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Opiniones

Entrando al abismo

La derecha avanza en forma inexorable en la mayor parte de los países del continente. En aquellas zonas donde grupos  de la vieja izquierda integrada al sistema obtuvieron el poder, han tenido que parar las reformas sociales que estaban incluidas en su programa de gobierno.

Se está dando un retorno a pasos agigantados en todo el continente, donde los experimentos de cambios sociales han zozobrado por las presiones de los grupos mediáticos. Todavía hay masas irredentas que temen a los cambios, aunque le favorezcan.

Es de reflexionar la situación política que se da en Argentina, donde el ultraderechista  Javier Milei venció en segunda ronda electoral al centroderechista Alberto Massa. En cualquier caso se navegaba hacia la derecha  más recalcitrante.

El peronismo ya perdió su esencia de ser el partido de los trabajadores y de la clase pobre, el que buscaba reivindicaciones sociales. El peronismo de hoy está lleno de errores políticos, actos de corrupción, lucha ciega por el poder, y divisiones que no pueden remendar.

Aunque para algunos teóricos de las ciencias políticas, hay ciclos en la relación de grupos sociales que asumen el poder, lo cierto es que la derecha nunca ha perdido el mando y a los partidos populares les ha sido difícil llegar al poder e imposible realizar transformaciones sociales.

De esa mezcolanza de la ultraderecha surgen los gobiernos dictatoriales. Los que proponen seguridad en la forma tradicional de vida, sin problemas sociales y con un desbordado progreso que solo favorece a una capa minúscula de la población. Un puñado de ricos, y una creciente población de pobres.

Las libertades perecen en los gobiernos de ultra derecha. Hay mayor escasez para conseguir el pan, unos pocos son los privilegiados, y el progreso se nutre de números y dólares, no de las manos hambrientas.

El capitalismo tiene que tener un rostro humano. Una premisa que ha sido imposible de ser realidad en países desarrollos, como los Estados Unidos, o las naciones europeas. El capital engulle al trabajador, y con la inteligencia artificial y la automatización los saca de mercado,

La ultraderecha no es el camino del progreso, no es la senda de las libertades. Cuando un país cambia su derrotero y se acerca al abismo, todos se deben ver en ese espejo. La esquizofrenia política de Chile puede embarrar a cualquier. Es hora de levantar las columnas de la libertad y la democracia. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

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