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Linchamiento mediático, daño a la moral y salud de la sociedad

Por Emilia Santos Frias

Al bien hacer jamás le falta premio, manifestaba el ilustre novelista, Miguel de Cervantes.  Pero, el némesis del bien, siempre rebelde, busca de forma constante nuevas formas para dañar. Es por ello que se dice que de la maldad quizás unos pocos escapan, porque en todas las partes del mundo hay injusticias y malos seres humanos, desprovistos de la disciplina y fe en el Creador. Por eso, anhelamos vivir en un mundo donde la protección de derechos fundamentales, inherentes de la personas, sea una realidad, no una narrativa para quedar bien en cada alocución. Necesitamos de una sociedad que salvaguarde la bondad natural que todos tenemos en nuestro interior, porque el Padre nos previó de ella.

En ese sentido, hoy nuestra amada República Dominicana sucumbe desde los medios digitales y tradicionales a la violencia estructural y su desagradable forma de actuar. Esta se expresa en los constantes linchamientos mediáticos, realizados a influenciadores o figuras del ámbito deportivo, artístico, políticos, académicos…,  una colusión que tiene un claro fin: dañar la honra, moral, buen nombre, dignidad humana…, es decir, un constante acoso mediático, que incluso tiene a figuras favoritas para de forma permanente abusarle.

Pretenden normalizar el linchamiento a través de los medios de comunicación, degradar, desprestigiar; desacreditar mediante injuria y difamación a personas populares o famosas en distintos ámbitos del saber humano u oficios. Invariable repetición de la misma información, poniéndole cada vez un grado mayor de  acoso, juicios paralelos y acciones que contribuye a dañar la moral, en clara violación a la buena norma nacional y supranacional.

En el panorama que se observa, parece que no importa el daño que se causa a la sociedad, como afecciones a la salud emocional, mental, estrés, depresión, angustia, tristeza…, falsa realidad, falsos niveles de éxitos; propiciar antivalores, excesos, enfermedades físicas, bajos niveles de escolaridad, delincuencia…

Como la justicia parece estar dormida, los hacedores de opinión están burlando de forma obscena, libertades públicas; derechos humanos. Ahora la moda es hurgar en la vida privada y llevar eso al escenario público. Comidilla de qué hizo, hace, come, viste…, este o aquel. No hay respeto por la familia, tradiciones y buenas costumbres de la población dominicana, por su cultura y valores. iPenoso, grave!. Eso también lo ve el mundo. Además de una prensa cómplice, ejercida por “profesionales” e intrusitas, que con sus acciones, causan algo más que repulsión.

¿Quién dijo que la democratización de los medios de comunicación en este Siglo XXI, permite tal violación a derechos humanos?, ¿a caso es la forma correcta de conseguir reconocimiento?, ¿por qué nuestro Estado no persigue con más ahínco este tipo de ilícito, judicializa y endurece más las penas?, ¿por qué tanta permisividad con creadores de contenido, nacionales y extranjeros?. Sin lugar a dudas, en el siglo de la información, con tanta apertura tecnológica, en vez de utilizar las herramientas informáticas para fortalecer el derecho a la información y difusión del pensamiento, se abusa al más alto índice, de un derecho supeditado al respeto de otros.

¿Será que quienes están haciendo opinión valoran más la monetización; dinero y las vistas que el bienestar generalizado de toda la población?, ¿aún no entienden el daño a nivel nacional e internacional que hacen a su sociedad?, ¿quieren que el pueblo dominicano sea conocido como parte de un conglomerado que solo exhibe mal gusto, violencia, antivalores, ruido, carencia educativa…?, iuff!, buscando el bien de nuestros semejantes, encontramos el nuestro solía repetir el acreditado filósofo, Platón.

El bien que hicimos la víspera es el que nos trae la felicidad por la mañana, reza un conocido refrán. Mientras que en otro proverbio, el también músico, Jean Jacques Rousseau, nos dice que el primer paso hacia el bien es no hacer el mal. Más claro no canta un gallo.

Sigo insistiendo en que el  linchamiento digital, que se realiza a drede y con saña, solo perjudica a las personas y con ellas a nuestras sociedades.  Atacar, humillar, acosar, condenar públicamente mediante comentarios lesivos se está convirtiendo en un arma, que en ocasiones produce muertes, cuando a quien se perjudica se  le provocan patologías y trastornos mentales.

Lo que inició para que todos alzarán su voz, ejercitaran ciudadanía social; exigir rendición de cuentas, un valor y principio de la buena administración, hoy se realiza de espalda a la ética y sus consecuencias traen insalud al ser humano. En la actualidad, la turba digital es desproporcionada, los hechos cruzan de lo digital a nuestra realidad, “destruyendo reputaciones, empleos y la salud mental de los afectados de forma permanente”. Desdichadamente quienes accionan en medios de comunicación actúan desde la deshumanización, ira, desprecio,  agresividad, morbo, maldad de corazón o mal querencia, odio y crueldad. Con su meta de generar emociones fuertes, nos están dañando.

  El fusilado mediático ha empobrecido  el debate público; polariza, aísla, y junto a bulos, continúa conculcando  derechos inherentes, a sabiendas de que, las redes no son tribunales. En ese entendido, urge que desde las plataformas de redes sociales e internet, mediante la libertad de expresión se respete la dignidad humana. Este, como sociedad, es nuestro gran desafío. “Cuando buscamos las cosas inciertas, perdemos las ciertas”.

Hasta la próxima entrega.

La autora reside en Santo Domingo

Es educadora, periodista, abogada y locutora.

santosemili@gmail.com

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