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Opiniones

Vida, huellas, muerte y la importancia de la paz

Por Venecia Joaquin

A veces me detengo a pensar en lo que significa la vida, a veces en lo que significa la muerte; pienso en una y en otra; las interrelaciono; las cuestiono, especialmente, cuando conozco de algún ser querido que ha dejado de existir.

Pienso que la VIDA es una estadía en tránsito; como un lugar donde llegamos de vacaciones, por tiempo limitado; donde debemos ser juiciosos, para conocer, disfrutar, aportar y tratar de dejar la mejor impresión, por si acaso regresamos. La vida puede ser agradable, fácil de vivir, si la llevamos con soltura y naturalidad; se complica cuando nos extralimitamos en la búsqueda de recursos materiales, cuando se desborda la ambición y se angustia el espíritu. Muchos no entienden, que la esencia, la clave del bien vivir, el tesoro más valioso, está dentro de cada persona, son los valores y principios que la rigen, es ¡la paz espiritual!

 Durante nuestra estadía en la vida, productos de las acciones del diario vivir, dejamos HUELLAS. Podemos dejar huellas grandes y profundas que calan en el alma de la humanidad; huellas imborrables, memorables, que se dejan establecidas en la sociedad; huellas simples que algunos no captan o se empeñan en borrar; huellas que con el tiempo presentan su inmensidad. En fin, hay huellas por doquier; de personas que están o de quienes se fueron, murieron.

La MUERTE, indiscutiblemente, es un adiós a la vida; un viaje, sin regreso, hacia lo desconocido. Debemos buscar lo más saludable de la existencia, para gozarla plenamente sin hacer daño y al morir, llevar con nosotros, el mejor equipaje: paz espiritual. Quizás a eso nos detuvimos, a buscarlo; tal vez lo necesitemos en ese otro viaje sin retorno.

La vida y la muerte; comienzo y final; alegría y tristeza; lo conocido y lo desconocido; dinamismo y estancamiento. En fin, ¿qué hacemos en el tránsito de la vida a la muerte? ¡dejar huellas!!, Solo quedan recuerdos, enseñanzas; procede dejar lo mejor; amar, luchar en buena lid, acomodar el ambiente para el mejor disfrute, para prolongar la estadía, enseñar con orgullo nuestras huellas por si le son de utilidad. La clave está en tener el alma, el espíritu en paz; tener el YO interior tranquilo; eso lo da la humildad, la honestidad, el compartir con los demás, lo poco o mucho que tenemos; es la gran riqueza de la vida; es lo único que impide sentir miedo por la muerte; por el adiós definitivo. 

El mundo sigue; otros buscaran nuestras huellas, las evaluaran, las conservaran o borraran. Indiscutiblemente, vida, huellas, muerte, es un esquema que no cambia. La vida ¿para dejar huellas o para equiparnos?, la muerte ¿hacia dónde nos conduce que nada necesitamos llevar? Es obvio, que, para cualquier escenario, el mejor equipaje, de uso múltiple y adecuado, que llena de alegría y seguridad, el más recomendable es llevar paz espiritual, producto de ser humilde, honesto y compartir con los demás.

En esta oportunidad, me he concentrado en el ser humano, su vida, huellas y muerte, pero no he podido dejar de pensar en quien fue su creador y  del universo, donde vive; es un mundo tan inmenso, que solo puede ser, una fuerza sobrenatural, milagrosa, prodigiosa, invisible, inimaginable, ¡Dios! –

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