
EL ESTADO ANTE EL SISTEMA JUDICIAL
Es de suma importancia conocer aquí las funciones de cada ente envuelto en este proceso, ya que a cada uno le corresponde ponderar en si sus funciones, pero uno de ellos es el responsable de hacer que el otro sea eficiente en funcionamiento de sus obligaciones.
Por ellos, quisiera remontarme un poco a la historia judicial por así decirlo, y tomando como referencia al Ilustre penalista neogranadino JUAN FERNANDEZ CARRAQUILLA señaló en un texto de su autoría una figura que denominó Eficientísimo Judicial y expresó palabras más – palabras menos- que esto acontece cuando el Estado encarcela personas para dar una muestra de que está trabajando y de que está luchando contra la delincuencia. Que esa es la justicia de las calles- aquellas que quiere un culpable para todo evento criminal.
Es necesario conocer aquí en esta parte otra opinión de otro letrado nuestro, el cual en ningún momento ha tratado de emular a dicho profesional del derecho Colombiano, el profesor y litigante nuestro Duarte Canaán expone en su última obra ‘’Los Jueces del Miedo’’, que ‘’cuando hay mucha sangre en la calle alguien debe ir a prisión’’ e incluso deja escrita una infame frase que aquellos que tenemos un rato transitando por esos caminos del ejercicio del derecho penal hemos escuchado en los pasillos de los Circuitos Judiciales Latinoamericanos más de una vez- ‘’que sea la Corte de Apelación que ordene su libertad’’. Muchas, bastante, demasiada razón tiene el togado isleño Duarte Canaán cuando expresa que ‘’la higienización moral de una sociedad no está contemplada como una de las tareas asignadas a la judicatura nacional’’. (Prólogo a la obra de Duarte Canaán, por el Doctor José Luis Vegas Roche. Maestro de Litigación Oral Penal, Derecho Procesal Penal y Derecho Penal de la Universidad UNIN. Cuernavaca /Estado de Morelos/ México. Enero 15/2024.
No es al juez a quien le corresponde capacitar en principios, valores, ética, moral y deontología. Al juez solo le corresponde juzgar hechos y es por ello que no debe convertirse en una especie de vengador. Es el Estado y no la judicatura el que debe implementar políticas públicas que minimicen los índices delictivos, es el Estado y no la judicatura el que debe sembrar escuelas, canchas deportivas, estadios de béisbol, teatros, conservatorios de música, bibliotecas y mucho más en su territorio; es el Estado y no la judicatura el que debe crear fuentes de empleo para sus sociedad. En ningún caso el Poder Judicial puede suplir las deficiencias del Estado.
Un punto sumamente importante en la actualidad y magistralmente abordado en la obra se refiere a la nocividad de las redes sociales en la administración de justicia. En ellas la mayoría de las veces se imputa, acusa, juzga y condena a las personas sin haber leído quien opina ni una sola hoja del expediente. Pero lo peor de todo esto es que algunos administradores de justicia se hacen eco de lo que allí se publica atentando incluso contra la privacidad e intimidad personal, la propia imagen, todo ellos amparado supuestamente en la libertad de expresión. (Ibídem, página 12).



