
¿De qué sirve tener propiedades si dejamos problemas a la familia?
Por Lic. César Fragoso. Asesor Inmobiliario y de Familias.
Durante casi cuatro décadas dedicado a los bienes raíces en la República Dominicana, he orientado a numerosas personas sobre la importancia de adquirir una vivienda, invertir en propiedades y construir un patrimonio familiar. Sin embargo, hoy considero necesario llamar la atención sobre una responsabilidad que muchas familias todavía no han incorporado a su planificación económica y patrimonial.
Los dominicanos somos capaces de realizar grandes sacrificios para comprar una vivienda, adquirir un solar o construir apartamentos. Nos preocupamos por los títulos, la ubicación, el financiamiento y las perspectivas del mercado. Pero pocas veces nos preguntamos si hemos demostrado ese mismo interés por resolver anticipadamente otras necesidades que también pueden afectar la estabilidad de nuestra familia.
Durante muchos años repetí en mi programa de televisión País al Día una expresión que forma parte de mi mensaje sobre la vivienda: «Con cualquier cosa se viste y todo en la vida pasa, pero la cosa más triste es llegar a viejo y sin casa». Esa reflexión continúa teniendo vigencia, aunque hoy entiendo que la tranquilidad familiar requiere una visión más amplia que la adquisición de una vivienda.
Una familia puede tener casa, vehículos, negocios, cuentas bancarias y numerosas propiedades, y aun así encontrarse desprevenida ante una situación inesperada. No necesariamente por falta de recursos económicos, sino porque existen decisiones que acostumbramos a posponer, creyendo equivocadamente que siempre tendremos tiempo para resolverlas.
Me refiero a la planificación anticipada de los servicios funerarios y a la adquisición de espacios en parques cementerios. Es un tema del que muchas personas prefieren no hablar, como si evitar la conversación pudiera impedir que algún día tengamos que enfrentarlo. Sin embargo, la realidad demuestra que ninguna familia está exenta de estas necesidades.
Nadie sabe quién partirá primero. No existe un orden establecido por edades, generaciones, condiciones económicas o responsabilidades familiares. Por eso, cuando hablamos de pre-necesidad, no estamos preparando exclusivamente el futuro de una persona determinada. Estamos organizando una solución que puede beneficiar a cualquier integrante de la familia cuando las circunstancias lo requieran.
En el mundo inmobiliario recomendamos investigar, comparar y evaluar antes de tomar decisiones importantes. Nadie debería comprar un apartamento sin conocer sus características, revisar su documentación y estudiar sus condiciones económicas. Entonces, ¿por qué aceptar que una decisión relacionada con el bienestar familiar tenga que tomarse apresuradamente, en medio de una situación emocionalmente difícil?
Precisamente ahí radica una de las principales ventajas de la pre-necesidad. Permite conocer anticipadamente las opciones disponibles, seleccionar los servicios apropiados, estudiar las facilidades de pago y organizar las obligaciones económicas. No elimina las situaciones dolorosas de la vida, pero puede evitar que a ellas se agreguen dificultades financieras e improvisaciones innecesarias.
Existe, además, un aspecto que merece especial atención desde el punto de vista inmobiliario. Las parcelas ubicadas en parques cementerios representan una modalidad particular de propiedad o derecho de uso, según las condiciones jurídicas del proyecto. Su valor puede relacionarse con la ubicación, la infraestructura, la disponibilidad de espacios y la demanda, por lo que también merecen ser evaluadas desde una perspectiva patrimonial.
En Jardín Memorial hemos conocido referencias de parcelas que inicialmente se comercializaban alrededor de RD$60,000 y que posteriormente alcanzaron precios anunciados cercanos a RD$350,000. Esta evolución merece atención, aunque no garantiza futuras valorizaciones ni significa que todos los propietarios puedan vender a esos precios. Como cualquier inversión, requiere estudiar el mercado, los derechos adquiridos y las posibilidades reales de comercialización.
Pero existe una contradicción que debemos examinar. Muchas personas consideran razonable financiar durante años un vehículo que pierde valor con el uso, mientras rechazan siquiera conocer las condiciones de un plan destinado a resolver una necesidad familiar futura. No significa que ambas decisiones sean equivalentes, sino que debemos preguntarnos si estamos estableciendo correctamente nuestras prioridades.
También escuchamos expresiones como «mis hijos resolverán», «eso no es para ahora» o «cuando llegue el momento veremos qué hacemos». Son respuestas comprensibles, pero merecen una reflexión. Nuestros hijos tienen sus propios compromisos y responsabilidades. ¿Es justo trasladarles decisiones que podemos organizar anticipadamente? Y si fueran ellos quienes necesitaran primero esos servicios, ¿no sería igualmente conveniente estar preparados?
La planificación familiar no debe interpretarse como pesimismo. Ahorramos porque desconocemos los gastos del mañana, contratamos seguros porque reconocemos riesgos y adquirimos viviendas porque buscamos estabilidad. Bajo esa misma lógica, la pre-necesidad merece ser considerada como parte de una cultura de previsión, organización económica y responsabilidad con nuestros seres queridos.
Memorial ofrece alternativas de parcelas en parque cementerio y servicios funerarios mediante planes de adquisición anticipada y facilidades de pago. Su importancia no debería limitarse al precio de una parcela o al costo de un servicio, sino a la oportunidad de organizar una solución familiar. Naturalmente, cada propuesta debe evaluarse considerando sus condiciones contractuales, cobertura, costos totales y posibilidades económicas.
Proteger a la familia no significa pensar constantemente en la muerte, sino ocuparse responsablemente de la vida. La pre-necesidad no debe promoverse mediante el miedo ni suponiendo quién necesitará primero determinados servicios. Su verdadero propósito consiste en facilitar decisiones conscientes, tomadas con serenidad y pensando en el bienestar colectivo. Ese es el sentido que encuentro en la expresión «Homenaje a la vida».
He llegado a una reflexión que deseo compartir: «Todo en la vida pasa y nadie sabe qué vendrá, pero la familia que se prepara, más tranquila vivirá». Por eso pregunto: ¿de qué sirve acumular propiedades si dejamos sin resolver necesidades que pueden afectar a nuestros seres queridos? ¿Estamos verdaderamente preparados o simplemente confiamos en que otros resolverán? Los invito a reflexionar y compartir sus comentarios y opiniones. Quizás una conversación que hoy evitamos pueda convertirse en una de las decisiones más responsables que tomemos por nuestra familia.



