En Los suicidas del fin del mundo, el paisaje es, aunque suene manido, casi un personaje más. El viento patagónico, la sensación de aislamiento, el origen artificial del pueblo ligado al petróleo estatal y su posterior decadencia tras la privatización. Todo eso forma parte de la historia. No es solo el contexto, es el clima moral en el que esas vidas se desarrollan.  

Uno de los aspectos que más impresiona del libro es la manera en que Leila Guerriero evita cualquier tentación de dramatizar en exceso. La prosa es precisa, contenida, muy limpia y diáfana a la vez. No hay golpes bajos. No hay morbo. Hay, en cambio, una atención casi obstinada a los detalles, a los silencios, a las contradicciones de los testimonios. 

Y eso convierte a Los suicidas del fin del mundo en algo más que una crónica sobre una serie de muertes. Es un libro sobre el desamparo, sobre la falta de horizonte, sobre lo que ocurre en ciertos lugares cuando el progreso prometido desaparece y lo único que queda es una sensación de estancamiento. También me parece importante decir que, aunque el tema es durísimo, el libro no busca el impacto fácil. Lo que hay es la voluntad de entender sin simplificar. 

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