
El PLD 50 años después, rumbo al puerto de origen
Alfredo Cruz Polanco
El pasado viernes 15 de los corrientes el Partido de la Liberación Dominicana (PLD),
arribó a sus 50 años de su fundación, ocurrida el 15 de diciembre de 1973, bajo la
dirección del insigne escritor, educador y político vegano, profesor Juan Bosch Gaviño,
acompañado de un reducido número de personas. Durante este medio siglo de
existencia, sin apasionamiento, son muchos los aportes que esta organización política ha
hecho al sistema político y partidario de nuestro país.
En ese periodo, dicho partido ha dirigido el Estado dominicano por veinte años,
contribuyendo en gran medida con su crecimiento, el desarrollo y la estabilidad
económica y financiera, aunque en honor a la verdad, también hubo poco avance en
materia institucional.
El PLD debe volver a sus orígenes, esto es, al respeto de los valores y principios éticos
y morales, de los métodos de trabajo, a la capacitación, a la crítica y a la autocrítica, es
decir, a la disciplina interna, que tan buenos resultados en otrora le generaron a esta
importante organización política desde su fundación y al que Juan Bosch, Presidente
Advitan, lo definió como un “Partido único en América”.
Mientras permaneció en la oposición, antes de alcanzar el poder político, fue el partido
más organizado, participativo y combativo, reconocido hasta por sus propios
adversarios. Siempre se caracterizó por dicha disciplina, por la educación y capacitación
de sus miembros para que tomaran participación en cada uno de los temas de la agenda
nacional e internacional, aportando soluciones a los grandes problemas económicos,
políticos y sociales que afectaban al país; por su solidaridad internacional,
convirtiéndolo en uno de los partidos de mayor prestigio, no solo a nivel nacional, sino,
internacional.
Juan Bosch siempre se preocupó por la calidad de los militantes de su partido, porque
esta traería como consecuencia, la cantidad. Poco le importaba partir de cero, cuando
muchos abandonaban la organización por no poder cumplir con las exigencias que un
partido de esta categoría demandaba. No todo el que quería podía ser miembro de este
partido, ya que había que cumplir con una serie de responsabilidades, obligaciones y
tareas políticas que no todos estaban en capacidad ni en condiciones de cumplir.
La honestidad, capacidad, solidaridad y la vocación de servir a los demás, sobre todo, a
los más necesitados, eran las virtudes que Juan Bosch más exigía a sus militantes. Hoy
recordamos aquella frase lapidaria que siempre nos repetía: “A la política se viene a
servir, no a servirse de ella”.
Las posiciones internas del partido se obtenían por los méritos alcanzados; por las
virtudes y principios morales, por la capacidad y responsabilidad exhibidas en la
práctica. Con la transición de un partido de “cuadros” a un partido del sistema,
electorero, masificado, estas cualidades emblemáticas que siempre lo caracterizaron
desde su origen, ya han ido desapareciendo.
El PLD había logrado sembrar confianza y credibilidad en la sociedad por la coherencia,
y conducta exhibidas por su militancia, logrando ganarse el respeto, el prestigio por la
forma diferente de realizar las actividades políticas, siendo el pionero en movilizar las
grandes masas populares por distintos pueblos y barrios al mismo tiempo; por la
organización y limpieza de los espacios públicos al final de las actividades políticas,
causando un gran impacto en la ciudadanía.
En toda organización política, empresarial, religiosa, deportiva y social, pero sobre todo
la primera, debe primar la disciplina, el orden y la organización. Si estas son
abandonadas, la misma sufre un resquebrajamiento. Esto fue lo que le sucedió al PLD
desde que asumió el poder, pues toda esa impronta fue tirada por la borda.
Dicho partido, si quiere volver a gobernar debe volver al puerto de origen, es decir,
retomar los métodos, valores y principios que fueron la clave de sus éxitos; condenar la
impunidad, la permisividad y aplicar un régimen de consecuencia contra los actos
reñidos contra las leyes, la moral, el pudor y las buenas costumbres. Debe recuperar la
confianza y la credibilidad que en otrora se había ganado en la sociedad.



