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Opiniones

Lula, en octubre, ¿aplastará nuevamente a la ultraderecha brasileña?

Manuel Díaz Aponte

Cuando emergió como líder político para buscar alcanzar la gloria del poder, Lula Da Silva, se convirtió rápidamente en figura cimera en Brasil, sociedad atrapada por cuatro décadas por gobiernos militares.

Fue un tránsito difícil de pasar de dirigente sindical a coquetear con las riendas del estado secuestrado por una derecha y burocracia privilegiada acostumbrada a las dulzuras y privilegios del gobierno.

Se impuso la sensatez y las negociaciones con el conservadurismo más ortodoxo para arribar a la meta.

La humildad y defensa del derecho de los trabajadores a tener una vida digna e inclusiva, fueron factores determinantes que bloquearon la férrea oposición de las élites brasileñas opuestas radicalmente a que un dirigente metalúrgico se convirtiera en presidente.

Su antecesor, el economista socialdemócrata Fernando Henrique Cardoso, terminaba su segundo mandato a finales del 2002, con niveles de inflación altos y bajos salarios entre la clase media y los grupos más empobrecidos.

El Partido de los Trabajadores (PT) con Lula como candidato presidencial fue la opción que abrió la esperanza de un futuro mejor para la nación más grande de América Latina, que tiene 8.5 millones de km2, quinto más extenso del mundo.

¿Podrá un dirigente sindical conducir los destinos de Brasil? Era parte del cuestionamiento sobre Lula, quien finalmente y luego de 4 fallidos intentos, alcanzó la presidencia en la segunda vuelta de las elecciones de 2002, obteniendo 52 millones de votos, equivalente al 61,3% del total.

Para acceder al Palacio Do Planalto, en Brasilia, Lula integró a su boleta al empresario textil y senador, José Alencar, del Partido Liberal (PL), en su primer gobierno (2003-2007), tranquilizando así a los empresarios y representantes de los mercados financieros.

Esa misma fórmula política se volvió a repetir en los comicios presidenciales del 2006, asegurando de ese modo el segundo gobierno del PT (2007-2011).

La magia en el manejo político de Lula se ha sustentado en su equilibrio y no radicalismo ante sus adversarios dejando atrás la vieja imagen de izquierdista y seguidor del marxismo-leninismo.

Bolsa Familia fue uno de los programas sociales conjuntamente con Hambre Cero, que llevaron aliento a los brasileños impactando en 2010, 12,4 millones de hogares, según datos de la Fundación Getulio Vargas, de São Paulo.

La boleta presidencial para optar a un tercer mandato llevó al empresario Geraldo Alckmin, del Partido Socialista Brasileño (PSB) e influyente gobernador del estado de Sao Paulo como compañero de Luiz Inácio Lula Da Silva (2023-2027).

Cuarto mandato

Y ahora, en octubre próximo repetirá esa combinación electoral con Geraldo Alckmin, destacado empresario como vicepresidente.

Lula ha prometido que mientras tenga un aliento de vida luchará para evitar que la derecha, “responsable de 400 mil muertos vuelva a gobernar a Brasil”.

Asimismo, dijo que se concentrará en invertir más en las estructuras de defensa de su país porque «quiero estar preparado para que nadie invada este país para llevarse al presidente, como han invadido”.

El mandatario brasileiro a quien la mayoría de las encuestas colocan favorito para ganar las elecciones presidenciales advirtió en la proclamación de su candidatura que: “Quiero estar preparado para la paz, no para la guerra», afirmó. «Quiero estar preparado para que nadie se atreva a tomarnos por tontos. ¿Está claro? Por eso es importante saber que necesitamos invertir en la defensa», insistió.

La más reciente encuesta de la firma Datafolha sitúa a Lula con un 48 % de la intención de voto frente al 43 % que obtendría Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, quien está inhabilitado y condenado a 27 años de cárcel por intento de golpe de Estado. Actualmente, guarda prisión domiciliaria ante serios problemas de salud.

La disputa del poder político y económico en Brasil medirá fuerza nuevamente en las venideras elecciones presidenciales a dos polos opuestos y de larga confrontación, el socialismo y la ultraderecha.

Nueva batalla electoral

El octogenário líder  brasileiro, Luiz Inácio Lula Da Silva, del Partido de los Trabajadores (PT) y el senador de la ultraderecha, Flávio Bolsonarose enfrentarán en octubre ante una sociedad polarizada.

Lula, es un gladiador experimentado con forja de tres mandatos presidenciales: el primero del 1 de enero de 2003 al 31 de diciembre de 2006, el segundo del 1 de enero de 2007 al 31 de diciembre de 2010, y el tercero que inició el 1 de enero del 2023.

Sobreviviente de cáncer y habiendo participado en ocho campañas presidenciales, este antiguo líder metalúrgico que dio sus primeros pasos en la localidad industrial de Sao Bernardo do Campo, ha sido coherente en su visión política integracionista de América Latina, creando numerosas iniciativas como el Mercosur.

Esta vez, enarbola la bandera de la soberanía nacional y defiende sus programas sociales de Hambre Cero apoyada en la iniciativa Bolsa Familia.

Con un crecimiento del producto interno bruto (PIB) en torno al 2% para este año electoral, el presidente Lula defiende enérgicamente los avances institucionales alcanzados en su gestión, incluyendo la lucha contra la pobreza y la exclusión social.

En la historia

De ganar los comicios presidenciales en el gigante sudamericano, el presidente Luiz Inácio Lula Da Silva, estaría haciendo historia por ser la primera vez que un líder político de esa nación alcanza el solio presidencial por cuarta vez y, además, derrota a padre e hijo en una contienda democrática.

El legado más trascendental de la gestión de Lula es haber consolidado la democracia en Brasil, con el fortalecimiento institucional y transitar la ruta de los procesos electorales libres de conspiración y golpes de Estado.

Será su gran aporte a una sociedad que vivió por décadas la violencia institucional que imponen las dictaduras.

No olvidemos, que la República Federativa de Brasil fue el último país latinoamericano en salir de los regímenes dictatoriales. Y aunque vivió momentos difíciles en la gestión del ex capitán del ejército, Jair Bolsonaro (el 38.º presidente de la República Federativa de Brasil desde el 1 de enero de 2019 hasta el 1 de enero de 2023), actores internos y externos evitaron que la democracia volviera a sucumbir.

En la cumbre del G20 en Río de Janeiro en 2024, los presidentes de Brasil, Luiz Inácio Lula Da Silva y de México, Claudia Sheinbaum, enarbolaron la importancia de mantenerse unidos en la defensa de los derechos humanos, la paz y el fortalecimiento institucional de América Latina.

Coincidieron en que es fundamental preservar buenas relaciones con Estados Unidos y la administración del presidente Donald Trump, bajo el respeto de la soberanía y normas democráticas.

El 7 de mayo de este 2026, Trump recibió en la Casa Blanca al presidente de Brasil, Lula Da Silva, en un encuentro bilateral de más de tres horas donde hablaron entre otras cosas de comercio, seguridad, cooperación y la lucha contra el crimen organizado.

Los mandatarios calificaron el diálogo de positivo para encauzar las relaciones políticas y diplomáticas entre ambas naciones.

Artículo de Manuel Díaz Aponte

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