
A UN AÑO DE LA TRAGEDIA
Por JUAN T H
Lo único que no tiene solución en la vida, es el pasado.
Los hechos nadie puede corregirlos, ni sus consecuencias.
El hecho, desconcertante, doloroso, terrible, penoso y lamentable, es que
el techo de la discoteca se desplomó matando a 236 personas, entre ellas
al destacado artista, mi amigo, Rubby Pérez, como consecuencia del
excesivo peso de la plataforma que la sustentaba.
El hecho cierto, irrefutable, es que la tragedia bien pudo evitarse
cancelando todas las actividades artísticas hasta tanto fueran corregidas
las fallas estructurales, evidentes y comprobables, del centro de diversión.
Es verdad que Antonio Espaillat, su hermana Maribel, incluso su madre,
que siempre asistía a la discoteca no sospechaba que una tragedia tan
espeluznante y macabra, con un saldo de muertos y heridos tan grande,
sucedería, pero también es verdad que, de haberle prestado atención a
los llamados de alerta de los empleados, incluso de algunos artistas, el
hecho no habría ocurrido.
Y hoy, más de un año de los hechos, no estaríamos lamentándolos ni
reclamando justicia en los tribunales.
La gente suele decir que el dominicano pone candado después que le
roban; ahora queremos resolver lo que bien pudo evitarse.
Siempre es mejor preveer que lamentar.
Un nuevo peritaje me resulta innecesario. Las evidencias son
abrumadoras. El peso en el techo provocó su derrumbe matando a más de
236 personas y dejando con lesiones graves a otras 180 a 200, según los
reportes.
¡Asesinato involuntario de 236 personas, no hay duda!
Ningún pariente mío estuvo presente esa fatídica noche, pero si gente
muy cercana y querida como el hijo del ministro de Obras Públicas,
Eduardo Estrella, Eduardo Guarines Cruz (Guaro,) junto a su esposa, la hija
de doña Melba Segura de Grullón, Alexandra Grullón, entre otras víctimas
mortales.
La productora de televisión Alicia Ortega, puso en pantalla un amplio
reportaje sobre el hecho que consternó al país que revivió la consciencia
de todos los dominicanos, que erizada la piel y provocó el llanto de la
mayoría de los televidentes.
Padres, madres, hermanos o hermanas de los fallecidos y heridos
relataban la noche del 8 de este mes. ¡imposible olvídalos! Hay que ser
muy insensible para no sufrir el dolor ajeno, para lo llorar junto a los
familiares de los muertos y los heridos.
Extraño a “Guaro” los lunes en la casa de Hipólito Mejía sentado
amozando, charlando, riendo, hablando sobre sus planes con su joven y
hermosa esposa, Alejandra, de su padre Eduardo Estrella, único hijo varón
del ministro. (Lo menos que pude hacer fue ir a Santiago junto a George
Rodríguez para darle el último y doloroso adiós)
Definitivamente no ha consuelo para los familiares de los muertos. No hay
recompensa que valga la pena, ni acuerdos económicos que alivie la pena
y el luto de los seres queridos que se fueron y de los que aun padecen
lesiones imborrables en sus cuerpos,
Y pensar que todo eso pudo evitarse, con tan solo prestarle atención a las
quejas de los empleados, artistas y público.
Ahora, ¿Qué queda? Evitar que puede producirse un acontecimiento
parecido. Tomas las medidas correctivas. Poner candidatos, vigilar,
impresionar periódicamente los estadios y discotecas, en los teatros,
colmados y colmadones, establecer los aforos correspondientes en los
centros de diversión, no importa quienes sean los dueños ni el poder
político, económico y social que tengan.
¿Qué queda? Que no sea pedir se haga justicia, que se establezcan los
hechos claramente, que no haya injusticia, ni impunidad. ¡la verdad, solo
la verdad!
Después no queda más que recordar a las víctimas, y esperar que no
ocurra nunca más una tragedia como la ocurrida en la discoteca Jet-Set
por negligencia de los dueños, ni de las autoridades, porque, a decir
verdad, el hecho trágico es también responsabilidad de las autoridades
gubernamentales por no estudiar y determinar las estructuras físicas de
los establecimientos de diversión periódicamente, ni vigilar el
cumplimiento de los aforos en todos los centros de diversión.


