
Balaguer: “No tengo compromiso con nadie” Abinader: “Tengo muchos amigos, pero no cómplices”
Durante el gobierno de los famosos doce años (1966-1978) que presidió el ex presidente Joaquín Amparo Balaguer y Ricardo, la corrupción administrativa fue el pan nuestro de cada día. Balaguer, reconoció que en su gobierno se nacieron más de trescientos millonarios producto de la corrupción, a tal grado que dijo: “La corrupción se para en la puerta de mi despacho”. Esos actos junto con otros delitos políticos, provocó la salida de su gobierno.
Cuando regresó en 1986, consciente de los excesos pasados y de la voracidad de empresarios y militares que exprimía el presupuesto nacional, lanzó su advertencia histórica: “No tengo compromiso con nadie”. Fue para presentarse como un gobernante libre de influencias externas —ni empresarios, ni partidos aliados, ni caudillos locales—, dando a entender que sus decisiones eran exclusivamente en función del “interés nacional”; además, por la rampante corrupción provocada por la presión de empresarios corruptores que pululaban dentro del presupuesto nacional con complicidad de muchos funcionarios, tanto civiles como militares.
Balaguer por su estilo y forma de actuar, se granjeó muchos adversarios y enemigos políticos. Comprendió que no podía seguir complaciendo a empresarios inescrupulosos que sangraban los recursos destinados a las clases más necesitadas. En una ocasión, dijo que esos señores, no pensaban en los problemas de los pobres. Decidió darle un giro a su estilo de gobierno, logrando aglutinar a sus adversarios y al entorno de su persona. “Balaguer terminó sin enemigos”
El presidente Luis Abinader Corona, fue electo en 2020 y aceptada su postulación en el 2024. Su primer mandato estuvo marcado por la inexperiencia de muchos de sus funcionarios y por la dificultad de alinear un gabinete disperso en prioridades que, le ha creado muchas dificultades para poner en práctica su programa de gobierno.
Dentro de las dificultades que han frenado parte del programa de gobierno, están las denuncias de Irregularidades en compras y contrataciones; sobrevaluaciones y adjudicaciones cuestionables en instituciones como el Ministerio de Educación, Salud Pública y el Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre (INTRANT), el escándalo en el Ministerio de la Juventud y el informe sobre irregularidades encontradas en SeNaSa.
Se criticó la cercanía del gobierno con grupos empresariales tradicionales, lo que generó la percepción de que algunos sectores seguían beneficiándose de exoneraciones y subsidios de contratos con el Estado ventajosamente vencidos. Estos señores, bloquearon la reforma fiscal que no pudo ejecutarla; en parte por la resistencia de los empresarios a perder privilegios y por el costo político que implicaba.
El presidente Abinader, se vio afectado por casos de corrupción heredados, pero también por irregularidades de algunos de sus propios funcionarios, cuestionamientos por clientelismo y nepotismo, y la influencia persistente de grandes empresarios corruptores, en las decisiones económicas y fiscales. Esto generó el señalamiento de que, aunque hubo avances en transparencia, el cambio prometido quedó a medias en varios aspectos.
Hoy, el presidente enfrenta el mismo dilema que marcó la vida política de Balaguer; la presión de sectores que buscan capturar el Estado en beneficio privado. Por la experiencia vivida, dijo su compromiso con la transparencia y la integridad en la gestión pública al declarar: “Yo tengo muchos amigos, pero no cómplices”.
El reto es demostrar que aquella frase de campaña no quede como un eco vacío. Balaguer se parapetó en el cinismo de que la corrupción se detenía en su despacho. Abinader, en cambio, ha prometido un modelo de gobierno donde los amigos no se conviertan en cómplices.
La historia, como siempre, será implacable. Juzgará si esa promesa queda en un eslogan… o si se convierte en legado
Lic. Luis Ma. Ruiz Pou
15/09/2025



