
Por Luis Ruiz Pou
El Bogotazo fue un estallido social violento ocurrido en Bogotá el 9 de abril de 1948, tras el asesinato del líder liberal Jorge Eliécer Gaitán, principal favorito para las elecciones presidenciales. Gaitán fue baleado (dos disparos en la espalda y uno en la cabeza) al salir de su despacho rumbo al almuerzo. El presunto asesino, Juan Roa Sierra, fue linchado por una multitud enfurecida y su cuerpo exhibido frente al Palacio de Gobierno.
La noticia de su muerte desató una ola de disturbios que se prolongó por casi tres días. Hubo saqueos, incendios y destrucción masiva en el centro de la ciudad. Se estima que milicias populares incendiaron tranvías, iglesias, edificios públicos y comercios. Las cifras de víctimas mortales oscilan entre 500 y 3.000 solo en Bogotá, con decenas de miles de heridos. El gobierno declaró el estado de sitio, cerró el Congreso y prohibió las concentraciones públicas. Los liberales boicotearon las elecciones, lo que facilitó que el conservador Laureano Gómez se mantuviera en el poder.
Este hecho, considerado por muchos como un crimen de Estado, fue bautizado como “El Bogotazo” y marcó el inicio de una década de violencia política, además de ser un punto de inflexión en la transformación política del país, especialmente en Bogotá.
Hoy, la historia parece repetirse como si fuera un “copiar y pegar”. El 7 de junio de 2025, el senador Miguel Uribe Turbay, de 39 años, miembro del Centro Democrático y precandidato presidencial para las elecciones de 2026, fue víctima de un atentado en Bogotá durante un mitin en el barrio Modelia (Fontibón). Según las autoridades, un joven de 15 años le disparó por la espalda, impactándolo en la cabeza (dos tiros) y en una pierna. El atentado ha sido calificado por algunos sectores como un posible crimen de Estado.
Además del joven atacante, fueron capturados dos cómplices: un hombre y una mujer vinculados a la logística del ataque. Se sospecha que participaron en una operación coordinada con motos y vehículos. Las autoridades manejan dos hipótesis: que el ataque fue ordenado por una organización criminal o que hubo infiltración en las fuerzas de seguridad.
La reacción del país fue de profunda consternación. Se organizaron protestas bajo el lema “Marcha del Silencio”, en rechazo a la violencia política.
En 1948, el asesinato de Gaitán benefició indirectamente a los conservadores, al boicotear los liberales las elecciones. Hoy, si Miguel Uribe fallece, podrían repetirse disturbios similares a los del Bogotazo, con saqueos, incendios y caos en el centro de la ciudad. El gobierno de Gustavo Petro podría verse obligado a declarar el estado de sitio.
La desaparición de un candidato clave de la derecha debilitaría aún más a una oposición ya fragmentada, y podría favorecer a grupos radicales, tanto ideológicos como armados (disidencias de las FARC, ELN), que buscarían boicotear las elecciones presidenciales, generando un escenario en el que no haya condiciones para su realización y se prolongue el mandato del actual gobierno.
Si se repiten las condiciones políticas de 1948, ¿estamos al borde de otro Bogotazo?



