
El papel de los asesores en la política contemporánea
Por: Luis Ma. Ruiz Pou
Los asesores y funcionarios del presidente suelen tocar la música que este quiere escuchar.
Sin embargo, los Estados modernos dependen del surgimiento de una nueva clase de políticos
y funcionarios públicos capaces de enfrentar realidades y valores que cambian con rapidez.
Los gobiernos necesitan élites innovadoras con capacidad de adaptación, pues es poco
probable que se desarrollen nuevas formas de gobierno con facultades adecuadas sin una
renovación sustancial en sus cuadros dirigentes.
La importancia de los asesores radica en que proporcionan conocimientos especializados,
experiencia técnica y análisis objetivos, fundamentales para la toma de decisiones complejas y
la implementación de políticas públicas efectivas. En un entorno gubernamental inmerso en la
gestión diaria, los asesores ofrecen una perspectiva externa necesaria para identificar riesgos,
oportunidades y soluciones innovadoras (Advisory Board Centre).
El asesoramiento político es una práctica común desde la antigüedad. La necesidad de
información experta, la mejora en la comunicación y la toma de decisiones estratégicas son
razones esenciales para recurrir a esta técnica. Su función principal es ayudar a los
gobernantes a tomar decisiones informadas que les permitan alcanzar sus objetivos políticos.
Los gobiernos contemporáneos enfrentan situaciones difíciles. Un buen asesor político debe
mantener un bajo perfil mediático, dominar técnicas de investigación, trabajar en equipo con
autonomía de pensamiento y tener buen olfato político para prever escenarios de conflicto,
riesgo y oportunidad. Estas cualidades permiten reducir errores que podrían perjudicar la
administración y, en consecuencia, a la sociedad.
No obstante, muchos gobernantes tienden a ignorar o desestimar a sus asesores, convencidos
de que “se las saben todas” por provenir de partidos políticos o agrupaciones con fuerte
disciplina interna. Esta actitud contribuye al declive de las capacidades de gobierno en
numerosos países. Sin un cuadro renovado de profesionales altamente capacitados, los
gobiernos seguirán careciendo de un componente esencial: el entendimiento profundo de la
sociedad en un marco regional y global, desde el análisis histórico hasta la simulación
matemática.
¿Por qué la mayoría de los gobernantes no escuchan a sus asesores? El poder suele generar
la ilusión de superioridad intelectual. Desde Napoleón Bonaparte hasta líderes modernos, el
éxito pasado alimenta decisiones cada vez más personales. Además, muchos funcionarios,
temerosos de perder su posición, evitan decir verdades incómodas, distorsionando la calidad
de la información que llega al gobernante.
En la actual crisis Irán–Israel, por ejemplo, Donald Trump, por sus exitos en el pasado, ha
tomado decisiones contrarias a las recomendaciones de asesores expertos en Medio Oriente,
por lad presiónes de Netanyahu y su intuición política. Esto ha generado tensiones internas y
críticas por haber subestimado la capacidad de Irán. Dentro del gobierno, algunos funcionarios
se muestran cada vez más pesimistas por la falta de una estrategia clara para terminar la
guerra. (Vanguardia.com.MX)
Parece que el presidente de EUA, Donald Trump, no tenía un plan pre-establecido para iniciar
un conflicto armado contra Irán; dijo Hegseth que la feroz respuesta de Irán, sorprendió al
Pentágono: “No puedo decir que anticipáramos necesariamente que reaccionarían así, pero
sabíamos que era una posibilidad”; y si sabian que era una posiblidad; ¿Por qué con sus
asesores militares no elaboraron un plan de contingfencia?
Los gobernantes deben comprender que la fortaleza de un Estado no reside únicamente en la
voluntad del líder, sino en la calidad de los equipos que lo rodean. Escuchar a los asesores no
es un signo de debilidad, sino de inteligencia política. La historia demuestra que los gobiernos
que integran voces técnicas y profesionales en sus decisiones logran mayor estabilidad y
legitimidad.
Recomendación a los gobernantes: fomenten una cultura de escucha activa hacia sus
asesores, promuevan la autonomía intelectual en sus equipos y valoren la diversidad de
perspectivas. Solo así podrán construir políticas públicas sólidas, capaces de resistir las crisis y
responder a los desafíos de un mundo en constante transformación.



