
La desinformación en la República Dominicana
La profunda desinformación también impide la cohesión social, generando fragmentación que aleja los proyectos comunes y el sentido de pertenencia
Esto representa un peligro significativo que va más allá de la simple difusión de
falsedades. Según las fuentes, uno de sus impactos más perniciosos es su capacidad
para desviar la atención de la población de los problemas cruciales que requieren su
escrutinio y seguimiento. Esto erosiona el debate público informado y la fiscalización
ciudadana.
Este fenómeno opera creando cortinas de humo o narrativas distorsionadas que
capturan el interés y la preocupación del público, relegando a un segundo plano
asuntos de importancia fundamental para el desarrollo social, económico y político del
país. La desinformación puede ser utilizada estratégicamente para manipular la opinión
pública, generar pánico, polarizar a la sociedad e, incluso, influir en procesos
electorales.
Los mecanismos mediante los cuales la desinformación
desvía la atención incluyen:
1. Creación de crisis artificiales o exageradas:
Al magnificar ciertos eventos o inventar amenazas, la desinformación puede consumir
el ancho de banda informativo y la preocupación ciudadana. Esto deja poco espacio
para la discusión de problemas preexistentes o emergentes, como la corrupción…, la
calidad de los servicios públicos (salud, educación), la seguridad ciudadana en sus
dimensiones reales…, la desigualdad económica… o los desafíos medioambientales….
Un ejemplo es el video manipulado con inteligencia artificial.
2. Manipulación emocional:
Las noticias falsas a menudo apelan a emociones como el miedo, la indignación o la
esperanza infundada para asegurar su viralización. Esta carga emocional dificulta el
análisis racional de la información y lleva a la ciudadanía a enfocarse en debates
estériles o en la defensa de posturas basadas en premisas falsas.
3. Erosión de la confianza:
La constante exposición a información contradictoria y falsa socava la confianza en las
instituciones (democráticas, gubernamentales), en los medios de comunicación
tradicionales y en los liderazgos. Esta desconfianza generalizada puede generar apatía
o cinismo, llevando a los ciudadanos a desconectarse del acontecer nacional y de su
rol en la exigencia de soluciones a los problemas reales.
4. Deslegitimación de reclamos genuinos:
Las campañas de desinformación pueden ser utilizadas para desacreditar movimientos
sociales, denuncias de corrupción o críticas fundadas contra actores de poder. Al
etiquetar estos reclamos como "noticias falsas" o "campañas de descrédito", se busca
neutralizar su impacto y desviar la atención de las problemáticas que señalan.
5. Enfoque en lo trivial o lo políticamente conveniente:
Los creadores y propagadores de desinformación pueden tener interés en que la
discusión pública se centre en temas superficiales, escándalos fabricados o narrativas
que favorecen a determinados grupos políticos o económicos. Esto asegura que los
problemas estructurales que requieren atención sostenida y soluciones complejas no
reciban la prioridad necesaria en la agenda pública y mediática. La distorsión
mediática tras el colapso del techo de la discoteca Jet Set, con especulaciones sin
fuente verificada, es un ejemplo donde la inmediatez y el entretenimiento para el
algoritmo eclipsaron la tragedia real.
Cuando la población no está enfocada en los problemas reales, se debilita la capacidad
de la sociedad para exigir rendición de cuentas y para participar de manera efectiva en
la toma de decisiones. La desinformación obstaculiza la formación de una opinión
pública bien fundamentada, esencial para el funcionamiento saludable de la
democracia. Si la ciudadanía está distraída o engañada, es menos probable que exija
mejoras en áreas críticas como la justicia, la transparencia administrativa, la protección
del medio ambiente o el desarrollo económico inclusivo. El efecto acumulativo de un
ecosistema informativo contaminado es la dispersión del enfoque cívico.
La desinformación, junto con la polarización social, agrava la gobernabilidad,
dificultando respuestas efectivas ante los desafíos. La profunda desinformación
también impide la cohesión social, generando fragmentación que aleja los proyectos
comunes y el sentido de pertenencia.
Pavel De Camps Vargas
Analista de Redes Sociales | Especialista en Social Listening y Manejo de Crisis Digital
Consultor en IA y Verificación de Noticias | IT Manager
Presentador de ‘El Futuro en un Click’



