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Duarte y la Patria III

Por Roque Zabala

Duarte regresa el 15 de marzo, la JCG le concede el grado de general de
brigada, el sector afrancesado concibe la idea de mantenerlo alejado de la
estructura de mando. Primero lo envía a Sabana Buey como oficial alterno
con la comandancia de Santana donde no logra convencerlo para realizar el
ataque a Azua y expulsar a Herard, la falta de abastecimiento lo imposibilita
de avanzar hacia la Capital, pero tampoco regresar Haití porque un golpe
de Estado coloca al General Philippe Guerrier en la presidencia. Luego es
enviado al CibaoMinisterio de Cultura declara a Juan Pablo Duarte como “Padre del ...
En poco tiempo logra palpar amenazas a la patria, ya conoce el plan de los
afrancesados, y los haitianos cruzan la frontera en un intento por controlar
nueva vez la parte Este de la isla. Santana que había reunido un pequeño
ejército con los batallones 31 y 32, un grupo de trabajadores con poca
experiencia militar y otro grupo de la Capital que se integra al igual que en
el camino por donde pasaban aumentando el número de combatiente. Las
definiciones favorables a los conservadores en el ensañamiento contra el
patricio convergen tres situaciones, 1) La situación de guerra que prevalece,
2) El control de los aparatos del Estado de los conservadores, y 3) Su
compromiso de luchar por una patria libre e independiente, y la honestidad
que demuestra al devolver parte de los fondos e inventariado los gastos
para la campaña en Bani.
Lograda la independencia, la amenaza haitiana convierte el país en un
escenario de guerra donde se buscan los recursos necesarios y engrosar las
filas para el combate. Las escaramuzas y las batallas de la primera campaña
son más que suficiente para entender la situación que prevalece, donde los
hombres de arma son los que ocupan un lugar primigenio en la defensa de
la patria. Santana recibe en el periodo un reconocimiento que no es
merecedor. Comienza con la batalla del 19 de marzo, que no participa según
la carta que les envía Saint Denis a las autoridades de Francia donde afirma
que las tropas que salieron de la Capital no participaron en el combate,
Antonio Duverge es el único héroe. En Las Carreras es cuestionada su
participación.

También, el sector conservador queda en poder de los órganos de Estado,
tomando las decisiones cónsonas con su proyecto anexionista, tratando de
mantenerlo alejado de la Capital, el 22 lo envían a Sabana Buey como oficial
adjunto y actuar en coordinación con Pedro Santana, también para
sustituirlo al frente de las tropas en una eventual incapacidad. La derrota
en Puerto Tortuguero corta el abastecimiento de las tropas haitianas, el
derrocamiento de Herard, sustituido por el anciano general Philippe
Guerrier, las tropas de Azua pierden la capacidad de movilidad, no pueden
regresar y tampoco seguir hacia la Capital. Las continuas deserciones de los
soldados hambrientos, en busca de agua en la zona, Duarte trata de
convencer a Santana para realizar el ataque y expulsar a los usurpadores.
Las reiteradas solicitudes de autorizar el ataque, la negativa, toma la
determinación de escribir una carta a la JCE exponiéndole la situación,
“Dios, Patria y Liberad. República Dominicana. Cuartel General de Bani, 1ro.
de abril de 1844. _ A los miembros de la Junta Central Gubernativa. Es por
la tercera vez que pido se me autorice para obrar solo con la división que,
honrándome con vuestra confianza, el 21 del pasado pusisteis bajo mi
mando para que, en todo de acuerdo con el general Santana tomara
medidas de seguridad y defensa de la Patria. _Hace ocho días que llegamos
a Bani, y en vano he solicitado al general Santana que formemos un plan de
campaña para atacar al enemigo, que sigue en su depravación oprimiendo
a un pueblo hermano que se halla a dos pasos de nosotros. _ La división que
está bajo mi mando solo espera mis órdenes yo espero las vuestras, para
marchar sobre el enemigo seguro de obtener un triunfo completo, pues se
halla diezmada por el hambre y la deserción. ._Dios guarde a Vdes, muchos
años. Juan Pablo Duarte.” Cuatro días después recibe de la Junta una
comunicación ordenándole el regreso con su estado mayor, su presencia es
necesaria en otra parte.
En la Capital entrega el restante de los $1,000.00 con un inventario
detallando los gastos y devolviendo $827.00 lo cual no es del agrado de los
miembros de la JCG, ya empezaba a incubarse en la clase política a no
ofrecer detalles del gasto de los recursos que reciben, no muy alejado de
los partidos políticos en la actualidad. Dificultades en el Cibao, Duarte es
designado para conciliar posiciones, en La Vega recibe el apoyo mayoritario
de sus habitantes, en Santiago y Puerto Plata, en presencia de los
ciudadanos más prestantes y las autoridades, Mella lo presenta como el
próximo presidente, no expresa palabras ambigua para interpretar, no

