
Prestarse a sí mismo para evitar el pago de intereses
La Escuela Económica
@estebandelgadoq
Cuando uno va a adquirir un bien, ya sea mobiliario o inmobiliario, por lo general se
recomienda recurrir al financiamiento bancario. La idea no es mala, pues de esa forma
se evita arriesgar capital, se fortalece la relación financiera y el historial crediticio, entre
otras posibles ventajas.
Pero no todas las personas están en igualdad de condiciones y no todo lo que puede
aparentar conveniente para un segmento poblacional necesariamente resulta igual para
otro. Hay que ver la condición de cada cual en forma individual.
Por ejemplo, para una persona que se dedica a los negocios, que vive de una micro o
pequeña empresa, es más conveniente recurrir al financiamiento bancario para
cualquier tipo de inversión que vaya a realizar, porque siempre va a requerir capital
para hacer negocios y multiplicar ese dinero.
En cambio, a las personas que viven de un salario, es decir, que generan ingresos,
pero no tienen la vocación o la ocasión de hacer negocios para multiplicar el dinero que
les ingresa, lo que más les conviene es adquirir sus bienes procurando el menor
endeudamiento.
El negociante, por lo general ahorra poco, pues utiliza lo que puede ahorrar para
invertirlo y generar más dinero. El asalariado, en cambio, debe tratar de ahorrar lo más
que pueda, pues es su único respaldo en caso de que su ingreso fijo se vea
interrumpido por la pérdida de su empleo o cualquier otra razón.
Entonces, surge la pregunta: si tengo ahorro, ¿me conviene usarlo para comprar el
vehículo que deseo en lugar de recurrir a un financiamiento? La respuesta se divide en
varias opciones. Por ejemplo, supongamos que usted tiene dinero ahorrado y opta por
comprar un vehículo financiado, puede usar el vehículo como garantía, pero la tasa de
interés como quiera resulta relativamente alta y los pagarés algo forzados.
De ahí que, una segunda opción puede ser que usted le tome un préstamo al banco
poniendo como garantía el certificado de ahorro que posee en el mismo banco. Así, la
entidad financiera le pondrá una tasa de interés bastante favorable y con ese dinero
usted puede comprar el vehículo. Mantiene intacto su ahorro, del cual recibe un
rendimiento, al tiempo que paga una tasa de interés baja por el préstamo que tomó,
porque el mismo certificado de ahorro que le genera ingreso, es a su vez, la garantía
del préstamo.
La tercera alternativa, en caso de ser una persona disciplinada con sus hábitos de
ahorro y de pago, es que usted “se preste a sí mismo”. Esto consiste en que usted se
puede prestar parte del dinero que tiene ahorrado, usarlo para comprar el bien deseado
(en este caso un vehículo) y programar un plazo y unas cuotas de “auto saldo del
préstamo”, con lo que se estaría financiando “sin intereses” hasta reponer en cuotas
mensuales el monto total del ahorro que usó para adquirir el vehículo.
Pero, repito, para usted concederse un autopréstamo, tiene que poseer la suficiente
disciplina y fuerza de voluntad para respetarse a sí mismo y pagarse religiosamente
cada cuota mensual, sin interrupción, hasta saldar por completo el préstamo que usted
mismo se tomó.
En mi caso, una vez hice eso para comprar una “yipeta” nueva. Recuerdo que costaba
1.5 millones; yo no deseaba financiarla con intereses, por lo que tomé ese monto de
mis ahorros que, por supuesto eran más del doble de ese monto, y me lo presté (nunca
tome lo único que tiene ahorrado para hacer esto).
Decidí pagarme el préstamo en un plazo de tres años, sin intereses, por lo que cada
mes me depositaba un pago de 40,000 pesos durante 36 meses, y completé el monto
que yo mismo me debía.
Si hubiera optado por un financiamiento, con una tasa fija de 10% anual (estaba mucho
más alta en ese tiempo), habría terminado pagando entre 1.75 y 1.95 millones al cabo
de los 36 meses de plazo. Pero, todo depende, hay personas que les gusta
endeudarse y hay otras a las que no les agrada la idea de tener que pagar cada mes
por un financiamiento.
Para los fines de este artículo, no pretendemos mostrar el autopréstamo como la
opción ideal de financiarse, sino como una de las alternativas que existen. Al final, cada
cual, con base en sus condiciones económicas (fuentes de ingresos, ahorro
acumulado, disciplina, condiciones de financiamientos, entre otros aspectos) podrá
considerar la alternativa que más le conviene.



