
El mito fundacional del Gran Israel
Por: Luis Ma. Ruiz Pou
La Tierra de Israel es descrita en la Torá como la «posesión más preciada» o la «herencia» de Dios para su pueblo. Eso afirman unas escrituras de origen opaco que, en pleno siglo XXI, no pueden mostrarse como un contrato de propiedad. — HuffPost, periódico digital
Tras la creación del Estado de Israel con la partición decidida por Naciones Unidas en 1948, las fronteras del país permanecieron indefinidas, ya que tras la declaración de independencia se declaró de inmediato la guerra con los Estados árabes vecinos.
Israel mantiene conflictos con países árabes desde 1948, inmediatamente después de su creación como Estado. La primera guerra árabe-israelí comenzó ese mismo año y, desde entonces, se han sucedido enfrentamientos periódicos con Egipto, Siria, Jordania, Líbano, Irak y otros actores regionales. Aunque algunos tratados de paz se firmaron (Egipto en 1979, Jordania en 1994), las tensiones con Siria, Líbano y Palestina persisten hasta hoy. — Wikipedia
La idea del Gran Israel ha resurgido en el debate político y social, generando tanto apoyo como oposición. La narrativa del Gran Israel se basa en interpretaciones históricas y bíblicas que sostienen que la tierra prometida a los descendientes de Abraham se extiende desde el río Nilo en Egipto hasta el río Éufrates en Irak.
El afán patológico del Estado Sionista de Israel por la expansión territorial y el apoyo diplomático de Washington, han permitido que Tel Aviv incumpla sistemáticamente las resoluciones de la ONU, gracias al veto de Estados Unidos. Estas violaciones han provocado numerosas crisis políticas por sus prácticas expansionistas en Medio Oriente, destinadas a anexar y consolidar territorios después de la declaración de independencia y la Guerra de los Seis Días. Israel anexó:
Altos del Golán,Jerusalén Este yCisjordania. Las Granjas de Shebaa y la Franja de Gaza siguen siendo territorios disputados que manifiestan la persistencia del conflicto.
La supremacía israelí en toda la zona, desbordando sus fronteras, constituye un problema de seguridad y de guerra abierta. ¿Qué dijo Smotrich? Que “nunca existirá un pueblo palestino”. Esa afirmación es parte del plan expansionista para la anexión de Cisjordania, territorio palestino. La ultraderecha representada por Netanyahu, por ahora, no ha puesto objeciones. La colonización que se puso en práctica no se ha detenido en estas décadas, ni siquiera cuando se firmaron los Acuerdos de Oslo (1993).
Los movimientos más destacados para anexar terrenos palestinos se dieron cuando se acordó la construcción y legalización de 22 colonias. En septiembre pasado, la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó por abrumadora mayoría una resolución que instaba a Israel a poner fin a su ocupación ilegal de los territorios palestinos en un plazo de 12 meses. La Corte Internacional de Justicia (CIJ), el máximo tribunal de la ONU, determinó que la presencia de Tel Aviv en los territorios palestinos es ilegal y debe cesar.
El presidente Donald Trump afirmó en febrero que Israel es un país «bastante pequeño» en términos de territorio y que «eso no está bien». Pero la paz en Medio Oriente no se alcanzará mientras Israel mantenga vivo el mito del Gran Israel. Cada anexión es una herida abierta y cada veto estadounidense una negación del derecho internacional. La historia enseña que los imperios caen cuando confunden la fuerza con la legitimidad; si Tel Aviv insiste en expandirse, arrastrará a la región a un ciclo interminable de guerra, radicalización y desconfianza global.


