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AFERRADOS A LO IMPOSIBLE

Por Narciso Isa Conde
El aferramiento a la guerra, a la violencia y al terror de estado, es propio de la
decadencia de los grandes imperios. Es la historia de todos ellos: sustituyen su
real declive con la imagen de su otrora fortaleza y lo expresan en mayor
agresividad. Sus clases gobernantes siempre optan por el loco y violento afán
imperial de no ser desplazado.
Trump es un alto exponente de esa fantasía en el escenario de la era digital,
del imperio de la post verdad, desde un país donde el neofascismo suplanta su
viejo y deteriorado orden institucional.
Así, EEUU pierde cada vez más el apoyo mundial y tiende a convertirse en un
Súper Estado paria, aislado; que además entra en una crisis de pérdida de
apoyo interno con tendencia a la ingobernabilidad.
El tiempo de caída es impredecible, pero esa es su ruta. EEUU y aliados no
tienen forma de salir airoso como imperio de una cadena de guerras que viene
perdiendo y que en su demencia senil ha decidido reiterar en espacio mundial
desfavorable. Por eso, ante cada revés, Trump se la pasa haciendo trucos y
dando informaciones falsas.
En EEUU el neofascismo ha ganado demasiado terreno en los bandos políticos
tradicionales y en el mundo la transición hacia la multipolaridad todavía no
cuenta con normas ni reglas de juego claras. El nuevo orden mundial no se ha
podido conformar e institucionalizar en medio de una accidentada transición
inconclusa. Ese desafío sigue pendiente.
Ahora todo depende de la correlación en el terreno político civil y en lo militar,
procurando en lo posible impedir la gran catástrofe termonuclear que ya
amenaza. En ese delicado y crucial problema, China y Rusia tienen un gran
reto, dado su gran poderío militar nuclear: el reto de asumirlo como un eficaz
medio de disuasión frente a EEUU y un recurso a favor de la paz mundial.
La verdad es que los BRIC y las fuerzas diferenciadas de un sistema
imperialista occidental en acelerada decadencia y descomposición, van
tomando cuerpo y energías para constituirse en una compleja diversidad que
posibilite establecer un nuevo orden mundial, cuyas normativas no están
prefiguradas ni serán definitiva, en tanto la dialéctica contradictoria capitalismo-
socialismo seguirá pendiente de solución en ese nuevo escenario.
En un periodo tan trascendente, nuestro país sigue atado a lo peor y podría
por ello sufrir graves consecuencias. Es un deber de nación y de pueblo
oprimido desatarnos de ese yugo y asumir resueltamente nuestra
autodeterminación como país y como sociedad.

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