
La guerra de inversiones era inminente (EE.UU. versus Europa, Asia y Medio Oriente)
Por Emiliano Reyes Espejo
Todos la veían venir. La guerra de inversiones, comerciales y forcejeos diplomáticos era inminente en América Latina y el Caribe. Los campos de batalla y los pretextos surgían como causas visibles ante la vista de cualquier observador, no había que ser un experto en el tema.
Los gladiadores estaban prestos, armas a manos para la gran batalla. Por un lado, inversionistas de Estados Unidos versus capitales de Europa, Asia y del Medio Oriente.
La seguridad nacional de Estados Unidos fue blandida como argumento para justificar la adopción de medidas puntuales que, en el trasfondo de la cuestión, buscan garantizar y proteger las inversiones de grandes capitales estadounidenses en la región.
La situación había sido advertida en la entrega de un trabajo anterior. Aprecié entonces que, en el entramado de su nueva estrategia regional, Estados Unidos encararía a las inversiones que, de manera sostenida, realizan capitales europeos, asiáticos y de otras latitudes en el inexplotado mercado de América Latina y el Caribe.
El giro estratégico que dio la administración del presidente Donald Trump a la economía regional hacía previsible la actual situación. Todo ha estado bastante claro, la política económica del mandatario se aplica, sin ambages, en término económico y político. En el nuevo enfoque se enseñorean los principios de “América Primero” y “Volver a hacer Estados Unidos grande otra vez”.
EE.UU. mayor inversionista
Según datos recopilados sobre las inversiones extranjeras en la región, “Estados Unidos se mantiene firmemente como el mayor inversionista extranjero en América Latina y Caribe en todos los indicadores clave”. Un análisis del Atlantic Council precisa, asimismo, que “el sector privado estadounidense lidera de forma consistente la inyección de capital en la región, superando significativamente el rápido avance de competidores globales como China”.
En tal sentido, el monto anual de inversiones estadounidense en la región “promedia $28,700 millones de dólares al año en nuevos proyectos”, y mientras “Estados Unidos mantiene este flujo constante de casi $30,000 millones de dólares anuales, China, por ejemplo, promedia alrededor de $13,100 en los registros recientes de flujos económicos hacia la región”.
La inversión estadounidense es, no sólo incomparable sino también imparable. Crea un 65% más de puestos laborales directos por cada $1,000 millones invertidos, en comparación con los capitales que invierten las corporaciones chinas y un 22% más respecto con el capital de la Unión Europea.
Tenemos igualmente que el 70% de todo el capital privado estadounidense invertido en la región se concentra en México, Brasil y Guyana. En los dos primeros países lo hace por sus mercados y desarrollo industrial, en tanto en esta última, la pequeña Guyana, “debido a su reciente auge y masivas reservas de petróleo”.
La inversión estadounidense en la región está dirigida mayormente a la “manufactura tradicional, seguridad nacional y la sostenibilidad”, sectores dinámicos vinculados a la transición energética y explotación petrolífera en el Caribe, centros de datos globales, redes de conectividad y tecnología en la nube, minería, embotelladoras, logística de alimentos y plantas automotrices avanzadas.
Consolida inversiones en RD
En lo que respecta al país, Estados Unidos no solo ha reforzado su presencia política y diplomática en nuestra nación, sino que, además, ha intensificado sus inversiones directas en la economía, con lo cual nos perfila como un crisol estratégico en el cambiante escenario de las naciones del Caribe.
Según datos de fuentes económicas, “Estados Unidos se mantiene firmemente como el principal inversor extranjero en la República Dominicana, consolidando un stock acumulado de Inversión Extranjera Directa (IED) que supera los US$9,352 millones entre 2015 y 2024”.
Toda inversión extranjera realizada en el marco de la seguridad jurídica que otorga la Ley 16-95 de Inversión Extranjera nos favorece grandemente, sobre todo si proviene de una nación altamente desarrollada como Estados Unidos y con la cual nos une una histórica relación económica que se ensancha con los años.
Según el Ministerio de Relaciones Exteriores (Mirex) “el dinamismo de este flujo de capitales ha permitido que la República Dominicana supere por primera vez el hito de los US$5,000 millones en IED total durante el año 2025, una cifra estrechamente ligada al modelo exportador dominicano y su conectividad directa con el mercado estadounidense”.
En ese tenor, se destaca que el capital norteamericano abarca múltiples renglones de la economía dominicana, especialmente en zonas francas, en las cuales operan más de 226 empresas bajo este régimen (32.75% del total del sector).
