
Estados Unidos en crisis política y económica por ayuda y apoyo
Por: Luis Ma. Ruiz Pou
La trayectoria de Estados Unidos revela un patrón repetido: intervenir en conflictos ajenos, bajo el argumento de proteger aliados o salvaguardar la estabilidad mundial, pero terminar atrapado en guerras prolongadas, con costos humanos y económicos que erosionan su propia fortaleza interna. Vietnam, Somalia e Irak son ejemplos claros de cómo el imperio transforma cada crisis en una oportunidad geopolítica, pero sin lograr victorias estratégicas duraderas.
La lógica de expandir su influencia mediante alianzas militares y económicas ha dejado más heridas que logros, debilitando su credibilidad internacional y generando crisis políticas y económicas dentro de su propio territorio.
Caso Vietnam
La intervención de EE. UU. en la denominada “Segunda Guerra de Indochina” (1950-1973) y su “americanización” en la Guerra de Vietnam respondió a los desafíos de la Guerra Fría y a la política de Contención, bajo la lógica de la “Teoría del Dominó”. Washington sostuvo una guerra prolongada apoyando a Vietnam del Sur, que culminó en derrota en 1975. El costo fue enorme: unos 168 mil millones de dólares de la época, con impacto en déficit e inflación, y más de 58,000 soldados estadounidenses muertos.
Somalia-Etiopía
En la década de 1970, las relaciones entre Estados Unidos y Somalia se deterioraron por vínculos comerciales con Vietnam del Norte y la alianza somalí con la Unión Soviética. Henry Kissinger intentó contener la influencia soviética en el Cuerno de África, pero Somalia buscaba respaldo para sus reclamos territoriales, lo que Washington no quiso conceder. La invasión somalí al Ogadén etíope en 1977 terminó en derrota, con EE. UU. apoyando indirectamente a Etiopía. El imperio transformó la crisis en oportunidad geopolítica, asegurando influencia en una región clave para el comercio mundial. Sin embargo, la intervención dejó más heridas que logros y el balance histórico suele considerarse un fracaso estratégico.
Caso Irak
En 2003, la administración de George W. Bush hijo se dejó convencer de que Irak, bajo Saddam Hussein, enriquecía uranio para fabricar armas de destrucción masiva. Nunca se encontraron esas armas. La justificación fue considerada una manipulación política y estratégica. La caída de Saddam Hussein dio inicio a una guerra prolongada, insurgencia y desestabilización regional. El verdadero interés era apropiarse del petróleo.
Hoy, la historia se repite
Estados Unidos se ha convertido en actor principal en el conflicto de Medio Oriente entre Israel e Irán. Bajo el mismo guion que lo llevó a Vietnam, Somalia e Irak, interviene en escenarios lejanos, justificando su presencia en nombre de la defensa de aliados y la estabilidad mundial. Los resultados, sin embargo, son los mismos: una diplomacia debilitada, una política exterior errática y un costo creciente en credibilidad internacional.
El fracaso diplomático es evidente: Washington ha improvisado negociaciones sin estrategia clara y ha mostrado incapacidad para contener la escalada. El fracaso político se refleja en la pérdida de confianza de sus propios aliados y en la percepción global de un imperio que insiste en imponer su voluntad en escenarios que no controla.
Advertencia final: mientras Estados Unidos persista en repetir este patrón de intervenciones lejanas, seguirá acumulando derrotas estratégicas disfrazadas de gestos de poder. Ningún imperio puede sostenerse eternamente si confunde la ayuda a sus aliados con la arrogancia de querer dictar el destino de pueblos que no le pertenecen.



