
Rosa, María y la violencia de género “financiera”
María es el nombre ficticio de una amiga que, con esfuerzo propio y de su familia, se hizo profesional, consiguió un buen empleo, ha ahorrado para comprar un apartamento y lleva una disciplina admirable en sus finanzas personales.
Sin embargo, ella se concentró más en su superación profesional que en las intenciones de verse atractiva y de conquistar hombres en su juventud. Así llegó a los 32 años, algo pasada de libras y sin mucho atractivo físico, pero con la formación de una mujer ideal para una relación formal.
Una vez, compartía con unas amigas en un cumpleaños cuando se le acercó José, también nombre ficticio, y comenzó a cortejarla. Ella se sintió elogiada, atraída y emocionada. No desconfió y poco a poco ambos cultivaron una relación. Al cabo de unos meses comenzó a enterarse de que José, ahora su novio, tenía una cantidad grande de deudas, vivía “arrimado” en casa de una tía y trabajaba en un call center. Había dejado los estudios universitarios y tenía dos hijos con dos mujeres, uno de ellos de apenas dos años de nacido. Pero había algo que para él era “su niña linda”, un vehículo marca Honda Fit, que cuidaba como si fuera un bien sagrado.
En medio de sus “líos financieros”, le propuso a María que le sirviera de codeudora para un préstamo de RD$400,000 con cuyo dinero pretendía hacer una consolidación y saldar todas sus deudas de tarjetas de crédito, préstamos informales y otros compromisos. Ella accedió sin preguntar. Pero él le dijo que el banco no le prestaba, ni siquiera con codeudor, debido a que su historial crediticio estaba muy deteriorado. Ella, confiada en este hombre que creía conocer, sin conocerlo, accedió a tomar el préstamo por su cuenta y le entregó a los RD$400,000 para que saldara las deudas.
Al cabo de unos meses, ella ve que él no le está aportando la mensualidad de la cuota del préstamo, le hace el reclamo y él le responde que no puede pagarlo porque todavía tiene deudas. Sí, las mismas deudas que se supone iba a saldar. En realidad, no saldó nada, gastó el dinero y luego no pagó las cuotas que pesaban sobre ella. Cuando ella insistió en reclamarle, la relación comenzó a deteriorarse, él comenzó a decir que ella no confiaba en él, que ella es una desconsiderada. El fin, la engañó económicamente y la maltrató emocionalmente, tanto que la relación se terminó y ella quedó frustrada por la decepción amorosa y afectada por una deuda que debe pagar.
A Rosa, en cambio, le pasó casi igual, pero distinto. Con las mismas condiciones de María (profesional, con disciplina y estabilidad financiera, pero con poco atractivo físico) entabló una relación con Juan, quien, al igual que José, era un individuo seductor, pero desorganizado en sus finanzas, con muchísimas deudas y, casualmente, con un carro Mazda Demio, valorado en alrededor de RD$500,000, que era su “niña linda”.
Juan le planteó lo mismo a Rosa: que le prestara RD$450,000 para saldar todas sus deudas y que se encargaría de cubrir las cuotas mensuales del préstamo bancario. Debía ser a nombre de ella porque, ¡qué casualidad!, él tampoco calificaba para un préstamo por su pésimo historial crediticio.
Rosa, que no confunde el amor con la razón -y aquí está lo distinto-, lo consultó primero con su papá, aunque le dijo que tenía la intención de ayudarlo. Su padre, entonces, le dijo que accediera, pero con una condición que si él rechazaba sería una muestra de que sus intenciones son malas y que ese no es el hombre adecuado para ella.
Rosa le dijo a Juan que sí, pero con la condición de hacer un acto de venta del carro para traspasar la matrícula a su nombre, aunque siguiera con el vehículo. Si incumplía en el pago de las cuotas dos meses seguidos, ella procedería a quitarle el vehículo y venderlo para saldar el préstamo.
La reacción de Juan fue de “indignación”, le dijo que eso era desconfianza y que ella no estaba considerando su situación. Ahí ella recordó lo que le había dicho su padre: si no acepta, es muestra de que no tiene buenas intenciones y de que no es el hombre adecuado para ti.
Rosa terminó la relación, se sintió un corto tiempo decepcionada, pero se recuperó emocionalmente y con más fuerza. Distinto que María, quien sufrió mucho por el engaño emocional y económico que aun padece. ¿Quién quieres ser tú, María o Rosa?
La Escuela Económica
Esteban Delgado
@estebandelgadoq



