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Haití, en la continuidad del trance que gusta al Departamento de Estado

Haití sigue viviendo el trance desgraciado en que desde la eternidad lo han mantenido las extrañas potencias apoderadas del mundo en sus debilidades, hoy, visiblemente representadas por norteamericanos, franceses y canadienses, y el Core Group.

Son las fuerzas que históricamente han ignorado la independencia de los haitianos, nacida de una revolución contra la esclavitud de los negros desarraigados de África y asentados en esa media isla por poderes inhumanos.

En una reciente aparición en los medios del presidente Luis Abinader, éste razonó que, “el gobierno de los Estados Unidos está desconcertado por la situación de crisis que impera en Haití”. Y sugería la adopción de una “hoja de ruta, haciendo comparaciones de lo de Haití con lo ocurrido en Somalia, en lo que se refiere a las bandas armadas. “Somalización”, fue el término que utilizó.

El eco de la voz de Abinader grita ante la inteligencia del Departamento de Estado norteamericano que se muestra enredada en la madeja que sirve de base al misterio de la violencia en Haití.

Para entender el vacío de poder existente en Puerto Príncipe, hay que buscarlo en el asesinato de Juvenal Moïse, el último presidente que tuvo esa nación. Así se llega a las causas de que en la actualidad en Haití haya un primer ministro, un gobernante inútil que no gobierna.

Ariel Henry, un primer ministro de un país inexistente para sus fines, pero que el Departamento de Estado, el gobierno norteamericano, pide calma tras las protestas incendiarias que exigen que se largue, ya. El y los norteamericanos dicen que no se va, y entonces, no pasa nada.

Las movilizaciones contra el gobierno son frecuentes en Haití
Las movilizaciones contra el gobierno son frecuentes en Haití

En Haití, dicen que no hay gobierno, pero le exigen que renuncie un Primer Ministro. Mientras se pasa por alto que, por iniciativa de Ottawa, Canadá, desde 2003 se creó el grupo CORE, formado por Francia, Estados Unidos, Canadá, la Unión Europea, Alemania, Brasil y la Organización de Estados Americanos (OEA). Y ese grupo es quien gobierna Haití, desde 2004, especialmente después del terremoto del 2010.

Washington siempre ha sido, al menos en los últimos años, un poco el poder tutelar en Haití a través del Core Group, y el grupo de embajadores de Alemania, Brasil, Canadá, España, Estados Unidos, Francia, Unión Europea, la Organización de los Estados Americanos y el representante especial del Secretario General de las Naciones Unidas.

Guy Philippe, un delincuente consumado, se pasea al frente de la turba, dando la mano al tigueraje callejero, y afirmando: » Yo Prometí que estaría en Puerto Príncipe. Los periódicos que nadie lee, publican en letras grandes que “el país camina sobre una hoja de afeitar”.

Desde 2021, no ha habido elecciones, las bandas, a las que los americanos, la ONU, la OEA, y todos, atribuyen la mayor maldad, han ampliado su influencia. La crisis humanitaria y social empeora, y la misión de seguridad de Kenia, pedida por el inútil Hanry, tarda en llegar desde África, la madre patria y la nueva ironía.

Todas las intervenciones extranjeras en Haití, las siguen exigiendo el Core Group y Estados Unidos, incluidas la triste y trágicamente célebre MINUSTAH, hasta la actual demanda de soldados kenianos, autorizada ya por la ONU. La jugada de las tropas de los kenianos en Haití es el resultado de un acuerdo firmado con los estadounidenses, quienes están dispuestos a pagarla.

Eric Stromayer, actual Encargado de Negocios estadounidense en Haití, como legal representante del Imperio, insiste en el mismo mensaje:  el «apoyo inquebrantable de Estados Unidos» al Primer Ministro Henry. Dialoguen con él como Jefe de Gobierno. Y repite: «Ariel Henry se marchará, después de las elecciones, única manera posible de poner fin a esta transición que ha durado demasiado”.

