
Reflexionando sobre las iglesias y la fe.
Por Venecia Joaquín
El ser humano tiene cuerpo y alma; el cuerpo es lo visible, lo material; el
alma, no se ve, es espiritual; se pone de manifiesto en los sentimientos,
comportamientos, actitudes y acciones de la gente. Para cuidar el cuerpo,
hay muchas empresas e instituciones, de corte económico, social, etc.…;
para atender el alma, han surgido congregaciones religiosas, lugares de
cultos: iglesias, santuarios, oratorios, ermitas, sinagogas, templos,
monasterios, mezquitas, etc.
La misión de las instituciones religiosas es, básicamente, la misma: cuidan
el alma, buscan paz espiritual, fomentan sanos valores, amor, igualdad,
etc. en la persona y la humanidad; lo sustentan en la fe. Aunque coinciden
en la esencia, tienen orígenes, ritos, reglamentos, vestimentas, figuras que
las diferencian: Dios, Jesús, Jehová, Alá, Buda, etc.; enarbolándolos,
despiertan esperanza, serenan el espíritu.
La fe, esa creencia no confirmada, es la herramienta utilizada para
inyectar dogmas, credos y abrir templos; en muchas personas, el amor y la
fe, surgen de manera espontánea, natural, en su diario vivir; otros los
estudian, aprenden y hacen una profesión sobre ellos, para con más
eficiencia, penetrar en la mente de las personas, guiarlas, ayudarlas; así
forman los sacerdotes, pastores, diáconos, etc. que se dedican a orientar
y orar, para cuidar el alma de la humanidad.
Indiscutiblemente, las instituciones religiosas son muy necesarias, para la
paz espiritual; deberían ser como hogares cálidos, con las puertas abiertas
todos los días, donde los feligreses lleguen a buscar paz, donde se
encuentren como familia, no solo para determinados eventos. Preocupa
que se perciban como negocios, que se dedican a cuidar almas, para ir al
cielo, razón por la que abren, por pocas horas y los parroquianos no
encuentren donde descargar sus penas e inquietudes. Ayudaría a los
eclesiásticos, formar pequeñas comunidades de parroquianos que le
ayuden, de manera voluntario, en algunas actividades; sabemos que se
sostienen, con subvenciones del gobierno, diezmos, con ayuda de la
comunidad.
Las creencias religiosas se pueden fomentar en soledad, en familia, en
grupo y en cualquier lugar; las ventajas de los templos es que todo el
escenario señala al Todopoderoso; hay orientadores espirituales;
aglutinan personas con los mismos sentimientos, que se apoyan, ayudan,
se sienten cómodos y comprendidos, como en familia. Creo en Dios, en
Jesus; pero suelo entrar en cualquier templo donde mencionen al
Todopoderoso, no importa como le llamen; busco esa fuerza sobrenatural,
oculta, capaz de escuchar, iluminar y conducir por el camino del bien.
Indiscutiblemente, las estructuras religiosas son necesarias para la salud
del alma, para despejar la mente, para la paz; con diferentes formas de
actuar, son fuentes de desahogo, serenan el espíritu; regidas por seres
humanos, tienen debilidades, pero debemos ayudarlos a ser celosos
guardianes de su misión; evitar contradicciones entre las palabras y los
hechos; que no se perciban como negocios que sobreviven, fomentando el
fanatismo, basados en la fe. Dios observa, deben ser fuentes de amor y
paz para la humanidad.



