
Mejor precio no siempre es el más bajo, sino el que se puede pagar
Esteban Delgado
@estebandelgadoq
Muchos consumidores, es decir, nosotros, las personas comunes y corrientes que cada día
requerimos de bienes y servicios para nuestra cotidianidad, incurrimos en la tentación de
comprar algún producto cuando sabemos que está en oferta. Incluso, adquirir un bien por un
precio mucho más bajo que su valor real en el momento se considera una oportunidad.
Sin embargo, en ese proceso, muchas veces se pierde de vista el hecho de que posiblemente
el artículo en oferta usted no lo necesita y ni siquiera había pensado en comprarlo, pero como
está en precio de “ganga” decide adquirirlo.
Otras veces ocurre lo contrario, cuando hay un artículo que usted realmente necesita, pero
cuando decide comprarlo se encuentra con que el precio está relativamente algo, no está en
oferta y por eso decide no adquirirlo, aun teniendo el dinero disponible.
Pero ¿qué es lo más conveniente? Veamos un ejemplo. Juan (nombre ficticio) necesita una
nevera. Va a la tienda y se encuentra con una cuyo valor normal es de 60,000 pesos, pero que
en ese momento está en oferta por 45,000. Juan tiene en su bolsillo 30,000 pesos y decide dar
un “tarjetazo” de 15,000 pesos para completar el monto necesario.
Ahora Juan tiene su nevera, pero no tiene ni un centavo en efectivo y carga con una deuda de
15,000 pesos en su tarjeta de crédito sobre la cual debe pagar intereses algos si decide
financiarla o buscar ese capital en el mismo mes para saldarla por completo y evitar cargos.
Al cabo de dos meses Pedro (también nombre ficticio) tuvo una necesidad similar, salió a
comprar una nevera y se encontró con el mismo modelo de la que compró Juan, solo que el
precio en ese momento era de 60,000 pesos y sin descuento. Pedro tenía en ese momento
70,000 pesos disponibles y decidió comprar la nevera. Ahora Pedro tiene su nevera, mantiene
un monto en su cartera de 10,000 pesos y está libre de deudas.
La pregunta aquí es: ¿quién compró la nevera más cara Juan o Pedro? Seguro muchos dirán
que Juan, porque la consiguió en 15,000 pesos menos, mientras Pedro pagó 15,000 pesos más
que Juan. Sin embargo, resulta que, dada la disponibilidad de dinero de cada uno en su
momento, Juan se quedó sin dinero y con una deuda al adquirir la nevera a menor precio,
mientras que Pedro no incurrió en deuda y le sobró algo de dinero aun cuando compró la
nevera a un precio mayor.
Por tanto, desde el punto de vista de la condición en que quedó cada comprador, se puede
determinar que quien hizo la menor compra fue Pedro, porque adquirió un bien, al precio que
sea, pero un precio que él podía pagar. En tanto que Juan adquirió un bien, a un precio menor,
pero que no estaba en condiciones de pagar en ese momento, por lo que, a la larga, le salió
más caro el producto, aun cunado lo compró más barato.
Lo anterior es solo una invitación a considerar varios aspectos: primero, nunca compre un
artículo sin necesitarlo por el solo hecho de que está en oferta o de que se sintió atraído por el
deseo más que por la necesidad. Segundo, si realmente necesita el artículo, no se deje seducir
por la oferta de descuento si eso le implicará endeudarse para adquirirlo, pues estaría cayendo
en un costo mayor sin darse cuenta. Lo ideal, en ese caso, es comprar el producto que usted
necesita y cuyo precio esté acorde con su poder adquisitivo. Tercero, si realmente necesita un
artículo y, además, usted cuenta con el dinero para pagarlo, no se limite por el hecho de que
esté en un precio alto o que no esté en oferta. Al final, usted no lo estará comprando caro si
tuvo el dinero suficiente para adquirirlo al precio del momento sin incurrir en deudas
adicionales.
Los artículos son caros o baratos, pero esa relatividad de precios solo tendrá efectos positivos
si quien los adquiere tiene la posibilidad de comprarlos sin incurrir en sacrificios adicionales. Y
tener el dinero disponible para adquirirlo no implica ser rico o pobre, sino mantener una cultura
de ahorro con el propósito de conseguir lo que realmente se necesita y no lo que se desea sin
necesitarlo.



