
La escuela dominicana se encuentra al borde del colapso. Los problemas del sistema escolar van más allá de los planteles en mal estado o los intercambios furibundos entre el ministerio de Educación y la Asociación Dominicana de profesores.
La salvación está en un diálogo real y efectivo donde todos los sectores del sistema se sienten a conversar y a buscar soluciones. En solitario los cambios que necesita la educación no se podrán llevar a cabo.
Los principales sectores del área tienen que comprender que los problemas provienen de una crisis de fondo y de forma. Todo está reburujado. Lo único que sufre, y tiene un pared infranqueable, es la unida para hacer frente a los problemas.
No hay medidas salvadoras en el área educativa, sino comenzar a trabajar para echar las bases de un año lectivo donde se llenen todos los requisitos que demanda la sociedad dominicana.
Cada cual está atrincherado en su línea de grandeza, y ello es negativo. Los tremendismos deben ser suspendidos y los egos de don de mando echados al zafacón. Donde se impone el diálogo no pueden encontrarse soluciones de fuerza individual.
Hay que salvar a la escuela. Hay que sacarla de su crisis. Hay que evitar que colapse. Hay que dejar los temores y la desconfianza, para que el sistema pueda trabajar y seguir adelante.
Hay temas puntales que se deben solucionar, por encima del desayuno, el almuerzo y la merienda escolar. Está la violencia en las aulas.
El año pasado se reportaron casos de enfrentamientos entre los estudiantes, y en algunas mochilas se encontraron instrumentos filosos y punzantes.
La solución al problema de los enfrentamientos escolares no puede ser que se entregue a los niños mochilas transparentes. Una idea que podría ser genial, pero que no soluciona la crisis escolar. Ideas tiradas al vacío no salvarán el año educativo.
Todos tenemos que trabajar en favor de la escuela dominicana. Hay que salvar al año escolar que se encuentra comenzando ahora.
Con buenas intenciones los problemas se pueden resolver, pero tiene que darse un diálogo sincero y permanente entre todos los actores del sistema educativo.



