
El poder del juicio colectivo
El término «tribunal» se refiere al uso de la palabra tribunal como sinónimo de juzgado u órgano judicial encargado de administrar justicia. Como órgano colegiado o unipersonal, tiene autoridad para juzgar y dictar sentencia al ser apoderado en asuntos de su competencia. Cuando se habla de tribunal como juzgado, se está haciendo referencia a su función como órgano que juzga y resuelve casos legales.
El pueblo, constituido como tribunal moral, demanda que el juez ético, con consciencia colectiva frente a actos de personas, instituciones o gobiernos, juzgue por la opinión de la sociedad a todo aquel señalado de cometer un acto contra la moral, aunque no sea su jurisdicción para sancionar. El juez con su dictamen, no impone sanciones legales, pero sí aprueba, condena, absuelve o castiga moralmente a través de la opinión pública.
En sentido figurado, el «Tribunal moral», no es un juzgado en sentido jurídico, sino una forma de decir que la sociedad evalúa y juzga lo que considera justo, injusto, correcto o inmoral, cuando el pueblo funciona como tal, porque la gente observa, analiza y comenta los comportamientos de los hombres públicos. La sociedad puede aprobar o rechazar acciones, incluso si no hay un juicio legal que, puede tener consecuencias reales como la pérdida de reputación, legitimidad, apoyo, etc.
Un funcionario señalado por el pueblo como corrupto, absuelto por falta de pruebas puede seguir siendo señalado como “culpable” a ojos de su comunicad; aunque su culpabilidad puede ser injusta o manipulada, sobre todo si se basa en desinformación, rumores o campañas de odio. No siempre se respeta el debido proceso; a veces se condena sin pruebas.
La opinión del pueblo como tribunal moral representa la capacidad colectiva de la sociedad para juzgar éticamente, ejercer presión y sostener valores, incluso cuando el sistema legal no actúa. Es un poder simbólico, pero puede tener efectos profundos sobre la vida pública.
El juicio moral de la sociedad representa un poder simbólico con efectos reales. Su fuerza no reside en la legalidad, sino en su capacidad para influir en la reputación, la legitimidad y el destino público de quienes son observados por la opinión colectiva. Sin embargo, este poder, cuando se ejerce sin responsabilidad, puede derivar en linchamiento moral, manipulación mediática y destrucción injusta de personas e instituciones inocentes.
Cuando las multitudes condenan desde la emoción y no desde la evidencia, el tribunal moral deja de ser conciencia colectiva para transformarse en un espectáculo de escarnio. ¿Qué garantías éticas deberíamos exigir juzgar en nombre del pueblo; no se convierta en castigar por prejuicios?
Para juzgar, debemos Basarnos en datos ciertos, no en rumores, emociones, ni campañas de odio.
Lic. Luis Ma. Ruiz Pou
luisruiz47@gmail.com
25/07/2025