acepta y en la última dice, “Yo proclamo solemnemente en presencia de
tantos ciudadanos que expresan sincera inclinación a mis propósitos
republicanos, que a pesar de las hondas heridas que sangran de mi alma, el
perdón, la justicia y el sumo bien de la patria, mis formas individuales y
políticas hasta el fin de mi existencia.”
Continúan sumándose situaciones para que la adversidad se ensañe
contra aquel hombre para quien la patria fue, “lucha, sufrimiento, sacrificio
y muerte”, apresado y trasladado a la Capital, también los trinitarios Pedro
A. Pina, Francisco del Rosario Sánchez y otros, el 22 de agosto mediante
decreto_ resolución son deportados del país, comienza el ostracismo, pero
esta vez es una víctima de aquellos que detentan el poder y no creen en la
existencia de una patria libre e independiente con el nombre de República
Dominicana. En el exilio recibe la noticia de la muerte de su padre Juan José
Duarte, luego su familia fue conminada abandonar la patria, porque es la
voluntad de Santana y Bobadilla de sacar del pensamiento social el ideal de
Duarte, pero nadie podrá despojarlo porque, “fue el primero que soñó la
patria, que escuchó el grito de la patria herida, que fundó la Trinitaria, y el
27 de febrero de 1844 convoca 174 febreristas para proclamar una nación
libre e independiente con el nombre de República Dominicana”
Desde el segundo exilio comienza una transformación del hombre que lo
había dado todo por la patria, el descreimiento en los que gobiernan,
demostrando intereses y ambiciones sin importarles el futuro de la patria.
Pero nunca renuncia al sacrificio por la patria. En Venezuela se introduce en
la selva del Apure, donde los que habitan allí son indígenas que la mayoría
viven en situación de extrema pobreza. Adaptarse a su nueva situación de
la comodidad en que había vivido no es fácil, pero las cercanías del verdor
de las tierras no colonizada ayudan por la naturalidad del ambiente y la
sencillez de la gente. Así transcurre parte significativa del tiempo en la vida
de Duarte, en algún momento nadie sabe nada de su existencia, algunos lo
daban por muerto.
Su capacidad para adaptarse y el sacrificio por la Patria lo hacen un ser
extraordinario que después de conocer y vivir un tiempo en Europa se
somete a las calamidades de una tierra inhóspita, más difícil para quien
carece de los recursos indispensable para vivir. El gobierno de Jiménez en
1848 mediante decreto hace un llamado al regreso de los próceres
expulsado por Santana, pero Duarte no se entera por lo alejado en que se

encuentra de la civilización. Ya envejecido, el 8 de agosto de 1862 reaparece
en la Capital de Venezuela, su rostro y su cabello blanquecino son la mejor
prueba de la transformación que se había producido en su figura. Joaquín
Balaguer en “El Cristo de la Libertad” dice, “Monseñor Arturo de Meriño,
quien lo conoció en esta época, habla de la impresión que le causó la figura
del apóstol, transformada por veintiún años de soledad, y recuerda que sus
labios convulsos solo se habrían para perdonar a sus enemigos y para
dolerse de los males “que había sufrido y sufría entonces” con mayor
intensidad la patria de sus sueños.”
El prócer en la capital venezolana, después de permanecer la mayor parte
del tiempo en su retiro de Rio Negro reencontrándose con sus hermanos y
someterse a una vida careciendo de lo elemental, de familia acomodada y
conociendo los avances y el desarrollo del viejo continente donde no le
faltaba nada. Pero el déspota Pedro Santana no perdonaba, menos a un
hombre de la dimensión del fundador de la patria, quien no asume
posiciones acomodaticias y mediatizadas. Su compromiso con la patria no
le permite aceptar la designación que le ofrece el general Juan Crisóstomo
Falcón, Ministro del Interior del Gabinete; para cubrir sus gastos prefiere
vender sus libros entre los cuales figuraba una Geografía Universal.
Un grupo de relacionado tratan de convencerlo de aceptar una
designación del gobierno de España, Buenaventura Báez que solo tiene
lealtad hacia las cosas de sus conveniencias ofrece sus servicios a la nación
europea y es designado mariscal de campo. A partir del 1864 las
divergencias entre Santana y el brigadier Peláez, el descontento de la
población por la dominación española producen intranquilidad, ya los
restauradores controlan la mayor parte del país, el general Gregorio
Luperón dirige las tropas, es inminente las negociaciones, España estaba
derrotada.
Preocupado por la nueva situación de la patria, su anexión en 1861 lo
compromete una vez más con la lucha y el sacrificio a quien le había
dedicado toda su existencia, una vez más busca recurso para regresar. El
Cónsul de España maniobra contra los planes de Duarte, en compañía de su
hermano Vicente Celestino Duarte, el poeta Manuel Rodríguez Objio,
Mariano Diez y un voluntario venezolano Candelario Oquendo, el 25 de
marzo desembarca por Montecristi, después de 20 años pisa la tierra donde
nació, un 16 de julio de 1838 funda la sociedad secreta la Trinitaria y el 27