La inversión de capital estadounidense lidera en las zonas francas “la manufactura de dispositivos médicos, textiles y componentes electrónicos”.
También, se registran inversiones millonarias en cadenas hoteleras de renombre, complejos residenciales de lujo y desarrollo de infraestructuras de entretenimiento, concentradas en polos como Punta Cana y Miches. Asimismo, tenemos inversiones USA en financiamiento y operación de proyectos de generación eléctrica tradicional y en energía renovable (solar y eólica), además de que “se ejecutan estrategias para insertar al país en la cadena global de ensamblaje, empaque y prueba de microchips”.
No obstante esa avalancha de inversiones de capitales gringos, Estados Unidos recela de la presencia en el país de capitales chinos, europeos, rusos y de otras naciones.
Los rusos, en tanto, muestran un mayor interés en invertir en República Dominicana, especialmente en el sector inmobiliario de lujo, proyectos turísticos en Cap Cana y Punta Cana, y pequeñas empresas de servicios comerciales, experimentando un renovado impulso en este 2026. “A pesar de los desafíos logísticos causados por las sanciones globales y la suspensión temporal de vuelos directos, Rusia cataloga al país caribeño como un socio estratégico clave en la región de América Latina”.
Estalla la diatriba
El interés de los chinos y los rusos de invertir en nuestro territorio ha creado un panorama de diatriba diplomática y una situación compleja que pone “entre la espada y la pared” al gobierno del presidente Luis Abinader y a sus instituciones llamadas a atraer capitales para fomentar las inversiones en el país.
Este hecho que mueve efusivamente la coctelera diplomática del país, parte del rechazo estratégico mostrado por nuestro socio principal, Estados Unidos, evita que se acepten en República Dominicana determinadas inversiones provenientes de las citadas naciones.
La prensa local acaba de hacerse eco de esta disputa, centrada esta vez en las inversiones chinas en el campo tecnológico. “La Embajada de Estados Unidos abrió un nuevo frente de inconformidad con China en República Dominicana al señalar a seis de sus principales empresas tecnológicas como un riesgo de espionaje, ataques informáticos e interrupción de redes, una acusación que provocó ayer una enérgica respuesta de la representación diplomática china, que la calificó de “pura invención”, “intimidación tecnológica” y “coacción unilateral”, destaca una crónica de la Redacción del periódico impreso Diario Libre.
Washington se refirió específicamente a través de su Embajada a las empresas chinas Huawei, Hikvision y Dahua, las cuales, según reseña Diario Libre “han suministrado equipos de tecnología o servicios utilizados por empresas de telecomunicaciones e instituciones públicas del país”.
¿Afectará esta posición de Estados Unidos la política para atraer inversiones que tiene República Dominicana? ¿Forzará el gobierno la salida del país de capitales chinos?
No cabe dudas de que la actual situación que se ha presentado, y que como he dicho advertí que vendría, causa preocupación e incertidumbre en los campos diplomáticos y de inversiones del gobierno del presidente Abinader. ¿Cederá el gobierno dominicano ante las presiones de Washington?
Se detuvieron otras inversiones
Sectores empresariales han señalado que además de las presiones actuales para sacar dichas inversiones chinas, ya antes el gobierno había frenado capitales del país asiático porque, según se ha alegado, pueden afectar la seguridad nacional de Estados Unidos. El gobierno ha tenido que mediante recursos diplomáticos evitar que vengan a Dominicana más capitales de la República Popular de China.
Se refieren a inversiones para explotación minera, en el Puerto de Manzanillo y para la instalación de torres de telecomunicaciones, una industria, esta última, en la cual los capitales chinos tienen el liderazgo a nivel mundial.
Las disputas frenar las inversiones de China en la región, comenzaron a sentirse ahora aquí, pero ya este pleito económico y diplomático se ha estado librando en Panamá, Perú, Cuba, Bolivia, Argentina y otras naciones de América Latina.
En Cuba, los capitales europeos huyeron raudos de allí para evadir sanciones estadounidenses. La situación ha sido aprovechada por China para que sus empresas se afiancen en este pequeño, pero estratégico mercado, donde realizan inversiones masivas en los sectores de energía (eólica y plantas solares) , transporte y exploración petrolífera, entre otros.
¿Frenará la actual situación el flujo de capitales de inversión en la región? Ahora es con los chinos, pero no se puede ignorar la presión diplomática y amenazas de sanciones que padecen también los inversionistas europeos y del Medio Oriente. ¿Definitivamente somos ya el “patio trasero” de Estados Unidos?
*El autor es periodista.



