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OpinionesVoces Nacionales e Internacionales

El Carnaval, ¡qué pena!

Por Venecia Joaquin
He estado reflexionando sobre el carnaval; todo es máscaras, un ocultar el
rostro para desinhibirse, para soltar la verdadera personalidad o esencia
de la gente, y eso, no es agradable en ningún escenario. No logro captar
el encanto, lo positivo, que se desprende de disfrazarse, imitando diablos,
de golpear, chiflar, de bullas enloquecedoras, etc. ¿Fomentan negocios,
con antivalores? Me confunde ver organismos del Estado promoviéndolo y
muchas personalidades orgullosas de ser elegidas rey o reina de este.
Ninguna cosa o procedimiento, mediante el cual se desfigura algo, me
atrae; es simulación para ocultar lo que realmente eres y siente.
Pienso, que más que fiestas de carnaval, de disfraces, deberían promover
la fiesta de la autenticidad. Por ejemplo, en fechas fijas, como lo hacen
con el carnaval, se pueden organizar, planear excursiones al campo; para
que las familias, sin mascara, vayan con los hijos a observar cómo viven los
campesinos, a aprender el proceso de cultivar la tierra, de criar animales y
valoren más los productores.
Quizás el haber nacido en el campo, rodeada de árboles, animales, ríos,
cantar de las aves, saltando por doquier sin postura; tal vez, por haber
sido formada en un hogar donde mis padres enfatizaban valores morales y
cristianos, por encima de lo material, esto es, honestidad, sinceridad,
respeto, laboriosidad, etc.., quizás por eso siempre he vivido sin mascara;
concentrada en conocer el alma del individuo, sin detenerme en su
envoltura, en lo material.
El carnaval, asociado a disfraces, bulla, colorido, desinhibición, es una
catarsis multitudinaria, es un igualitarismo nacional, donde las máscaras
borran las diferencias sociales, de jerarquía, etc.., donde casi todo está
permitido y para que los participantes resguarden su identidad y
reputación, cubren el rostro con antifaces. Siento una profunda pena por
quienes tienen que disfrazarse para gozar de la vida.
Conocedora como soy de otras culturas, reconozco que, en todas ellas, el
carnaval tiene la misma misión: con habilidades y pinceladas
enloquecedoras, abren negocios por doquier. La clave es hacer una fiesta
de enmascarados, con música, bulla, bebidas, gritos, para ayudar a
desinhibirse y poder obtener jugosas ganancias. Ojalá lo planifiquen,

respetando la privacidad y tranquilidad de las familias del entorno, que no
comparten ese bullicio.
Pido a Dios, que algún día el Estado dominicano aleje el carnaval y sus
diablos cojuelos, de la cuaresma, de las actividades cristianas. Tienen
misiones diferentes: el carnaval busca el cuerpo y la cuaresma busca el
alma. Despierta sospecha que las fiestas con máscaras, de la carne, la
pongan a coincidir con lo espiritual; parecería que la meta fuera, competir
u obstaculizar el acercamiento a Dios, al Todopoderoso. Necesitamos la
cuaresma despejada, lejos del carnaval, para que la población,
serenamente, se dé un baño espiritual y los padres de familias, lleven sus
hijos a orar.

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