de febrero de 1844 proclama una nación libre e independiente con el
nombre de República Dominicana.
Benito Monción, comandante de las fuerzas revolucionarias en la región
al enterarse de su presencia le ofrece todas las atenciones y las tropas en
formación lo presenta con los méritos de la proceridad de la cual es
merecedor. Luego sus pasos se encaminan a visitar a Matías Ramón Mella
muy enfermo en cama, al presentárselo a su descendencia como el primer
general dominicano, uno dice “ese no se parece a un general”, las
calamidades y el tiempo se reflejan en el rostro del patricio.
El 28 de marzo, Duarte envía una carta al gobierno provisional donde se
pone a la orden e informa de su presencia en la región, tres días después se
presenta en Santiago en compañía de su estado mayor y recibido por Ulises
Francisco Espaillat, el reemplazo de Mella en la vicepresidencia. Allí le
reitera los sentimientos del gobierno provisional emitido en la carta donde
dice, “El gobierno provisorio de la República ve hoy con indecible júbilo la
vuelta de usted al seno de la patria.” Informa a la vez de las gestiones
realizadas en Venezuela por obtener el apoyo del presidente Falcón para el
movimiento de Capotillo. Repite la entrega del inventario de los Mil Pesos
($1,000.00) que había recibido en sus gestiones del presidente Guzmán
Blanco, como lo hizo en 1844 en la campana en Bani.
Después de la entrevista, nueve días transcurren Duarte recibe una carta
en la que el gobierno de la Restauración que preside José Antonio Salcedo
lo designa para una misión secreta ante el gobierno de Venezuela. En
principio rechaza por sus condiciones de salud, afirma que cualquier suma
que se le entregue gastara la mayor parte en su enfermedad. Se declara
incapacitado para desempeñar las funciones en el exterior. Había
recomendado la designación de Melitón Valverde como agente diplomático
en Venezuela. Sus dificultades no terminan, días después un ejemplar del
Diario de la Marina, periódico que se edita en Cuba, en un artículo expone
las divergencias que existen en el gobierno restaurador por su presencia en
el país.
La patria que había fundado le pone obstáculos para su permanencia en
ella, cerraba nueva vez los caminos para terminar su existencia en la nación
que lo había convertido en lucha, sufrimiento y sacrificio, siendo el que más
derecho tiene. Se inicia una conjura interpretada por el prócer, “no me
quieren aquí”. Acepta su designación como Ministro Plenipotenciario del

Gobierno de la Restauración, en Curazao se encuentra con Melitón
Valverde con la designación de Ministro Plenipotenciario, pero con poder
más amplio frente a los gobiernos de Venezuela, Perú y la Nueva granada.
Decepcionado se convence de que no lo querían su presencia en la patria
que, nueva vez se ofrece para combatir en los campos de batalla como el
más humilde soldado, pero rechazado por el liderazgo restaurador.
Los cambios políticos que se producen y la torpeza de Melitón Valverde
haciendo publico sus funciones en Venezuela, ponen en alerta la
representación diplomática de España que espiaba sus movimientos.
Duarte en una entrevista con el Presidente Desiderio Frías exponiéndole los
avances de la lucha restauradora, aunque se muestra convencido le
recomienda prudencia y discreción. La última gestión diplomática exitosa,
las visitas al agente consular de Perú logrando que el II Congreso
Interamericano de Lima adoptara medidas en favor de la lucha que libra la
República Dominicana.
Recibiendo correspondencia de los avances de la lucha revolucionaria
hasta la salida de los españoles en 1865, pero ya conoce las luchas intestina
y fratricidas entre el liderazgo restaurador y no regresaría al país en esa
situación. En ese momento, el 7 de marzo escribe la carta al Gobierno de la
Restauración donde le dice, “Mientras no se escarmiente a los traidores
como se debe, los buenos y verdaderos dominicanos serán siempre
victimas de sus maquinaciones; el gobierno debe mostrarse justo y enérgico
en la presente circunstancias o no tendremos patria y por consiguiente
libertad ni independencia nacional.”
Decidido a permanecer en Venezuela esperando mejores condiciones
para regresar, en 1875 ocupa la presidencia Ignacio María Gonzáles al año
siguiente es acusado por la Liga de la Paz de manejos raros e ineptitud en
su gobierno y obligado a renunciar. Había enviado una carta a Duarte
solicitando su regreso que nunca le quita el sello para abrirla, pierde la fe y
la esperanza de su amada patria; también el caso de Espaillat quien
renuncia a la presidencia. El 16 de julio de 1876 muere alejado de su patria.
38 años después de haber fundado la Trinitaria.

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