
UN MILLÓN DE MENTES QUE UNA NACIÓN HA DECIDIDO QUE NO NECESITA
Un millón de personas excluidas de la fuerza laboral no son una estadística. Son un millón de mentes que los dirigentes de una nación han decidido que no necesitan.
El jueves 25 de octubre de 1962, tres días después de que el Presidente Kennedy anunciara el descubrimiento de misiles soviéticos en Cuba, el Papa Juan XXIII intervino en Radio Vaticana y pidió a los gobiernos del mundo que siguieran dialogando. A la mañana siguiente, Pravda se hizo eco de ese llamado, con un artículo que llevaba el encabezado de “¡Salven la paz!” (o “¡Salven al mundo!”), que lo citaba extensamente: que los líderes “escuchen el grito angustiado que, desde todos los rincones de la Tierra, desde los niños inocentes hasta los ancianos, desde los individuos hasta las comunidades, se eleva hacia el Cielo: ¡paz! ¡Paz!”. Al día siguiente de la noticia de la Pravda, Jruschov propuso a Kennedy el intercambio que puso fin a la crisis.
Consideremos la situación actual.
El oro superó a los bonos del Tesoro de EU como el activo de reserva de los bancos centrales más grande, por valor de mercado. El rendimiento de los bonos del Tesoro a 30 años alcanzó su máximo en diecinueve años. El Departamento del Tesoro duplicó el volumen de las recompras de sus propios bonos, y el efecto duró solo un breve periodo. El lunes, el secretario del Tesoro anunció una operación cuyos términos establecidos son que cualquier entidad que facilite el “blanqueo” de capitales iraní “será excluida del sistema del dólar estadounidense” y señaló al oro como uno de los cinco sectores que serán sancionados. Tres funcionarios estadounidenses declararon a un periodista que 40 petroleros cruzaron el estrecho de Ormuz el viernes por la noche, transportando 16 millones de barriles. Esa afirmación es difícil de conciliar con los datos comerciales de seguimiento de buques, que mostraban un número mucho menor de tránsitos registrados.
Lo que eso cuesta se mide en gente. La fuerza laboral estadounidense perdió alrededor de 1,3 millones de personas en doce meses. Ese descenso resulta especialmente llamativo en un país que envejece y cuyo crecimiento de la fuerza laboral depende cada vez más de la inmigración, sobre todo teniendo en cuenta que otro millón se verá eliminado de ella a principios de 2027.
¿Cuál es el fin del ser humano? “No es el ejercicio de la fuerza física de los hombres lo que gobierna a la humanidad”, escribió Lyndon LaRouche en 1994, en La ciencia de la economía física como base epistemológica platónica para todas las ramas del conocimiento humano, publicado en EIR. “La humanidad está gobernada por la fuerza de las ideas, por la interacción de esas ideas contrapuestas, que actuando a través de las mentes de las personas controlan así la conducta física de la sociedad”. Y en el mismo ensayo, en contra de toda doctrina que clasifique a los seres humanos en útiles y desechables, señala: “La raza humana, no está compuesta más que por individuos que comparten esa chispa de razón creativa que define a todas las personas como imagen del Creador”.
Un millón de personas excluidas de la fuerza laboral no son una estadística. Son un millón de mentes que los dirigentes de una nación han decidido que no necesitan.
El arzobispo Paul Gallagher, secretario para las Relaciones con los Estados del Vaticano, se encuentra en Moscú. Se reunirá con Serguéi Lavrov el martes 25 de agosto y con Yuri Ushakov, asesor de política exterior del presidente Putin, al día siguiente. Una carta abierta publicada el 19 de agosto pide al Papa León XIV que convoque a los jefes de Estado de las tres principales potencias nucleares, siguiendo el espíritu del llamado de Juan XXIII en 1962. El Papa León ya ha expuesto este argumento: el 30 de julio de 2025, al cumplirse cincuenta años del Acta Final de Helsinki, calificó de esencial “perseverar en el diálogo, reforzar la cooperación y hacer de la diplomacia la vía preferida”.
¿Vamos a “salvar la paz” ahora?



