
Intec y MIT y la educación del futuro que consiste en aprender a pensar, crear y utilizar la inteligencia artificial
Por Víctor Manuel Grimaldi Céspedes
Cuando estudiaba ingeniería de sistemas en el Instituto Tecnológico de Santo Domingo, INTEC, recuerdo a un profesor que comentaba que los estudiantes estadounidenses desdeñaban las matemáticas y mostraban todavía menos disposición para aplicarse al aprendizaje de COBOL y otros lenguajes de programación de computadoras. Según decía, lo que querían era pasarse el tiempo jugando con Nintendo y cosas parecidas.
En el INTEC había muy buenos maestros de matemáticas, como Kreemly Miguel Pérez Lluberes, María Altagracia López Ferreiras y Nurys del Carmen González Durán. En química nos daban clases Orlando Pagán y Miguel Ángel Lajara Persia, mientras que en física contábamos con maestros como Plácido Gómez Ramírez. Recuerdo con aprecio a aquellos profesores que nos ayudaban a comprender los fundamentos científicos de la tecnología.
Era la apreciación de aquel profesor, que conservo en la memoria. Su comentario señalaba un problema educativo que sigue mereciendo atención: el entusiasmo por disfrutar de la tecnología puede coexistir con el desinterés por estudiar los conocimientos que permiten crearla y comprenderla.
Por eso, al leer sobre la iniciativa «MIT for America», anunciada el 6 de octubre de 2026 por el Instituto Tecnológico de Massachusetts, pensé que estamos ante un problema viejo que adquiere nuevas dimensiones. Antes hablábamos de matemáticas, de COBOL y de otros lenguajes de programación. Hoy, la inteligencia artificial vuelve más urgente la tarea de enseñar a pensar, comprender y construir.

Según el artículo de Peter Dizikes publicado en MIT News, la iniciativa busca fortalecer en Estados Unidos la enseñanza de las disciplinas conocidas por las siglas STEM: ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas.
El proyecto abarca desde la educación infantil hasta los centros de educación superior de ciclo corto conocidos como community colleges. Busca preparar a los estudiantes para vivir y trabajar en una sociedad cada vez más influida por la ciencia y la tecnología.
La presidenta del MIT, Sally Kornbluth, presentó la iniciativa como una prolongación de la vocación de servicio nacional de la institución. Entre sus fundamentos figuran la confianza en el potencial de las personas, el aprendizaje mediante la práctica y el intercambio abierto de conocimientos.
Hay en ese planteamiento una idea de profundo valor educativo: el talento merece oportunidades para desarrollarse, cualquiera que sea su procedencia social.
Un joven puede tener capacidad para las matemáticas, la ingeniería o la investigación y pasar años sin encontrar las condiciones que le permitan descubrirla. La escuela, la universidad y la comunidad pueden ayudarlo a reconocer esa capacidad y convertirla en una posibilidad real.
La iniciativa del MIT se organiza alrededor de tres áreas: el pensamiento matemático y la solución de problemas; la preparación para vivir, aprender y trabajar con inteligencia artificial; y el diseño, la fabricación y la innovación.
En matemáticas, el MIT for America Calculus Project ofrece un modelo de colaboración. Iniciado un año antes, incorpora a estudiantes y egresados del MIT como voluntarios para apoyar mediante tutorías a alumnos de distintos distritos escolares.
El valor de este acompañamiento puede extenderse más allá de aprobar una asignatura. Comprender un procedimiento, reconocer un error y explicar cómo se alcanza una solución son ejercicios que forman hábitos de pensamiento. Esos hábitos también sirven para interpretar información y tomar decisiones en la vida cotidiana.
La segunda área se ocupa de la inteligencia artificial. El programa MIT RAISE, dedicado a la educación y al uso responsable de esta tecnología, aporta materiales y formación para los docentes, además de actividades que involucran a los estudiantes.
La cuestión es fundamental. Una herramienta capaz de producir respuestas en segundos exige que el usuario aprenda a formular preguntas, comprobar afirmaciones y reconocer las limitaciones de lo que recibe. La facilidad de obtener un texto no garantiza que se haya comprendido su contenido.
Por eso, la formación del juicio debe acompañar el acceso a la tecnología. El estudiante necesita saber cuándo una respuesta está bien fundamentada, qué información falta y por qué una conclusión podría ser equivocada.
También los maestros requieren tiempo y preparación para incorporar estas herramientas con sentido pedagógico. Su experiencia es indispensable para decidir qué actividades favorecen el aprendizaje y cuáles permiten que el alumno entregue una tarea sin haber realizado el esfuerzo intelectual que le corresponde.
El tercer componente recupera una dimensión esencial de la educación: aprender haciendo. El MIT propone ampliar experiencias de diseño, fabricación y trabajo en laboratorios, con oportunidades para construir, experimentar y mejorar proyectos.
Un circuito que no funciona obliga a revisar conexiones. Un prototipo que falla exige reconsiderar el diseño. Una idea que parecía convincente debe someterse a la prueba de la realidad. En ese proceso, el error puede convertirse en una fuente de conocimiento, siempre que exista orientación para comprenderlo.
La iniciativa presta atención a una dificultad práctica: ampliar el alcance de los programas y, al mismo tiempo, ofrecer acompañamiento directo a estudiantes y educadores. La calidad de una experiencia educativa depende también de las personas que orientan, responden preguntas y ayudan a superar obstáculos.
Para la República Dominicana, este anuncio ofrece motivos de reflexión. El programa descrito está dirigido a Estados Unidos; las posibles enseñanzas para nuestro país pertenecen al terreno de nuestras propias decisiones educativas.
Podríamos fortalecer la colaboración entre universidades, escuelas, institutos técnicos, empresas y profesionales mediante tutorías, laboratorios compartidos y formación continua de los maestros. Los egresados universitarios podrían contribuir con parte de su experiencia al acompañamiento de estudiantes que necesitan orientación.
Un esfuerzo de esa naturaleza requiere continuidad, responsabilidades definidas y evaluación. Sus resultados deberían apreciarse en lo que los alumnos llegan a comprender y realizar: resolver problemas, explicar procedimientos, construir proyectos y verificar información.
Los equipos y las instalaciones adquieren su verdadero valor educativo cuando hay docentes preparados, mantenimiento y programas que permiten utilizarlos de manera sostenida. La inversión debe contemplar el conjunto de esas necesidades.
La experiencia anunciada por el MIT invita, además, a pensar en la responsabilidad pública de las instituciones de excelencia. Sus conocimientos pueden abrir oportunidades mucho más allá de sus propios recintos cuando se comparten mediante una colaboración organizada con las comunidades.
La inteligencia artificial vuelve especialmente urgente esta tarea. Una sociedad necesita personas capaces de comprender las herramientas que utiliza y de asumir responsabilidad por sus decisiones.
Educar para ese mundo significa cultivar la curiosidad, la disciplina intelectual, la creatividad y el sentido ético. El progreso de una nación depende también de cuántos de sus jóvenes encuentran la oportunidad de desarrollar esas capacidades y ponerlas al servicio de los demás.
Fuente: Peter Dizikes, «MIT announces the MIT for America initiative, to strengthen STEM education across the country», MIT News, 6 de octubre de 2026. Elaborado a partir del texto facilitado.
Artículo original de MIT News



