
La madre, un pararrayos.
Por Venecia Joaquín
El pararrayos es un artefacto compuesto por una varilla metálica
terminadas en una o varias puntas y conectadas a tierra o en el
agua; se coloca sobre los edificios y embarcaciones para atraer el
rayo e impedir que este impacte en una zona no deseada o cause
daño a las personas; es un proteger de las descargas eléctricas.
Pensando en las madres y en nuestras funciones como tales, he
llegado a la conclusión de que somos algo así como pararrayos en
el hogar. Recibimos y preferimos recibir, todas las descargas
negativas que surgen del seno del hogar, del medio ambiente, de la
sociedad y tratamos de neutralizarlas, de erradicarlas, a fin de
proteger los hijos y la familia en general. Vivimos pendiente de todo
lo desagradable que se acerca o pretenda acercarse al hogar, para
proteger la familia y cuando no podemos evitarlo, sentimos morirnos
de impotencia y dolor, clamando con más fuerza la ayuda de Dios,
el Todopoderoso.
La madre busca despejar el ambiente de manera tal, que le permita
a la familia vivir con tranquilidad. Solo Dios sabe, todo lo que, sin
trascender, calladamente, hacemos en pro de la paz y armonía en
el hogar. Es de imaginarse, la lucha que diariamente libra una
madre que lleva sola la responsabilidad del hogar, tanto con
recursos económicos y peor aún sin recursos; el agotamiento del
diario vivir, la náusea que produce la mediocridad de algunos que
nos rodean, las limitaciones con que trabajamos, todo lo agrio, lo
recoge el pararrayos madre y lo neutraliza, pensando en sus hijos,
sus seres más queridos.
Para una madre, todas las acciones de su vida, consciente e
inconscientemente, están en función de los hijos y por tanto no
implican sacrificios; son acciones de amor. La madre es algo así
como la facilitadora de la vida en el hogar, y cual pararrayo recibe
las descargas negativas para volcarlas en ráfagas de amor, de
armonía, de luz y alegría; precisamente, eso es lo que la convierte
en fuente permanente de ternura y comprensión. Claro está que le
duelen las incomprensiones e injusticias, pero ellas no la detienen,
no espera comprensión, ni ayuda ni recompensa, cumple la misión
de ser madre y esta nunca termina; solo quiere la felicidad de sus
hijos, hacer hombres y mujeres de bien, útiles a la sociedad,
prepararlos para que disfruten la vida, en paz, sin hacerle daño a
los demás.
Definitivamente, lo mas valioso de ser madre y lo que realmente,
nos identifica como tal, es la capacidad de ser pararrayos en el
hogar, para que no le lleguen las descargas negativas; más bien,
las neutraliza y tiene el tremendo poder de atenuar o destruir, todo
lo feo y odioso que la vida encierra, poniendo en su lugar
pinceladas de luz, seguridad y alegría por doquier. ¡Dios ilumine,
fortalezca y bendiga, a todas las madres del mundo!



