
EL PARO JUDICIAL: UNA ACCIÓN LÓGICA, ATINADA Y OPORTUNA (3 de 3)
Por el Mag. Miguel Antonio Encarnacion de la Rosa
Juez de Primera Instancia del Distrito Judicial de Pedernales
Las razones por las que el paro convocado para el 21 de mayo 2026, por los Jueces, Juezas y Servidores Judiciales es una actuación oportuna, responde al principio de tiempo y momento exacto, es actuar cuando se debe y cuando esa actuación pueda ser atendida, lo primero es que este momento decisivo se plantea ante la renovación de la Suprema Corte de Justicia: Esta es la razón más fuerte y decisiva, el momento cumbre. En estos momentos debe ser convocado el Consejo Nacional de la Magistratura para conocer de la sustitución o confirmación de los jueces de la Suprema Corte de Justicia que ya cumplieron su período constitucional, incluyendo al propio presidente de la Honorable Suprema Corte de Justicia Mag. Luis Henry Molina Peña. Es el momento exacto, el instante preciso, para que los consejeros conozcan la realidad interna tal cual es, no como se maquilla en las memorias, es oportuno porque si no hacemos oír nuestra voz ahora, si no denunciamos hoy, lo que se ha venido denunciando por más de cinco años por diferentes vías legales, ellos, los miembros del CNM, tomarán decisiones ciegas, basados en informes falsos y en la imagen externa. No se puede elegir ni confirmar autoridades para los próximos años sin que los miembros del CNM sepan la verdad de cómo se trabaja, cómo se sufre, cómo se gasta y cómo se abandona el respeto a la dignidad humana de los servidores y servidoras judiciales, estos son la parte más débil y más deprimida de nuestro sistema. Este paro es la voz de la verdad antes de que se defina el futuro de la justicia dominicana. Y como en Fuenteovejuna, hoy hablamos con una sola voz: ¡Todos a una!
Revelar la verdad es ver con sinceridad y objetividad «la casa por fuera y por dentro»: Hoy es el momento ideal para decirle al país entero la gran verdad que hemos guardado por años, la gran verdad que hemos manejado a lo interno del poder judicial solo esperanzados en promesas incumplidas, la realidad es que el Poder Judicial es como una casa que quieren vender: le arreglan la fachada, la pintan, la hacen ver moderna, lujosa e imponente por fuera, con grandes edificios y anuncios de modernidad, pero por dentro está totalmente deteriorada, no sirven o sirven poco las instalaciones, los enseres, no hay servicios, nada funciona bien. Esto es exactamente lo que pasa hoy, en nuestro Poder Judicial, se ha hecho un gran despliegue de dinero en la gran Ciudad Judicial de Santo Domingo, una obra imponente que todos ven, pero al interior del país, en las provincias, en la frontera y en los municipios, no se refleja absolutamente nada de ese desarrollo; sigue el abandono total, la pobreza de infraestructura y la falta de recursos, las condiciones laborales infrahumanas de nuestros servidores junciales, la falta de personal a todos los niveles, excepto en la Suprema Corte de Justicia. Es oportuno denunciar esto ahora, para que se sepa que el brillo de afuera es solo escaparate, pura imagen, y la realidad de adentro es desatención y sufrimiento.
Es el momento de exponer la falsedad de las comparaciones y justificaciones: Ahora que se evalúa la gestión y se habla de cambios, es el momento preciso para derribar los argumentos falsos que usan las autoridades. Es hora de decir: ¡Basta de compararnos con Puerto Rico o con Estados Unidos sin decir la verdad completa! Allá pagan bien, sí, pero también garantizan servicios básicos, estabilidad tecnológica, respeto a la jornada laboral y condiciones dignas. Aquí nos ponen el ejemplo de allá para exigirnos resultados, pero no nos traen las condiciones de allá. Aquí se nos exige como en el primer mundo, pero se nos paga y se nos trata como en el olvido. Hoy es el día de desenmascarar esas mentiras ante la sociedad y ante el Consejo Nacional de la Magistratura.
Debemos también denunciar la trampa de los incentivos y el agotamiento humano, porque nunca ha sido tan oportuno como ahora sacar a la luz la injusticia del sistema de bonos, metas y penalizaciones. Debemos explicar claramente de nuevo para que quede en las mentes de los lectores, es falso que si un caso dura más de seis meses es culpa del juez; es falso que la productividad se mide por cifras que ignoran la complejidad jurídica y la ley; es inhumano que se nos obligue a desvelarnos y descuidar a nuestra familia solo para no perder un estímulo económico, esto demuestra que las razones de nuestros justos reclamos no son económicas, como se ha querido distorsionar. Ahora que se decide el rumbo, es el momento de exigir que se eliminen esas reglas absurdas que nos ponen en la disyuntiva de elegir entre cumplir la ley o cumplir con una estadística antojadizas y poco proporcionar.
Las deficiencias ya no se pueden ocultar y la sociedad lo entiende, ha llegado el momento exacto porque todas estas fallas, desigualdades y presiones ya no caben debajo de la alfombra. La ciudadanía misma sufre las consecuencias, cuando no hay luz, cuando la plataforma se cae, cuando no hay baños, cuando los procesos se alargan por falta de jueces o cuando se siente que la justicia es distinta si se vive en la capital o en la frontera. La gente comprende hoy más que nunca que defender al servidor judicial, sus derechos y sus condiciones, es defender el derecho del usuario a recibir un servicio justo, digno y eficiente.
Por todo esto, este paro no es una medida de conflicto, es una medida de justicia. No buscamos parar la labor, buscamos que la labor se haga en condiciones adecuadas, con respeto y con equidad, bajo la óptica de quien conoce que una operación exitosa depende de la razón, el acierto y el tiempo, esta es, sin duda, una acción estratégica necesaria. No se trata de obstaculizar la justicia, sino de salvarla de su propio deterioro interno y de la falsa imagen de modernidad que se ha construido.
Es el momento de decirle al Consejo Nacional de la Magistratura y al país entero: la justicia no es solo la fachada brillante de la capital; la justicia son los tribunales de la frontera, los jueces que viajan horas para atender sus obligaciones en los tribunales, los servidores capaces ignorados, la falta de personal en más del 75% de los tribunales de la República, los ciudadanos sin servicios básicos, y los jueces que no duermen ni descansan por culpa de metas irreales. Esa es la realidad que hoy exigimos cambiar.
Y como lo dijera el pueblo de Fuenteovejuna hace siglos: no hay que buscar quién es el culpable, porque todos somos parte de esta verdad, todos somos parte de este reclamo, y por eso decimos con firmeza: ¡Todos a una!



