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Opiniones

El amor, esencia y clave de la paz.

Por Venecia Joaquin
He estado reflexionando sobre el amor; ha sido definido de muchas
formas; un diccionario dice que es un “sentimiento que experimenta una
persona hacia otra y se manifiesta en el deseo de su compañía y en el de
compartir sus alegrías y sufrimientos “. Bueno, diría que es un sentimiento
sin frontera, hermoso, relajante, fructífero, que se puede expresar en los
detalles más elementales y da alegría; es un baño al alma, que tiene el
mágico encanto de serenar el espíritu y volvernos generosos, pero no
hacia una persona sino hacia todas. Mueve a comprender, perdonar, a
buscar lo mejor del Yo interior, para entregárselo a la humanidad.
El amor es la esencia, la clave de la paz y debe estar en todas las actitudes
y acciones del diario vivir. Con el potencial del amor se nace; si se
desarrolla, surge un árbol frondoso, capaz de resistir todas las tormentas;
es un sentimiento tierno, desinteresado, pero que da fuerza; es tan
especial, que mueve a tenderle las manos a quienes te hieren, a los
infelices; no lo detiene las bofetadas de la vida. Es difícil ayudar a quienes
se resisten a recibir y expresar amor, pues tienen otras prioridades,
derivadas del orgullo, el poder, la ambición, lo material, ¡dan pena!, son
quienes más lo necesitan.
El amor no se vende; lo esgrimen, los seguros de sí, los desinteresado;
traspasa muros buscando el alma de los confundidos, para ayudarlos. Si
cada ser humano fumigara con amor su entorno, el mundo fuera un bello
jardín; no olvidemos que es la vía de acercarnos a Dios, de imitar su hijo,
Jesús. Lamentablemente, muchos orgullosos, se resisten a explotar el
potencial del amor, aunque se autodestruyan; suelen burlarse y mal
interpretar los que aman, los hieren sin piedad. Son tan infelices, que les
dan prioridad a otros sentimientos; no saben que la vida se desliza
suavemente, cuando la conduce el amor; olvidan que es una y Dios
observa.
Indiscutiblemente, el amor no es para expresarlo a una sola persona,
familia, es a todos los seres vivientes. Los dirigentes nacionales del sector
político, económico, social, cultural, religioso deben saber amar, para que
arropen la población, sin discriminación; no aman el pueblo, quienes lo
utilizan para alcanzar otros fines. Si los lideres, se unieran para sacar las

yerbas malas y regaran amor, la cosecha sería bienestar general, armonía,
tranquilidad, no guerra de intereses.
Duele ver padres de familias enseñando los hijos a almacenar cosas; a
amar lo material, el dinero, el poder, en lugar de educarlos para que vivan
tranquilos, compartiendo amor, donde quiera que se encuentren;
cooperando con sus ideas y acciones, en la formación de un mundo
donde reine la justicia, la paz, donde realmente sean útiles a la sociedad.
Indiscutiblemente, el amor serena el espíritu; enseña a ser feliz con pocas
cosas, a ayudar el prójimo, sin esperar nada a cambio; nos vuelve
generosos, comprensivos, mejor ser humano. Desempolvemos,
¡liberemos el amor!, para vivir en armonía con los demás, para alcanzar
unidad, progreso, paz; el amor debe ser el motor que mueva la
humanidad.

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