Eso fue lo que se acordó con el Comité de Seguimiento de la resolución del congreso nacional de Juana Méndez, celebrado del 14 al 21 de enero de 2024. Pero, ahora, ese comité propone, instalar un ejecutivo de transición provisional bicéfalo, compuesto por un presidente del Tribunal de Casación. Debe ser elegido entre jueces regularmente designados y cuya formación no esté sujeta a dudas. Se elegiría un Primer Ministro en consulta con las fuerzas políticas, la sociedad civil y el sector empresarial privado. Estos últimos deberán tener buena reputación, moralidad, competencia y experiencia comprobada. Y bla, bla, bla.

Como rutina, entre medidas de precaución, lo que queda de la Embajada norteamericana, insta a las personas a evitar la zona de los desórdenes; evitar manifestaciones y grandes concentraciones de personas; no cruzar controles de carretera; y si encuentran un obstáculo en la carretera, dar la vuelta y trasladarse a una zona segura.

Guy Philippe, ex comisario de la policía haitiana, retornado a Haití por Estados Unidos, tras un carcelazo de seis años, como narcoterrorista confeso, como guerrero inflamado, lidera, ahora, el desorden callejero. Y no se inmuta por competir fueros con las bandas armadas.

Parte de la población que encabeza Philippe, exige que el inútil actual gobernante Ariel Henry, debe desalojar el Poder, ya que no cumplió el compromiso pactado de convocar elecciones el 7 de febrero del 2024.

Ya, en 2004, Philipe dirigió el golpe contra el presidente Jean Bertrand Aristide, presidente electo de entonces, apoyado por militares y los intereses de Estados Unidos.

Políticos haitianos ya dicen que todo se trata de «una alianza entre narcotraficantes, bandas y políticos”. Lo que se dice desde Washington es que altos funcionarios de la Casa Blanca y parlamentarios están trabajando para encontrar una solución política haitiana.

Varios partidos políticos no esconden su patrocinio de los últimos tres días de desórdenes en Puerto Príncipe y todo Haití, después de más de 30 meses en el poder Henry.

Ha surgido un fenómeno obviado hasta ahora. En el mismo se esconde la fortaleza de Henry: más de 500 soldados de FAD’H (Fuerzas Armadas de Haití) reorganizadas por oficiales norteamericanos, están protegiendo la seguridad del inútil primer ministro que las calles no quieren.

Una familia huye en una motocicleta para salvarse del fuego

Unas FADH que están actualmente interdictas de participar en las operaciones, para evitar enfrentamiento con los bandidos que vigilan el país, en complicidad con la Policía Nacional de Haití provocan un debate enardecido como presencia de militar en el equipo de seguridad personal de Henry, quien se beneficia actualmente de la protección de al menos 90 soldados. Una situación que aviva los interrogatorios y las críticas a la población, en el momento en que las FADH, en principio encargados de la seguridad nacional,

Se teme que, en medio de los desórdenes callejeros, para agravarlos, se produzca un sangriento enfrentamiento fratricida entre la Brigada de Áreas Protegidas (BSAP), en las que se guarece el delincuente Phiilipe, la Policía Nacional de Haití (PNH), inútil como cuerpo, las Fuerzas Armadas de Haití (FADH), las pandillas y posibles mercenarios, de los que se habla en Haití.

El actual Comandante en Jefe de las FADH, ciertos Oficiales del anodino Alto Mando Militar (¿?) y todos los soldados desmovilizados de la BSAP son miembros de la Asociación Militar Haitiana.

La Iglesia Católica, amarrada con el Estado haitiano mediante un Concordato nacido a raíz de la fundación de Haití, hoy agrupada en la Conferencia Episcopal de Haití o Conferencia Episcopal Haitiana está llamando a las autoridades a poner fin al sufrimiento de su pueblo. Los obispos católicos haitianos se dirigieron enérgicamente a Ariel Henry, para que “tome conciencia de la gravedad de la situación actual”.

A los dominicanos corresponde estar atentos ante la desgracia ajena del “pobre Haití”. Queda por hacerse las preguntas sobre la intención del Departamento de Estado, de producirse un magnífico desorden que desborde la frontera con República Dominicana, y los haitianos pasen por encima de toda seguridad, en ola migratoria expansiva que violente la soberanía nacional, a la que todos aluden, en la precisa efemérides del 27 de febrero que rememora la gloria del 1844

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